17 de septiembre de 2017 00:00

La segunda misión francesa, iniciativa de García Moreno

Telescopio del observatorio astronómico de Quito, fundado en 1873. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Telescopio del observatorio astronómico de Quito, fundado en 1873. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Alfonso Ortiz Crespo* (O)

Con frecuencia, la pasión política ha llevado en el Ecuador a desconocer los méritos objetivos de los presidentes, y aquel a quien con mayor pasión se juzga y menos se conoce es Gabriel García Moreno. Generalmente se olvida que, además de ser abogado, tuvo una excelente formación científica y siempre mostró, incluso en el ejercicio del gobierno, un gran amor por la ciencia. Sin lugar a dudas, es el presidente del Ecuador de mejor formación científica y, tal vez, el que más ha hecho por ella.

Entre los gobernantes ha habido tres médicos (Isidro Ayora, Aurelio Mosquera Narváez, Alfredo Palacio), dos ingenieros (Federico Páez y León Febres Cordero), un arquitecto (Sixto Durán Ballén), algún economista (Rafael Correa) y muchos abogados y militares. Pero nadie como García Moreno, pues estudió Química, Física, Matemáticas, Geología y otras ciencias de manera profesional, incluyendo estudios superiores en Francia.

Siendo adolescente, se trasladó de su natal Guayaquil a estudiar a Quito bajo la dirección del Dr. Buenaventura Proaño. Tras perfeccionarse en Humanidades, obtuvo una beca del gobierno de Vicente Rocafuerte para estudiar Matemáticas y Ciencias Naturales, a cambio de enseñar Gramática a quienes iniciaban sus estudios de colegio. Se graduó de doctor en Jurisprudencia a los veintitrés años y de abogado cuatro años más tarde. En 1844, cuando el ingeniero lorenés Sebastián Wisse abrió sus clases en el colegio de San Buenaventura, se matriculó y se dedicó durante un año al estudio de las Matemáticas superiores bajo su dirección (Gaceta del Ecuador N° 544, 9.06.1844), acompañando al maestro en diversas exploraciones, como al cráter del Pichincha y al Sangay (Pérez Pimentel, Rodolfo, Diccionario Biográfico del Ecuador: Sebastián Wisse).

En 1849 viajó a Europa y realizó observaciones y cursos cortos. En 1855, desterrado por el presidente José María Urbina, volvió a Francia y se dedicó a estudiar en el Conservatoire National des Arts et Métiers bajo la tutela del sabio Jean Baptiste Boussingault, quien conocía el Ecuador y había colaborado con Simón Bolívar. García Moreno estudió Geología, haciendo tan rápidos progresos que fue aceptado en la Sociedad Geológica de Francia; estudió también Química y se perfeccionó en Matemáticas Superiores. Además era un lector voraz en varias lenguas; hablaba francés, inglés, italiano y alemán, como lo comprobaron los jesuitas, a los que después trajo a Quito para fundar la Politécnica, pues a cada uno les hablaba en su idioma.

Al llegar al poder, García Moreno tenía muchos proyectos para reorganizar al país sumido en el desorden. Entre los más importantes, estaban los de la reforma del sistema educativo y la ampliación de su cobertura, así como las obras públicas: carreteras, ferrocarriles y nueva infraestructura edilicia para la administración, para la enseñanza, de equipamiento urbano, etc. Para enfrentar estas tareas se vio obligado a contratar técnicos fuera del país, preferentemente en Europa. Uno de los primeros enrolados en París en 1861 será su antiguo maestro Sebastián Wisse, quien, como ingeniero en jefe del Estado, se contraerá con su acostumbrado celo a la construcción de un camino carretero entre la capital y Guayaquil, objeto primordial con que se le contrata (El Nacional N° 58, 6.06.1861).

En cuanto a la educación superior, esta debía esperar hasta que las reformas en el sistema educativo inicial y secundario dieran sus frutos, pues era necesario primero formar bachilleres con suficientes bases científicas, amor al trabajo y al estudio, para que luego optaran por carreras técnicas y científicas. García Moreno consideraba que un observatorio astronómico en Quito haría grandes contribuciones a la ciencia y que era necesario rectificar las medidas geodésicas de la misión de la Academia de Ciencias de París que llegó en 1736. En carta de 22 de junio de 1861 al Dr. Antonio Flores Jijón, ministro del Ecuador en Francia, le decía:

Quiero establecer bajo la línea equinoccial un observatorio astronómico y meteorológico, establecimiento que hará grandes servicios a la ciencia, pues ninguno existe a cero de latitud. Pero para esto es necesario asociar al Gobierno francés, tanto para la estabilidad y conservación del Observatorio como para su creación. Ofrezco por mi parte hacer el gasto necesario de terreno y edificio, costear la mitad de los sueldos de los empleados y de los gastos de conservación; y pido que el Gobierno francés costee la otra mitad, y además proporcione todos los instrumentos necesarios […] además los sabios que vengan, pueden ocuparse también mientras se construya el edificio, en verificar las inexactas operaciones de los Académicos Lacondamine, Bouguer y Godin, operaciones que la Academia desea rectificar. (Pólit Lasso, Manuel María, Escritos y discursos de Gabriel García Moreno, 1923).

El presidente recomendaba que buscara a sus antiguos profesores, miembros de la Academia de Ciencias, para que impulsaran el proyecto en la corte imperial, el cual, finalmente, no fue aprobado. En 1872 García Moreno decidió que el país afrontaría solo la titánica tarea de construir un observatorio astronómico a cerca de tres mil metros de altura, al cual dotaría de los mejores equipos. En cuanto a la revisión de las medidas de los geodésicos, en el mensaje presidencial dirigido al Congreso nacional en 1871, hablaba de la necesaria […] verificación de la medida, a mi juicio poco exacta, que, del arco del meridiano comprendido entre el Chota y Tarqui, hicieron en el siglo XVIII los Académicos franceses y los marinos españoles; pero esta operación interesante que servirá para corregir los errores introducidos en todos los cálculos que toman por base la circunferencia de la tierra y la longitud del radio terrestre, será precedido por la nivelación desde la orilla del Océano hasta la plaza de la Capital, lo cual se facilitará mucho con los nuevos caminos que se abran a la Costa. Ambas operaciones introducirán mayor exactitud en los datos científicos; y los gastos que el Ecuador haga en llevarlas a cabo, serán más que retribuidos por la utilidad y la honra que darán a la República.

Solamente treinta años después, esto es, en 1901, llegó al Ecuador una nueva misión francesa, esta vez compuesta por miembros del ejército galo. Tenía como jefe al comandante Bourgeois, y entre sus miembros al astrónomo Françoise Gonnessiat y al médico ayudante Dr. Paul Rivet. Las nuevas medidas dieron razón a García Moreno.

* Arquitecto e historiador

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