13 de diciembre de 2016 21:25

Sara Ñusta promueve la música puruhá

El nombre de Sara Ñusta significa Reina del Maíz, y lo escogieron como un homenaje a las chicas de su comunidad.

El nombre de Sara Ñusta significa Reina del Maíz, y lo escogieron como un homenaje a las chicas de su comunidad. Foto: Cortesía Sara Ñusta

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Cristina Márquez
Redactora
(F - Contenido Intercultural)

La fusión de los instrumentos andinos originarios de Ecuador y Perú caracteriza a la agrupación Sara Ñusta. Este grupo, de cinco músicos indígenas, ha grabado cinco discos que contienen más de 80 canciones inéditas.

Los músicos utilizan un poncho rojo, pantalón blanco, alpargatas y en ocasiones incluso visten un zamarro hecho con piel de llama. Ese es el traje de la cultura Puruhá, y parte del atractivo con el que ganaron la aceptación del público en escenarios internacionales.

Cuando su música suena en los parques, plazas y sitios turísticos de Estados Unidos y España, cuentan que decenas de espectadores se congregan para escucharlos cantar en kichwa. “Nunca imaginamos que nuestra música pegaría tan fuerte en el extranjero. La gente nos pide fotos y nos graba”, cuenta Joaquín Tenelema, director de la agrupación.

El grupo decidió difundir su música en Estados Unidos en 1998, casi dos décadas después de su fundación. Los rumores que en esa época se escuchaban sobre el éxito de otros grupos ecuatorianos en ese país los motivó a migrar. “Queríamos triunfar, éramos jóvenes y no pensábamos en nada más”, cuenta Tenelema. Él también es el vocalista y toca los instrumentos de viento. Arturo Cuenca toca el piano y los instrumentos de cuerdas, Iván Jácome toca el arpa, y Patricio Quishpe toca el violín y los instrumentos de viento.

Los cinco se unieron en los 80. Cuando el entonces obispo Leonidas Proaño los incentivó a promover sus talentos y cantar sobre la situación de las comunidades indígenas, como una forma de protesta.

Sus primeras canciones relataban la historia de la conquista, la situación laboral injusta en las haciendas y la violencia
de la que eran víctimas las mujeres indígenas. La acogida que tuvo su música los incentivó a viajar, concursar en festivales y grabar su primer disco. “Nos sorprendimos cuando de pronto escuchamos nuestra música en las radios. Ahí supimos que el arte era lo nuestro”, cuenta Patricio Quishpe.

El segundo disco que grabaron contaba las anécdotas que los integrantes vivían en sus comunidades. Su relación con las chicas, la migración de los campos a las ciudades, las fiestas en las comunidades y otras vivencias cotidianas.

Actualmente, los integrantes están dispersos. Unos viajan por Estados Unidos y otros están en Perú. Pero cada Carnaval retornan a Licto, su comunidad natal, a 30 minutos de Riobamba, para compartir su música. “Cuando nos reunimos nos dedicamos a los conciertos y a los ensayos. Ahí es cuando nacen las nuevas canciones”, cuenta Iván Jácome.

La última canción que produjeron se llama Shamupashun,
y es parte de su álbum ‘Los reyes del Carnaval’, una compilación de 21 canciones típicas de esa fiesta sagrada andina.

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