20 de mayo de 2016 00:00

Arqueólogos ecuatorianos y rusos siguen buscando lazos comunes

Tres ecuatorianos, de la maestría de Arqueología de la Espol, fueron parte del equipo que trabajó en Rusia.

Tres ecuatorianos, de la maestría de Arqueología de la Espol, fueron parte del equipo que trabajó en Rusia. Foto: Cortesía Carlos Andrés Icaza

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Alexander García

Fueron dos semanas de excavaciones, viviendo en carpas frente al mar y trabajando a doble jornada. Carlos Andrés Icaza E., Juan Pablo Vargas y Jaime García, que en el 2014 cursaban la maestría de arqueología de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), trabajaron en la excavación del sitio Boyarin 6, en la isla Russky, al sur de Vladivostok (Rusia).

La participación ecuatoriana en las excavaciones tenía como objeto buscar conexiones, establecer similitudes y diferencias, entre los restos arqueológicos de las culturas rusas Boisman y Zaisan, contemporáneos con la cultura Valdivia (3 500 al 1 800 años antes de Cristo), de Ecuador. Y ahondar en la hipótesis de que el poblamiento de América se pudo realizar también por vía marítima, una visión alternativa al cruce humano desde Asia, por el estrecho de Bering.

Icaza y García compartirán sus experiencias en una conferencia este 9 de junio, en el Seminario de Actualización Continua de la Corporación Nacional de Arqueología, Antropología e Historia (Conah). El programa de la Espol contará también con una disertación de Jorge Marcos Pino, director de la Escuela de Arqueología de la Espol, sobre las excavaciones arqueológicas en Real Alto (Pechiche, Santa Elena), que se volvió a excavar tras 26 años, por interés ruso.

La hipótesis es que América fue colonizada por navegantes precolombinos, siguiendo la orilla de la plataforma de hielo que cubría una parte considerable del noreste de Asia y noroeste de Norte América.

La plataforma en el Pleistoceno (que concluye 10 000 años antes de Cristo, dando paso al Holoceno), en la última edad de hielo, llegaba incluso hasta Baja California, indica Icaza; él trabajó en el conchal del sur de Vladivostok, un sitio en donde se depositaban pilas de conchas, en una suerte de ofrenda o muestra de la prosperidad del pueblo.

El yacimiento neolítico, contemporáneo con las primeras fases de Valdivia, se asocia con el comienzo de la agricultura en el fin del pleistoceno, cuando cambió el clima y surgieron nuevas fuentes de alimentos.
Las investigaciones continúan y en septiembre los arqueólogos rusos volverán a Ecuador, a realizar principalmente trabajo de laboratorio.

Hasta plantear una nueva teoría se requiere llenar los vacíos existentes, explica Marcos Pino. Hasta ahora se sabe que los Valdivia eran navegantes. “Estamos pensando con los rusos hacer una nueva prospección a ver si encontramos muestras del período precerámico. Si hay precerámico es porque estaban navegando desde antes”, dice.

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