2 de octubre de 2016 00:00

Santo Domingo: El bosque tsáchila es un campo energético

La familia Aguavil repobló el bosque con plantas nativas y maderables. Fotos: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

La familia Aguavil repobló el bosque con plantas nativas y maderables. Fotos: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

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María Victoria Espinosa

El vegetalista José Aguavil camina descalzo por las 5 hectáreas de bosque, que ha reforestado en la comuna El Poste desde hace 16 años.

Él asegura que el remanente, además de ser uno de los pulmones de la comuna, también es un campo energético. Aguavil señala que en el bosque nativo convergen dos elementos que representan a la nacionalidad: el agua y la tierra. 
Por eso, junto con sus familiares -en el 2000- decidieron rescatar el bosque, que se ubicaba en sus terrenos y que hasta esa época era utilizado como un potrero o con fines agrícolas.

“Los compañeros tsáchilas pensaron que explotando el bosque obtendrían dinero para comprar los productos que utilizaban los mestizos y no se dieron cuenta de la riqueza que estábamos perdiendo“. 
Con la cantonización de Santo Domingo, el 3 de julio de 1967, la urbe empezó a crecer y los tsáchilas se interrelacionaron con los colonos que llegaron, de varias provincias de Ecuador, en busca de fortalecer la agricultura.

Ese modelo productivo fue adaptado por los tsáchilas. “Se talaron árboles y plantas nativas para cultivar alimentos“, señaló el historiador José Castillo.
 Los tsáchilas intercambiaban los frutos por dinero o productos de primera necesidad, como el aceite, jabón, aliños, entre otros elementos. 
Aguavil aseguró que gran parte de sus tierras era utilizada para la agricultura, otra se había talado y una mínima parte era considerada como bosque primario. “Cuando heredé el terreno decidí colocar un emprendimiento turístico. Ahí me di cuenta que no había un bosque nativo para enseñarles a los turistas”.


Además, las prácticas chamánicas estaban desapareciendo porque las plantas nativas ya no se cultivaban. 
Esa fue otra de las motivaciones de la familia Aguavil para empezar a repoblar el bosque. “Los chamanes estamos perdiendo nuestro, poder porque solo se logra transmitir a través de las plantas, el bosque, el agua”, señaló enfáticamente. 
Desde hace 16 años se han sembrado unas 70 especies de plantas nativas que estaban en extinción.

Una de esas es la ton’tomaka, que sirve para aliviar los dolores de estómago.
El bichachi, en cambio, es un protector de los ríos. Aguavil lo sembró en forma de sendero, a la orilla de un estero llamado Bacuati, que nace en el río El Poste. La raíz de este árbol se utiliza para aliviar enfermedades como el estrés, la irritabilidad o la depresión. 


Otro árbol que se ha ubicado en los senderos es el sande. La leche de esta planta sirve para tratar enfermedades degenerativas y para regular el período y los síntomas premenstruales. “Los ancestros consideraban a estos árboles como dioses, porque eran inmensos. Medían hasta 50 metros de altura y duraban más 
de 100 años”.
Para Aguavil, el bosque ha equilibrado las energías en la comuna.

“Los tsáchilas ahora somos más responsables de nuestro entorno”.
Por eso están preparando a los niños para que aprendan a sembrar y a reconocer las propiedades medicinales de cada planta. “Ellos deben continuar con la tradición del chamanismo. Pero solo lo lograrán si desde ahora sembramos, porque las semillas solo servirán en 10 o 20 años”, dijo. 
Pero -agrega- los mestizos están ocasionando daños irreparables en los bosques y ríos tsáchilas. Aguavil se refiere a la contaminación del río El Poste y del Chigüilpe, el pasado 12 de septiembre.

Ese día, cientos de peces aparecieron muertos en las riberas y junto a las especies se identificó un líquido espeso de color negro, con un olor similar al de los hidrocarburos. 
Los tsáchilas interpusieron una denuncia para que se identifique a los responsables. “Para los mestizos es solo agua, pero para los tsáchilas los ríos son fuentes energéticas y centros ceremoniales, donde se hacen curaciones y se piden consejos a los ancestros”.


Aguavil asegura que la recuperación del bosque ha permitido rescatar costumbres. Por ejemplo, los chamanes se internan en el bosque para meditar y para identificar nuevas plantas medicinales.

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