18 de octubre de 2016 00:00

Semillas andinas se guardan en un banco local

Los comuneros de Bishud, en Chimborazo, crearon Corpo Purawa para almacenar semillas de productos como el chocho, que pueda servir en tiempos difíciles. Foto: Glenda Giacometti/EL COMERCIO

Los comuneros de Bishud, en Chimborazo, crearon Corpo Purawa para almacenar semillas de productos como el chocho, que pueda servir en tiempos difíciles. Foto: Glenda Giacometti/EL COMERCIO

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Cristina Márquez
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

La organización y la responsabilidad son las cualidades que definen a los 62 socios que forman parte de la Corporación de productores de leguminosas y granos andinos, Corpo Puruwa. Ellos encontraron en la asociatividad una oportunidad de emprendimiento y respaldo mutuo.

Esta agrupación está integrada por campesinos de cuatro comunidades indígenas de Colta y Guamote, dos cantones del sur de Chimborazo. Se dedican a seleccionar los mejores granos de sus cosechas de quinua, cebada y chochos, para luego almacenarlos en un banco local de semillas.

El propósito es asegurar que las nuevas cosechas sean de alto rendimiento y evitar pérdidas de semillas por las heladas o plagas. “Es una forma de respaldar los ingresos económicos que recibiremos por nuestras cosechas en el próximo ciclo. Antes, si se perdían los cultivos también perdíamos las semillas y no podíamos volver a cultivar hasta comprar otras”, dice el coordinador Julio Bravo.

El banco de semillas, que se denominó Mushuk Pakari, término kichwa que significa semilla nueva, está instalado en la comunidad Bishud, a unos 30 minutos de Guamote, en el desierto de Palmira. Cada socio efectúa depósitos de semillas después de cada cosecha.

Pero el respaldo de las semillas de leguminosas y cereales no es el único propósito del banco; también surgió un emprendimiento. La organización comercializa semillas certificadas que se distribuyen en comunidades de Alausí, Colta, Guano y Guamote.

“Nuestras semillas son de alta calidad y son tratadas desde la siembra. Somos minuciosos en el cuidado de nuestras parcelas porque sabemos que hasta el más mínimo detalle es trascendente para el resultado final”, afirma Bravo.

El ciclo se inicia con la selección de semillas. Los hombres, mujeres y niños de cada familia se reúnen para escoger los granos gruesos y de mejor apariencia. Este proceso es manual y les toma al menos dos días de trabajo arduo.

Luego, se realiza la siembra en terrenos que previamente son tratados y abonados. “Producir semillas es mucho más difícil que sembrar productos convencionales. Nos esforzamos e invertimos más en nuestras parcelas, pero también ganamos más”, cuenta Vicencio Daquilema, uno de los socios.

Cada quintal de semillas seleccionadas se vende por al menos USD 150, mientras que en los mercados los productos convencionales pueden costar entre USD 70 y 75. El chocho es el producto más cultivado debido a la gran demanda local.

Los socios de Corpo Puruwa destinaron 200 hectáreas para la siembra de esta leguminosa, que está en auge en los mercados locales. Este producto tiene un significado especial para los productores porque su siembra motivó la creación de la organización en el 2008.

Ese año, un grupo de técnicos del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias visitó la comunidad para promover la siembra de granos andinos y leguminosas. El proyecto fue financiado por la Fundación Norteamericana M’ Knight.

“La capacitación duró 30 minutos y asistieron líderes de 12 comunidades. Nos motivó tanto que los líderes de cuatro comunidades nos asociamos”, recuerda Bravo.

El Iniap les entregó seis kilogramos de semillas de chochos, de la variedad 450, un tipo conocido como el chocho andino. Tras varios meses de capacitaciones y asesoría del Ministerio de Agricultura y Ganadería se efectuaron las primeras cosechas.

También, apostaron por la quinua orgánica de variedad tunkahuan, y por la cebada de la variedad scarlet. Se sembraron 20 y seis hectáreas de esos productos, respectivamente.

“Nuestra vida cambió desde que estamos asociados. Antes, cuando cada uno vendía por su cuenta los intermediarios nos pagaban precios sumamente bajos en el mercado”, dice Espíritu Marcatoma.

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