23 de octubre de 2016 00:00

Los Ríos: Abras de Mantequilla inspira amorfinos

Cinco lagunas destacan en este humedal. Una divide en dos el recinto El Recuerdo. Foto: Wladimir Torres / EL COMERCIO

Cinco lagunas destacan en este humedal. Una divide en dos el recinto El Recuerdo. Foto: Wladimir Torres / EL COMERCIO

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Elena Paucar
(F-Contenido intercultural)

Su lengua es más afilada que un machete y tiene un verso para cada árbol, para cada ave que vuela entre las ramas. “Por ahí anda un gavilán”, advierte el guía nativo Telmo España.

Y de inmediato lanza un amorfino. “Un gavilán con cien plumas/ no se puede mantener/ un escribano con una sola/ mantiene moza y mujer”.

Con esa picardía montuvia, don Telmo describe el encanto de Abras de Mantequilla, un humedal de 22 500 hectáreas. Los majestuosos espejos de agua refrescan el campo del cantón Vinces, en Los Ríos.

El 14 de marzo del 2000 fue incluido en la lista internacional de humedales Ramsar. Y aunque a simple vista parecen solo pozas, un tanto secas en el verano, este ecosistema atesora una rica biodiversidad.

Abdón Morán, abreño de nacimiento y enamorado de este, su hogar, conversa por horas de las cualidades de esta reserva biológica, formada por aguas subterráneas y por la confluencia de unos 20 esteros, que nacen del río Nuevo -que a su vez se alimenta del río Vinces-, y que se abren como los dedos de una mano. En la época de mayor inundación puede contener hasta 50 millones de metros cúbicos de agua.

Por eso unas 127 especies de aves, como el canclón, el carrao y el gavilán del amorfino, eligieron este hábitat. También 50 especies de peces, reptiles y anfibios. Se suman unos 100 tipos de mamíferos como tigrillos, venados de cola blanca, ardillas, perezosos y los ruidosos monos aulladores.

El crecimiento de los cultivos es una amenaza. Desde el borde de la única gabarra que conecta un viejo camino vecinal se contemplan los mantos dorados de maíz y arroz maduro cubriendo las orillas.
Para frenar la agresiva marcha agrícola, el sustento de muchos comuneros del lugar, don Abdón preserva algunas hectáreas de bosque seco tropical de la Costa. “Aquí tumbaron el bosque para sembrar café. Ahora tenemos un bosque de segunda generación”, cuenta mientras recorre junto a don Telmo un sendero de hojarasca que se interna en la vegetación más espesa, donde crecen unas 57 especies de flora.

El piso está cubierto por semillas de guasmo y jaboncillo -una baya negra que antes se usaba para lavar-. La flor gigante del árbol de beldaco parece una medusa blanca. Y el membrillo cautiva los sentidos con su flor fucsia, de aroma dulzón.

Entonces don Telmo recuerda otra copla. “Quisiera ser chupaflor/ para andar de tambo en tambo/ chupando de toda flor/ y a ninguna dar amor”.

En otra parada, el suelo se tiñe de blanco. Ese parche minado por guano es el hogar de garzas, chuques y cuervos.
El guía no pierde el hilo. “Hay una garza que va volando/ y con el pico lleva viento/ llévame este papelito/ donde está mi pensamiento”.

Con orgullo, don Abdón cuenta que en los bosques de Abras de Mantequilla todavía se pueden ver árboles maderables que en otras partes están desapareciendo. Y muestra el caracolí, el guayabo de monte y el pechiche. “Estos se usaban para las casas y para las canoas. Son bien resistentes”.

Muchas casonas de esta zona rural aún conservan estas finas maderas en su estructura. Las sencillas viviendas destacan entre los pantanos que dan vida a los poblados de La Amalia, El Delirio, Abras de Zapallo, San Francisco de Chujampe... Más de 80 recintos se asientan en este humedal.

Carlos Morán vive en El Recuerdo, un caserío de 57 familias. Dice que 70 años atrás, antes de que empezaran los cultivos, el humedal ya estaba ahí. “Decían los antiguos que había un río perdido, porque salía agua de abajo del pantano”.

Hay muchos relatos de esta reserva y del origen de su peculiar nombre. Pero don Carlos y su hermano Abdón coinciden en dos. “Cuando el río Vinces entraba, dejaba su sedimento, amarillito y suave como la mantequilla. También había bastante ganado. De aquí salía buena mantequilla”.

Las historias de Abras de Mantequilla son tan extensas como el repertorio de don Telmo. La sombra de un enorme árbol cabo de hacha le evoca otro verso. “Allá arriba en ese cerro/ tengo un palo cabo de hacha/ donde no voy por la vieja/ sino por la muchacha”.

Los cultivos de ciclocorto, de maíz y arroz, predominan en la zona. También crían ganado.

En invierno puede llegar a los 36 ºC. En verano es fresco y puede llegar a los 22 ºC.

Aunque se ubica en Vinces, su área de influencia abarca ocho cantones riosenses.

Los Daule-Tejar y los Milagro-Quevedo habitaron esta zona, hoy de estirpe montuvia.

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