25 de octubre de 2016 00:00

El rodeo se engalana con las reinas y las criollas bonitas

En la plaza Jesús del Gran Poder, en Daule, el rodeo montuvio se abrió con la elección de la Criolla Bonita y la Reina.

En la plaza Jesús del Gran Poder, en Daule, el rodeo montuvio se abrió con la elección de la Criolla Bonita y la Reina. Foto: Wladimir Torres / EL COMERCIO

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Elena Paucar
Redactora
(F - Contenido Intercultural)

Usan botas y pantalones ocultos debajo de sus faldones. Se atreven a montar los caballos más ariscos de sus haciendas, sin temor a caerse y perder la elegancia. Cabalgan con seguridad, y el calor infernal del campo no les arruina ni el peinado ni el maquillaje.

Las criollas bonitas y las reinas de los rodeos reflejan la belleza de la mujer montuvia. Y también su modernidad. Estas jovencitas no olvidan sus raíces costeñas, aunque algunas cursan la universidad, usan celulares de última tecnología y hasta disfrutan del reggaetón.

Génesis Arreaga toma con firmeza las riendas de La Bestia, un semental. Su falda de encajes blancos está pintada con paisajes del agro. En cada galope el viento da vida a los jinetes grabados en su borde, haciendo piruetas sobre potrillos.

Génesis tiene 19 años y el cabello negro y largo. Estudia Contaduría Pública Autorizada en Guayaquil y lleva con orgullo los colores de la Hacienda Primavera, del recinto Candilejo, en Salitre (Guayas).

Preparar a la Criolla Bonita para el rodeo montuvio es todo un ritual. Los jinetes ensillan al mejor caballo, con aderezos de cuero y plata. Custodian el labial de la joven y hasta le cubren los pies desnudos con sus botines favoritos.

La picardía del montuvio enamoradizo queda a un lado. El respeto para la madrina de la hacienda es una ley de honor.
Para competir en el rodeo de La T de Daule, la quinceañera Kristel Camba usó camisa y pantalones blancos, al igual que los jinetes de la hacienda San Vicente de Petrillo, en Nobol. Un listón rojo resaltó en su sombrero montuvio y combinó con su labial carmesí.

Mientras caminaba entre los gigantes corceles, contó que le gustan el reggaetón y Facebook. Pero también recordó que sus pies no topaban los estribos cuando aprendió a montar. Las amazonas montuvias son decididas, valientes. No se atemorizan con los relinchos soberbios de los potros.

A Dayana Arreaga, de la hacienda Santa María de Vinces (Los Ríos), tienen que treparla al caballo. Una vez arriba no hay quien la baje. A sus 6 años jineteó con seguridad en la plaza Jesús del Gran Poder (Daule). Su gracia cautivó al público bravío, que suspiró cuando la nombraron Criolla Bonita.

Pero no todo estaba dicho. Para la familia dauleña Morán Tutivén, el concurso de la Reina del rodeo es toda una tradición. Doña Jazmín ya ha perdido la cuenta de las veces que Dayana, su hija de 22 años, ha llevado a casa cintas, en representación de la Asociación de Caballistas de la capital arrocera. Cree que son más de 80.

Dayana cedió su puesto a Mileidy, su hermana de 12 años. La adolescente menudita, de jeans vaqueros y camisa a cuadros, se llevó en su celular la foto de su primera presentación en La T de Daule.

Sobre la arena no solo dominó a Chike, su caballo blanco; también sometió a los feroces espectadores. “¡Túmbalo, túmbalo! ¡Eso, carajo!”, gritaban desde las gradas del coso.

Chike se sentó, se acostó, saludó con una pata y trotó sobre los jinetes tendidos en el suelo como obstáculos, sin dejar heridos. Al final también desfiló manso, llevando sobre su lomo a la nueva Reina del rodeo.

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