11 de marzo de 2018 00:00

Sagredo descifra el método Pellegrini

El ingeniero dirigió al Real Madrid en la temporada 2009-2010. Sacó 96 puntos de 114 posibles, pero no fue campeón. Foto: AFP

El ingeniero dirigió al Real Madrid en la temporada 2009-2010. Sacó 96 puntos de 114 posibles, pero no fue campeón. Foto: AFP

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Pablo Campos
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En el 2005, mientras dirigía al Villarreal, un equipo de clase media del fútbol español, Manuel Pellegrini contrató a una profesora de canto. No deseaba grabar un disco ni obtener más puntos en el karaoke: quería aprender la técnica para sacar la voz desde el diafragma y no desde la garganta.

Su oficio de entrenador de fútbol le obliga a gritar indicaciones al borde de campo y por ello decidió ponerse en manos de una especialista.

El chileno, de 64 años y ojos azules penetrantes, es un personaje atípico en el fútbol. Además de entrenador, es ingeniero civil y se considera un amante de la música y el arte.

No solo aprendió a sacar la voz en España sino que toca el piano desde joven. Cuando las preocupaciones del fútbol lo invaden, el profesional se sienta frente al teclado y deja pasar las horas: no puede ser interrumpido por nadie. De ello da fe José María Aguilar, expresidente de River Plate argentino, quien fue jefe del entrenador en el 2003.

El gusto por el arte también se extiende a la pintura. Mientras trabajó en Ecuador, en donde dirigió a Liga (1999-2000), visitaba galerías e incluso adquirió varias obras de autores nacionales. Estas revelaciones se encuentran en ‘El Método Pellegrini’, libro escrito por el periodista deportivo chileno Francisco Sagredo para la editorial Debate.

El autor sigue la huella del exitoso entrenador y en su relato salta continuamente del presente al pasado para enriquece el texto con diferentes puntos de vista. A decir del escritor, esta no es en rigor una obra biográfica sino un viaje para intentar explicar sus métodos de trabajo, sus obsesiones y el porqué de su éxito.

Pellegrini ahora conduce al Hebei Fortune chino. El cuadro lo llevó a Asia para aprovechar sus prácticas exitosas. En el momento de la escritura de la obra de Sagredo, Pellegrini cumplía su último ciclo en el Manchester City, el elenco inglés de dueños qataríes.

A través de charlas con el propio entrenador y 68 fuentes claves (Josep Guardiola Raúl, Xabi Alonso, Yayá Touré, Néstor Gorosito, Eduardo ‘Tanque Hurtado...), el lector va formándose la idea de un personaje disciplinado, con metas claras, educado; pero a la vez distante con sus dirigidos y sobre todo con la prensa.

“Lo que digan otros de mí no es lo que más me importa. Lo mío está en la autoexigencia, en mi propia evaluación. Esa es la que me interesa porque es la más severa”, confiesa el director técnico que tuvo dos entrevistas a fondo con el autor del libro: una, en su despacho en el Manchester City, y otra durante la realización de la Copa América en Chile.

Para el lector ecuatoriano y, específicamente, para el hincha de Liga, el libro recoge anécdotas interesantes. La primera contesta esta pregunta: ¿cómo la ‘U’ se fijó en un técnico desconocido para el medio? La explicación está en la amistad entre Rodrigo Paz, presidente honorario de Liga, y el embajador chileno en Ecuador en 1998, el político Jorge Burgos. Paz quería traer a Jorge ‘Peineta’ Garcés, pero Burgos le acercó dos nombres que a su criterio eran mejores entrenadores, Pellegrini y Arturo Salah. Este último dirigía al Cobreloa.

El elegido fue Pellegrini, quien llegó en los últimos meses de 1998 a la capital para conocer las instalaciones del equipo en Pomasqui.

Al ver la infraestructura del equipo ecuatoriano -narra Sagredo-, el DT se convenció de firmar su contrato y dijo a sus asistentes que se pongan terno para la presentación porque Liga era un equipo grande y con buena cobertura de medios de información.

El entrenador llegó a Quito para cambiar hábitos y para desarrollar sus exigentes métodos de trabajo. Su asistente Fernando Díaz relata en la obra cómo un día de partido no le abrió la puerta a siete jugadores titulares que no cumplieron con presentarse a la hora prevista . En ese momento, los futbolistas entendieron que el técnico chileno implantaría un régimen de disciplina y respeto a las reglas.

El libro contiene testimonios de las ‘víctimas’ del entrenador. Una de ellas es Sebastián ‘Loco’ Abreu, que cuando trabajaba a las órdenes de Pellegrini en San Lorenzo no llegó a tiempo a un entrenamiento y perdió la titularidad. “Entienda, Abreu, que no soy yo quien lo saca del equipo titular. Es usted mismo”, le espetó el DT.

También se cuenta la historia del argentino Pablo Zabaleta, a quien decidió quitarle la titularidad en el Manchester City luego del nacimiento de su hijo. “Comprendo su situación personal, pero entiéndame usted a mí: su cabeza está en su hijo y yo lo necesito enfocado en la cancha”.

Pellegrini siempre fue un visionario, un adelantado en el momento de plantear los trabajos en la cancha. Ezequiel Maggiolo, quien jugó en Liga, dice que hace 19 años, el entrenador ordenaba todos sus trabajos con el balón. En esa época, los entrenadores separaban el trabajo técnico de la preparación física. Ahora, la tendencia global es trabajar al estilo que el director técnico implantó en la ‘U’ en su primera incursión al extranjero.

Lector asiduo de libros de liderazgo y motivación, pese a su aparente distancia con sus equipos de trabajo, ‘El Método Pellegrini’ muestra a un profesional preocupado por sus dirigidos. Resalta la historia del jefe de cocina de la Universidad Católica de Chile, a quien contrató para que le haga una cena navideña y le pagó el triple de lo acordado.

Su protección al jugador también se evidencia en la historia de Guti, el volante del Real Madrid al que no alineaba por sus continuas faltas disciplinarias. Nunca ventiló ante los medios el porqué de no alinearlo, pese a las enormes críticas que recibía.

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