6 de January de 2014 13:06

El misterio de las madres vírgenes

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Hace unas semanas apareció la extraña noticia sobre el misterio de las madres vírgenes estadounidenses.

La nota hacía referencia a un estudio publicado en el British Medical Journal, que reveló que 200 jóvenes habían declarado haber quedado embarazadas siendo vírgenes y sin el menor contacto sexual con penetración vaginal. Increíble y casi fantástico pero real.

La explicación a este “fenómeno” hacía referencia a falta de educación sexual, la imposibilidad de obtener datos precisos sobre la vida sexual de los jóvenes y la incomprensión de las mismas respecto de este tema. Pero las causas de este misterio son otras y también se dan en Chile.

Para ella, la explicación al misterio es muy simple y nada tiene que ver con la partenogénesis o la fecundación por sí mismas. Una madre virgen, a su juicio, es una mujer que quedó embarazada sin tener penetración vaginal.

“Esto puedo ocurrir porque el hombre eyacula cerca de la vagina y, como los espermios tienen movilidad, se deslizan en los fluidos vaginales hasta encontrar un óvulo y lograr fecundarlo”, explica.

Esto no es muy común, pero según las cifras que maneja la experta, de las cerca de mil mujeres que ha tratado con vaginismo en Chile, existe un 4,3% de madres vírgenes. El promedio de edad es de 31 años y sufren de vaginismo.

  • ¿Qué es el vaginismo?

“Es la contracción involuntaria del tercio externo de la vagina, es decir, muslos, glúteos, abdomen, frente al intento de penetración vaginal y por temor al dolor. Esto es una reacción refleja, en donde se cierra la vagina e impide la penetración”, acota.

Sin embargo, esta enfermedad es un gran secreto que se mantiene dentro de la pareja y por años.

Las causas de la imposibilidad de penetración, según la experta, es por lo general una educación muy restrictiva, personalidades fóbicas y pensamientos erróneos frente a la virginidad, al himen, a sus propios genitales, y por supuesto, miedo al dolor, miedo al embarazo.

Lamentablemente, de las mujeres que acuden a un centro de disfunciones sexuales, el 17%, presenta vaginismo, y lo más preocupante es el tiempo en que se tardan en buscar ayuda profesional, que es desde 4 hasta 20 años de matrimonio.

Ahora, de acuerdo a la experiencia en consulta de Odette Freundlich, lo común y reconfortante, es que las parejas que las acompañan son buenas, amorosas y se mantienen en la relación, a pesar de no tener coito.

“Han aprendido a desarrollar un juego previo más extenso y creativo, lo único que les falta es la penetración vaginal. Las mujeres por lo general tienen deseo sexual, logran excitarse y lubricarse y la gran mayoría tiene orgasmo con estimulación en el clítoris”, afirma la experta.

Para salir de este disfunción sexual, lo primero es realizar un diagnóstico claro y someterse a un tratamiento multidisciplinario, con un ginecólogo, sexólogo y kinesiólogo especialista en disfunciones sexuales.

“Estos problemas tienen componentes físicos y emocionales, por lo que deben ser abordados en forma conjunta. Se inicia el tratamiento enseñando la anatomía genital, luego se indican técnicas de control neuromuscular para evitar el temor al acercamiento del área genital”, comenta. Luego, se siguen con técnicas de relajación de la musculatura vaginal, desensibilización sistemática primero con un dedo del terapeuta, para después seguir con el de la paciente, la pareja, hasta comenzar con dilatadores o tubos de diferentes diámetros que se insertan en la vagina para acostumbrarse al roce y a la penetración vaginal.

“Se les dan instrucciones precisas de cómo deben iniciar esta nueva etapa de sexualidad con penetración vaginal hasta realizar controles de seguimiento. Mientras que el sexólogo, realiza sesiones en forma paralela y la reevaluación ginecológica se repite al final del tratamiento”, aclara.

El tiempo que demora el tratamiento, siguiendo al pié las instrucciones, son aproximadamente 10 sesiones, de una vez a la semana. Lo mejor es que el tratamiento lo cubre Fonasa y cualquier Isapre. El misterio está resuelto.

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