19 de abril de 2018 13:28

El ‘power trío’ de Sal y Mileto regresa a las tablas nacionales

Los músicos Igor Icaza, Luis Enríquez y Franco Aguirre tocarán hoy (18 de abril del 2018) ante el público quiteño. Foto: cortesía.

Los músicos Igor Icaza, Luis Enríquez y Franco Aguirre tocarán hoy (18 de abril del 2018) ante el público quiteño. Foto: cortesía Cristian López.

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Karol Noroña

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Son crónicas musicales hiladas por la realidad ecuatoriana. Evocan, por ejemplo, a quienes se fuman la pena en la inmensidad de Kito con K y desnudan a los impresentables gobernantes que repiten “aguanta, mi pueblo, aguanta”; o retratan a los “principitos” de la calle con el insigne adagio “pide para comer, pide para volar, pide para volver…”. Así suenan las canciones que hicieron de Sal y Mileto, una banda de culto del rock nacional.

Si bien el grupo anunció su separación definitiva en el 2012, su música -poética y sin tapujos, cimentada con distintas alineaciones en el recorrido del conjunto- retorna hoy en La Ideal, centro cultural ubicado en el barrio La Mariscal.

Si algo caracteriza a este único encuentro es el esperado regreso del segundo ‘power trío’ de Sal y Mileto, integrado por Igor Icaza en la batería, Franco Aguirre en el bajo y Luis Enríquez en la guitarra. En el primero estuvo Paúl Segovia, quien falleció en el 2003.

En 1994, la hacienda patrimonial Tilipulo, en Cotopaxi, albergó a seis jóvenes artistas: el poeta Peky Andino, Segovia en la guitarra y voz, Icaza en la batería, César Albarracín en el bajo y flauta traversa, Víctor Narváez en la guitarra electroacústica y Jorge Luis Rosero en la percusión.

Su comunión sonora estuvo marcada por la independencia, el respeto, la autogestión y la protesta social. Esas características se mantuvieron vigentes en los músicos que ingresaron y salieron, como Franco Aguirre, bajista quien dejó la banda en el 2010.

“Sal y Mileto cambió la estética de la movida musical del país. Era un gran referente de la época noventera. Alternativa, con identidad sonora, la banda influyó bastante en varios grupos de aquellos días, incluso me atrevería a decir que está presente ahora”, afirma Enríquez, quien se incorporó a la agrupación en el 2006.

Los Mileto no se encasillaron en ningún género particular. Experimentaron con el rock, el blues, el heavy metal e incorporaron ritmos andinos como el albazo y el pasillo. Esa misma fusión sedujo a la generación noventera que encontraba en su música, un representante del sentir popular: el rock libre para la gente libre.

Lejos de ser anacrónicas, sus canciones trascendieron a tiempos modernos, donde la denuncia todavía busca oídos en la gente.

Sus integrantes son inquietos, temperamentales y fieles a la línea de respeto que merece el músico ecuatoriano, que han pisado exitosamente suelos internacionales. No sorprende la espontaneidad de su encuentro. “Como diría el Franco Aguirre, nos juntamos porque es un milagro que sigamos vivos”, sostiene Enríquez.

Con un lugar latente en la historia del rock nacional, la banda de ‘los hornos’ prepara un repertorio que transita por los ocho discos que suma el grupo: ‘A propósito de un día común’ , ‘Sal y Mileto’,, ‘Disko Cero’, ‘Tres, ‘In situ’, ‘El dolor’, ‘Sal y Mileto Elektroakústico’ y ‘Va...zuko’.

Igor Icaza cuenta que los ensayos han sido emotivos y los define como momentos de diversión entre amigos. Asegura que la esencia lírica y técnica del grupo está intacta, sin ánimo alguno de acogerse a los sonidos comerciales o cambiar su discurso social.

“Todavía estamos aquí. Esa suerte de mística, de sabernos ecuatorianos y mostrar la realidad se mantiene en el espíritu de la música de Sal y Mileto.
Eso se tradujo en una obra musical y poética, que hemos defendido con el corazón y, sin duda, lo vamos a seguir haciendo porque está presente en todos los músicos que han pasado por la banda”, concluye Icaza.

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