24 de octubre de 2015 00:00

El tsáchila muestra su cultura ancestral

El árbol Tolón Pelé tiene 62 metros de altura y fue sembrado por los primeros tsáchilas que habitaron ese sector. Foto: Juan Carlos Pérez/ EL COMERCIO.

El árbol Tolón Pelé tiene 62 metros de altura y fue sembrado por los primeros tsáchilas que habitaron ese sector. Foto: Juan Carlos Pérez/ EL COMERCIO.

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María Victoria Espinosa
Redactora
(F- Contenido Intercultural)

El bosque y las costumbres de los tsáchilas, ubicados en Santo Domingo, han despertado el interés de los turistas nacionales y extranjeros. Cada año, la comuna Chigüilpe, que se encuentra en el kilómetro 7 de la vía a Quevedo, recibe alrededor de 2 000 turistas.

Ellos visitan el centro comunitario Tolón Pelé, que desde hace seis años ofrece paquetes turísticos en Chigüilpe. Este proyecto turístico fue creado por 25 mujeres y cinco hombres tsáchilas. Ellos se asociaron y empezaron a construir las cabañas para vender artesanías, atender en el restaurante y tienen el centro ceremonial.

Debían ir al bosque en busca de pambil y caña guadúa. Luego de un ritual de autorización, la naturaleza les dejaba cortar lo necesario para la construcción de Tolón Pelé, cuenta Agustín Calazacón.

Los socios de Tolón Pelé ofrecen al viajero vivir con las tradiciones y costumbres nativas por uno o dos días. Al llegar a centro comunitario, los turistas reciben una charla en la que se les explica cómo será la experiencia. Primero deberán recorrer los senderos naturales hasta llegar a un árbol sagrado llamado Tolón Pelé.

Este mide 62 metros de altura y tiene alrededor de 350 años. Según Albertina Calazacón, líder del proyecto, el árbol tiene un campo energético muy fuerte. Por ello, ahí se realizan los rituales de purificación y sanación.

Los visitantes deben recorrer los senderos para conocer las plantas medicinales y el río Chigüilpe, donde se efectúa el ritual de la fiesta Kasama (Nuevo amanecer). Este recorrido también se puede hacer en la noche.

Los turistas pueden beber la ayahuasca (bebida alucinógena) o escuchar las leyendas de la nacionalidad. “La bebida hizo que imaginara que había tigres y elefantes en el bosque. Luego todo se puso oscuro y dormí hasta el siguiente día. Me levanté renovada”, asegura la suiza Laila Zuberther, quien visitó Tolón Pelé en septiembre.

Los turistas que realizan el recorrido en el día deben continuar la caminata hasta llegar a una choza en la que un guía les indica el proceso para moler la caña de azúcar con un trapiche (molino), fabricado con la palma de la chonta.

A pocos metros hay una réplica de las casas típicas de la nacionalidad, que fueron construidas con pambil. En el lugar se pueden observar camas, cunas para bebé y hasta un andador elaborado con la caña guadúa y el pambil. La cocina, en cambio, era de barro y leña.

La quiteña Clara Jaramillo, de 34 años, asegura que prefiere el etno-turismo porque sus hijas están en proceso de aprendizaje en la escuela y en estos lugares hay diversión y a la vez cultura. “En Quito solo se pueden ver a los tsáchilas en libros o exposiciones en la Casa de la Cultura. Es increíble oírles hablar en tsáfiki y conocer sus costumbres”.

Los visitantes pueden hospedarse en Tolón Pelé. Hay ocho habitaciones habilitadas para los turistas. Son chozas típicas de la nacionalidad. No tienen televisor ni aire acondicionado. “No quisimos agregar elementos que no fueran autóctonos, para que nos conozcan cómo verdaderamente somos”.

La alimentación también es nativa. En la mañana, el desayuno es una bala (plátano cocinado y majado), pescado y café. Para el almuerzo, los turistas pueden degustar mayones asados (gusanos) o ayampaco (pescado cocinado al vapor en hojas de plátano). Los paquetes cuestan entre USD 3 y USD 40, que incluyen desde recorridos hasta la alimentación.

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