29 de diciembre de 2015 00:00

La ritualidad ancestral habita espacios urbanos

Expertos y académicos debaten sobre la integración de las festividades a las zonas urbanas.

Expertos y académicos debaten sobre la integración de las festividades a las zonas urbanas. Foto: Cortesía Tyrone Maridueña / UArtes

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Alexander García

La introducción de prácticas rituales de los pueblos ancestrales en espacios urbanos requiere una suerte de ‘pachakutik’: una trasformación para un renacimiento, según José Yungan, dirigente del pueblo kichwa en la Costa.

Las ceremonias como las del Kapak Raymi están asociadas con la naturaleza, por lo que su inserción urbana requiere de “una destrucción interna, para una transformación externa”, dice el riobambeño, profesor de educación bilingüe.

“Nuestros niños nacidos en la ciudad, una buena parte del pueblo kichwa en la Costa, se hacen las mismas preguntas que los mestizos. ¿Qué será eso del Kapak Raymi?”, indicó Yungan a propósito de la celebración de la fiesta religiosa prehispánica en la Universidad de las Artes (UArtes), el pasado 21 de diciembre.

El educador definió el Kapak Raymi como un tiempo de poder solar, una fiesta de transferencia del conocimiento de los mayores a los más jóvenes, que asumen nuevas responsabilidades.

Yungan fue uno de los ponentes que participó en una mesa redonda organizada por la UArtes, en la que se debatió en torno a la ritualidad solar que conservan pueblos del Ecuador y la propuesta de su integración a nuevos espacios.

Con el ánimo de poner en valor a las culturas precolombinas, la universidad institucionalizará la celebración de las cuatro fiestas principales del mundo kichwa, ciclos agro-festivos solares, que coinciden con los dos solsticios y los dos equinoccios.

El músico Schubert Ganchozo encontró afinidades del Kapak Raymi con la celebración de las ‘entradas de agua’ (relacionada con la creciente de los ríos y la fertilidad de la tierra) en la provincia de Los Ríos y la fiesta de los chigualos (villancicos montuvios) en Manabí, una celebración navideña que se extiende hasta el 6 de enero.

La fiesta del chigualo “sincretiza los saberes antiguos con los mestizos” de las otras culturas, apuntó Ganchozo. “Las plantitas de maíz adornan el pesebre. Y los niños dioses montuvios, son niños solares. Sus coronas son grandes soles”, indicó el folclorista guayaquileño de raíces montuvias.

Jorge Gómez, profesor de la Facultad de Literatura de la Universidad de las Artes, quien dirigió la mesa redonda, habló de la generación de espacios de intercambio y aprendizaje mutuo, además de la necesidad de crear nuevos lenguajes como forma de ejercicio intercultural.

Las celebraciones solares -dijo- son un punto de conexión para abordar relaciones con otras festividades, “textualidades, signos y símbolos tejidos de una manera compleja, que es preciso investigar”.

Como ejemplo de esos nuevos lenguajes se presentó el proyecto de Danzas Zoomorfas, que nació del trabajo del artista Xavier Blum con pobladores de Sacachún (Santa Elena), la comuna que exhibe el monolito conocido como San Biritute.

Las danzas de coreografía libre, acompañadas del sonido del tambor y en la que los bailarines usan coloridas máscaras de cartón, evocan representaciones rituales de origen precolombino con felinos, aves y reptiles presentes en las figuras de piezas arqueológicas precolombinas.

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