29 de agosto de 2016 00:00

Sebastián Cordero lleva al cine una idea de Andrés Crespo

Sebastián Cordero (izq.) dirigió el filme donde el actor Andrés Crespo (centro)  interpretó al abogado Lisandro Terán. Foto: Cortesía Sin Muertos No Hay Carnaval.

Sebastián Cordero (izq.) dirigió el filme donde el actor Andrés Crespo (centro) interpretó al abogado Lisandro Terán. Foto: Cortesía Sin Muertos No Hay Carnaval.

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Fernando Criollo

El hábito por la lectura que le inculcó su madre desde niño llevó a Andrés Crespo a enrolarse “accidentalmente” en el audiovisual, un oficio en el que ha ido explorando y desarrollando habilidades en la escritura, la dirección y la actuación.

Este año, ‘Sin muertos no hay carnaval’ se suma a su hoja de vida como un proyecto en el que participa como actor y coguionista, junto al director Sebastián Cordero. La cinta se estrena el próximo viernes 2 de septiembre de 2016, en las salas de cine del país.

La cinta sigue la historia de Lisandro Terán, el líder de un asentamiento ilegal y un hombre que persigue el lucro personal, valiéndose de la necesidad de un grupo de familias que luchan por un espacio donde construir sus hogares, pero que también busca sacar provecho de los dueños originales de las tierras, que quieren recuperar la propiedad para iniciar sus propios proyectos.

La idea surgió de casos como el de Carlos Castro Torres, dirigente comunitario que, a mediados de los 80, lideró la toma de los terrenos de lo que ahora es Bastión Popular, en un proceso de lucha social por el derecho a una vivienda digna, pero también de constantes abusos de poder, según los creadores de la película.

Una realidad, dice Crespo, que sigue latente en Guayaquil, así como en otras ciudades del país, donde los asentamientos informales son parte del acelerado crecimiento urbano, la migración del campo a la ciudad, la falta de empleo y la extrema pobreza.

Pero este contexto es solo una pieza más en un retrato más amplio, que se construye alrededor de la lucha de poderes económicos y sociales. “Como espectador y una persona interesada en la vida ajena”, Crespo profundizó en el tema hasta configurar una historia más universal, planteada como un drama social, pues no era su interés trabajar directa y exclusivamente sobre este asunto ni exponer una postura personal al respecto.

Al inicio intentó embarcarse en la dirección de la película, pero se dio cuenta de que sería una empresa demasiado ambiciosa como para una ópera prima, donde escenas con estadios de fútbol llenos, grandes colectivos protagonizando revueltas sociales y un amplio contingente de seguridad intentando mantener el control demandaban más experiencia en la producción.

Pensó en otras opciones y en el 2010, cuando terminaba de rodar ‘Pescador’, le entregó el guión a Sebastián Cordero, con quien inició un diálogo creativo en el que la idea fue madurando tanto como el interés del reconocido cineasta por dirigir la cinta.

Para el actor, Cordero es un artista cuya mayor virtud es saber captar la esencia de cada proyecto para darle su propia identidad. Sitúa como referencia a las cintas ‘Pescador’ y ‘Europa Report’, dos proyectos -temática y estéticamente- opuestos, pero que ilustran a la perfección la versatilidad del director ecuatoriano.

Siempre fue consciente de que la historia habría de transformarse en manos de Cordero y admite que en el proceso de producción hubo cambios profundos respecto de la primera versión del guión. Sin embargo, explica que más allá del acierto o error de esos cambios, asumió el proceso como una etapa más en su aprendizaje y que será rentabilizada en el momento en que se decida a dirigir su propia película. Ahora mismo, ya va por la cuarta versión de un filme titulado ‘El estero’, sobre la lucha de un guayaquileño por recuperar algo que ha perdido.

“Como espectador y coescritor siento que se logró un acertado retrato de Guayaquil”, dice Crespo sobre las atmósferas de tensión y los abismos sociales y económicos que se reflejan a través de unos personajes tan cercanos a la realidad, de los que no deja de sorprenderle “la viveza criolla y la codicia interminable de la que somos capaces”.

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