3 de enero de 2017 12:34

Una comunidad de internautas combate el robo de antigüedades en India

Hace dos años, IPP reivindicó una victoria significativa cuando la National Gallery australiana entregó una efigie del dios hindú Shiva, avaluada en USD 5 millone

Hace dos años, IPP reivindicó una victoria significativa cuando la National Gallery australiana entregó una efigie del dios hindú Shiva, avaluada en USD 5 millone. Foto: www.ipp.org.in

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Agencia AFP

Durante el día Arvind Venkatraman funge como ingeniero informático en Chennai, la gran urbe del sur de India. Pero en sus ratos libres se convierte en detective a través de Internet, intentado localizar antigüedades robadas en su país.

Arvind y otros apasionados del arte indio integran la comunidad India Pride Project (IPP) y se coordinan a través de las redes sociales para identificar a través del mundo ídolos sustraídos de los templos hindúes. Su objetivo: hacerlos devolver a su país.

El robo de obras de arte es un flagelo en toda India, pero sobre todo en la región natal de Arvind, Tamil Nadu. En este estado del extremo sur del subcontinente indio, numerosísimas estatuas religiosas con varios siglos de antigüedad se encuentran sin ninguna vigilancia en santuarios esparcidos en medio de la campaña.

Hace dos años, IPP reivindicó una victoria significativa cuando la National Gallery australiana entregó una efigie del dios hindú Shiva, avaluada en USD 5 millones, que había sido robada en un templo tamil.

Contactada por los justicieros en ciernes, la institución primero rechazó la idea de que la imagen que tenía en su posesión fuera fruto de un acto criminal, recuerda Arvind. “La primera reacción clásica es la negación”, explica a la AFP , puesto que los conservadores son naturalmente reticentes ante la perspectiva de tener que separarse de obras albergadas en sus museos.

Entonces, describe el ingeniero, “lanzamos una campaña en línea con un video mostrando las similitudes (entre la estatua robada y la que está en el museo), difundiéndolo en Internet”.

Para localizar objetos robados, los miembros de IPP investigan viejos catálogos de casas de subastas, estudiando cada imperfección de las estatuas para encontrar los parecidos con las hurtadas.

Aficionados de todo el mundo se dan cita en su página en Facebook, y algunos son enviados a exposiciones, museos y galerías para tomar fotos de las obras expuestas.

Tráfico internacional

Desde la revelación de este engaño, el museo australiano denunció ante la justicia a un exmarchante de arte de Manhattan (Nueva York), Subhash Kapoor, quien le había vendido la estatua.

Objeto de una importante investigación en Estados Unidos, conocida con el nombre de Operation Hidden Idol , este individuo fue detenido en Alemania en 2012 y actualmente es juzgado en India.

Acusado de robo, tráfico y ocultamiento de antigüedades religiosas, algunas que datan de los siglos XI o XII, él niega las imputaciones en su contra. “Este trasiego ha durado muchos años”, comenta Prateep V Philip, quien dirige la rama local de la unidad de policía especializada en el tráfico de obras de arte.

Los ídolos en los templos poco frecuentados son “presas fáciles”, explica: “a veces los administradores ni se acercan, los templos están abandonados, siendo visitados en determinados momentos del año. Por lo tanto, cuando hay un robo frecuentemente se descubre mucho más tarde”.

Esta falta de supervisión hace que muchas antigüedades robadas en India nunca son denunciadas y pueden ser vendidas sin problemas en los mercados internacionales. Donna Yates, profesora especializada en el tráfico de antigüedades en la universidad de Glasgow (Escocia), recuerda su “asombro” cuando se enteró de que una estatua de la National Gallery australiana era fruto de un robo.

“Si me hubiesen preguntado en 2011 (antes de la detención del presunto traficante Kapoor) si estas cosas eran aún posibles, hubiera dicho que no. Pensaba que la vigilancia de los museos había mejorado netamente”, dijo por teléfono a la AFP .

El trabajo de campo realizado por los internautas de IPP puede ayudar a combatir este flagelo, estima: “lo que lograron hacer sin ningún medio es increíble. No ocurre en ninguna otra parte”. A pesar de que su trabajo es voluntario, Arvind Venkatraman asegura sentirse ampliamente recompensado cuando una estatua hindú es devuelta a su templo de origen. “Cuando un ídolo es restituido, el templo vuelve a la vida”, apostilla.

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