17 de junio de 2016 13:24

Rolando Villazón lleva felicidad como payaso a niños refugiados en Berlín

Villazón, que trabajó como payaso a los 18 años, antes de convertirse en cantante, colabora con Rote Nasen desde 2005

El mexicano, que trabajó como payaso a los 18 años, antes de convertirse en cantante, colabora con Rote Nasen desde 2005. Foto: Captura de pantalla

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Agencia AFP

El tenor mexicano Rolando Villazón se vistió el viernes 17 de junio de 2016 de payaso para llevar un poco de felicidad y esperanza a los más pequeños de los alrededor de 1 300 refugiados que se encuentran alojados en el antiguo aeropuerto berlinés de Tempelhof.

Una veintena de niños de los entre 350 y 400 que actualmente residen en varios de los antiguos hangares participó en el espectáculo -excepcionalmente con presencia de los medios-, en el que Villazón, acompañado de otros dos payasos de la organización sin ánimo de lucro Rote Nasen (Narices rojas), les arrancó mil y una sonrisas.

"Ningún artista es tan libre como el clown, pero esa libertad al final de cuentas tiene una gran disciplina, una gran concentración, hay que estar muy sensible al público, el público participa, el público es un compañero de juego", dijo el tenor -Dr. Rollo en su faceta de payaso- en declaraciones a Efe después de su actuación.

El del payaso es "un juego existencial que abre puertas, que abre caminos, que muestra formas de construir ahí donde hay caos, de crear ahí donde hay ruinas, de permanecer ahí donde todo se desmorona para encontrar esta meta que existe al final y que sólo quedándose y sólo en la lucha de permanecer y a veces de hacer el ridículo se logra llegar a esa meta maravillosa", afirmó.

Para el músico, que dice profesar "una gran admiración" por la figura del payaso, "la belleza del trabajo como clown es que hay un territorio de libertad y de espontaneidad absolutamente necesario".

Villazón, que trabajó como payaso a los 18 años, antes de convertirse en cantante, colabora con Rote Nasen desde 2005, primero acompañándolos en sus visitas y después como clown, una figura que ama, dice, y que siempre le ha maravillado.

Desde entonces, cada vez que su agenda se lo permite, se pone el uniforme de payaso para encarnar a Dr. Rollo, un clown bastante despistado, patoso y con carácter, para desesperación de sus compañeros.

El tenor se encuentra actualmente en Berlín, donde encarna a Michel en la ópera Juliette, de Bohuslav Martin, en la Staatsoper, la ópera Estatal de Berlín, buena ocasión para volver a ponerse el uniforme de payaso.

El músico destacó la labor que lleva a cabo Rote Nasen -sección alemana de Red Noses Clowndoctors International y de la que es embajador oficial desde abril de 2016-, no sólo en hospitales y centros sociales, sino también cada semana en el antiguo aeropuerto de Tempelhof, donde van de hangar en hangar para visitar y actuar para todos los niños.

El de los refugiados "es un drama de nuestro tiempo, de nuestro mundo", en el que sólo se leen cosas malas y muy pocas buenas.
Los minutos de alegría que comparten los niños con los payasos son "una buena noticia, y necesitamos buenas noticias", afirmó.
Para los niños refugiados, su cita semanal con los payasos es un "objetivo", un especie de aliciente en un entorno "difícil y monótono" con futuro incierto, subrayó.

"Un payaso no tiene apartamento, un payaso no tiene patria" y eso crea un vínculo con estos niños, que han tenido que huir del que era su hogar, agregó.

Según Villazón, "un payaso es un espejo", no sólo para estos niños, sino para todo el mundo, "un espejo de nuestra alma", razón por la cual lloramos y reímos con él, señaló.

Además, "todos tenemos un payaso y un filósofo en nuestro interior", agregó. Después de su exitosa actuación, con bis incluido, y antes de responder a las preguntas de la prensa, Villazón se interesó por el funcionamiento del centro de acogida y visita uno de los hangares.

Varios niños correteaban a su alrededor, lo llamaban, lo saludaban, ignorando probablemente que se trata de Rolando Villazón y ven en él únicamente a Dr. Rollo vestido de civil hasta la próxima vez que se calce los zapatos de dimensiones exorbitantes y su inconfundible nariz roja de payaso.

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