30 de octubre de 2014 08:40

¿En qué difiere el sexo de la intimidad?

Las relaciones del pasado pueden ser una barrera para una conexión íntima. Foto: morguefile.com

Las relaciones del pasado pueden ser una barrera para una conexión íntima. Foto: Archivo

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Laura de Jarrín
Editora revista FAMILIA

Aparentemente existen muchas opiniones conflictivas sobre el papel que juega el sexo y la intimidad dentro de una relación (y también fuera de ella). Es difícil llegar al fondo de este problema porque ninguna pareja tiene exactamente la misma idea en relación al sexo.

En un escenario tradicional, el sexo llega como un compromiso a largo plazo o un matrimonio, lo que se asociaría con la actitud de la pareja al tener una conexión íntima y generalmente con deseo de procrear. Sin embargo, en una sociedad cuya promiscuidad aumenta cada vez más, la conexión entre el sexo y la intimidad puede ser muy tenue.

El sexo sin amor

“La intimidad está en el corazón de una unión fuerte y se relaciona con el amor profundo hacia alguien y el sentirse totalmente libre en presencia de esa persona. Es un estado emocional que a menudo se reserva solo para un ser especial.

Idealmente, el sexo dentro de una relación amorosa debería ser la personificación física de la intimidad. Debería venir desde un espacio del amor y la conexión. Dentro de la relación ambos están unidos indisolublemente: la intimidad construye el sexo y el sexo construye la intimidad”, señala el doctor Jonathan Lenbuck de la Asociación de consultores de relaciones amorosas de Sydney, Australia.

Sin embargo, según Lenbuck, el sexo también es únicamente un acto físico. Dentro de una relación, es el acto más íntimo pero puede también serlo sin consentimiento, pagado o un mero intercambio físico.

Un encuentro de una sola noche es un ejemplo perfecto del sexo, sin que exista una relación íntima. Tanto los hombres como las mujeres pueden disfrutar del encuentro sexual de una noche, pero se convierte en un acto físico y no en un acto amoroso.

Por otro lado, se pudiera argumentar que no existe nada más íntimo que la vulnerabilidad al ofrecerse a alguien a través del acto sexual físico y, de esta manera, conectar las dos cosas nuevamente, incluso cuando se trata de un encuentro sexual único.

¿Sexo o hacer el amor?

Es en este punto en el que la gente a menudo separa los términos ‘sexo’ y ‘hacer el amor’. El sexo es sin duda un acto físico básico y, por lo tanto, se pudiera argumentar que puede realizarse sin que haya intimidad. Sin embargo, hacer el amor infiere que hay intimidad y un grado de conexión asociado con el acto físico.

“Pero hay muchas situaciones en las que las parejas tienen intimidad entre ellas sin tener sexo. Para algunos, los problemas médicos pueden interferir en un acto sexual y, a pesar de que esto suprime una parte importante de la relación, no impide que la pareja mantenga una conexión amorosa, satisfactoria e íntima.

La intimidad puede ser cultivada de varias maneras, por ejemplo pasar momentos maravillosos juntos, disfrutar del contacto físico no sexual o compartir intereses y escucharse mutuamente.

El sexo es tan solo una de las formas en las que la gente da y recibe amor, de manera que si bien es muy importante, no es la única manera de desarrollar o expresar intimidad”, señala Lenbuck.

Tener intimidad con la pareja requiere abrirse y ser honestos uno con el otro, y es este comienzo lo que lleva a un estado de intimidad que permite el crecimiento de una sexualidad fantástica. Esto a veces puede ser un obstáculo en la unión de la pareja.

Las relaciones del pasado, las heridas de la infancia y otros conflictos emocionales pueden ser una barrera para estas conexiones. En estas circunstancias, la consejería matrimonial puede ser de mucha ayuda, no solo resolverá los problemas sino que llevará a una relación más profunda e íntima y, por supuesto, a un fabuloso encuentro sexual.

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