17 de November de 2014 21:03

Shirin Ebadi: ‘La falta de trabajo, salud o acceso al agua son amenazas para la paz’

Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz 2003, promueve la cátedra Unesco de Cultura y Educación para la Paz en la Universidad Politécnica Particular de Loja (UPTL). Foto: María Isabel Valarezo/ EL COMERCIO

Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz 2003, promueve la cátedra Unesco de Cultura y Educación para la Paz en la Universidad Politécnica Particular de Loja (UPTL). Foto: María Isabel Valarezo/ EL COMERCIO

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Andrés Jaramillo

La premio Nobel de la Paz (2003) se levanta del sillón para demostrar lo que para ella significan las derrotas: cuando uno tiene que saltar de un sitio a otro, dice a través de su traductora y señalando con el dedo el piso, da un paso atrás. Sirve para tomar impulso y llegar más lejos. Es la filosofía que ha marcado la vida de Shirin Ebadi.

La iraní llegó por segunda vez al Ecuador para inaugurar la cátedra Unesco de Cultura y Educación para la Paz en la Universidad Técnica Particular de Loja. Y habló con este Diario sobre cómo debe entenderse la paz en este siglo.

¿Qué importancia tiene abordar la paz desde la academia?

La paz no es como un diplomado en donde te dicen qué es lo que tienes que hacer y te entregan un certificado. Las personas que pueden crear la paz son las que en verdad les nace de corazón y creen. Eso se cultiva desde el sistema educativo. No en la universidad, sino desde mucho antes.

¿Cómo aterrizar ese concepto de la paz idílico o incluso literario, a la práctica cotidiana?

En el siglo pasado, la paz tenía que ver con la no existencia de la guerra. Pero en el siglo actual debemos buscar una nueva definición. La paz quiere decir tranquilidad, dignidad de ser humano. Da igual si alguien muere por la bala de un enemigo, por no haber sido vacunado o por no tener acceso al agua potable. El no tener trabajo o un techo donde dormir son serias amenazas a la paz.

¿Cómo fomentar la paz, en medio de un entorno violento que caracteriza a la sociedad actual?

La educación. Tenemos que enseñar a los jóvenes cómo tratar la ira. Hay evidentemente problemas en todas partes del mundo. Por ejemplo el tráfico, que explota la cabeza y acaba la paciencia y también la falta de empleo. Pero eso no me da derecho de ir a la casa y pegar a la mujer o a tomar alcohol y buscar pelea en un bar. Son cosas que se pueden enfrentar a través de la educación.

En la India se acaba de aprobar la práctica de yoga como política de Estado, para tener mayor armonía.

Practicar yoga bajo la fuerza o porque lo pide el Gobierno no va a dar los resultados esperados. Pero sí hay salidas. Los colegios deben tener asesores especiales para tratar el tema, más allá de los contenidos formales. La vida es un conjunto de cosas buenas y malas. Es ingenuo pensar que nada malo le tiene que pasar a uno.

¿Cómo afrontar esos momentos malos?

Dándonos cuenta de las cosas buenas que tenemos, que son muchas. El poder ver no es poca cosa o el poder andar o escuchar. Hay que enseñar a los jóvenes eso y que cada derrota puede ser la antesala para una victoria en tu vida. Mis mayores victorias precisamente han resultado de las derrotas.

¿Qué derrotas tuvo que enfrentar en su país, para convertirse en la defensora de derechos que es hoy?

Yo fui jueza. Me encantaba la profesión y era buena en mi trabajo, por eso me fue fácil progresar. En 1979 hubo la revolución (islámica) y me dijeron: como eres mujer no puedes ser más jueza. Oficialmente me hicieron la secretaria del juzgado donde yo antes era jefa.

¿Qué hizo entonces?

No acepté. Salí del juzgado, perdí el trabajo que me apasionaba. Empecé a trabajar, a escribir libros. 14 en total y unos tan importantes que los tradujeron después al inglés, con apoyo de las Naciones Unidas. Luego fundé una ONG y monté un bufete de abogados y eso hizo que tuviera fama internacional. En el 2003 me dieron el Premio Nobel de la Paz.

¿Si no la hubiesen removido de ese puesto tampoco hubiera empezado esa cruzada para ayudar jurídicamente a los presos políticos de su país?

Aún existe un gran número de políticos presos en las cárceles de Irán. El expresidente Seyyed Mohammad Jatamí, por ejemplo, era muy buen presidente y desde el 2010 le han prohibido la salida del país. En 2009, durante las elecciones presidenciales, el Gobierno anunció los resultados antes de que se termine el conteo de votos. La gente protestó en las calles por el fraude y hubo 150 muertos. Otros fueron detenidos y siguen presos.

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