15 de febrero de 2015 20:33

Riobamba tiene un hospital para 'partos andinos'

Hasta el consultorio de Carmen Borja llegan en promedio 20 mujeres por semana. Foto: EL COMERCIO

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Cristina Márquez

Cuando se trata de atender un alumbramiento, Carmen Borja es minuciosa en cada detalle. Se preocupa de la higiene del sitio en el que la futura madre dará a luz, y también de la limpieza de las malas energías del ambiente; con hierbas y sahumerios.

Así es el ‘parto andino’, una combinación de ceremonias y ritos, que según la cosmovisión indígena son necesarios en el momento de recibir a un nuevo ser. Se usan técnicas medicinales que garantizan el bienestar de la madre y del niño. Según la creencia de esta cultura, el momento del parto tiene influencia sobre la personalidad del recién nacido en el futuro.

Carmen es conocida como ‘mama partera’. Ella se ocupa
de atender a las mujeres embarazadas desde la etapa prenatal hasta el momento del alumbramiento. A diferencia de un parto convencional, las comadronas adecúan la casa de la familia para recibir al bebé.

La mujer se coloca en cuclillas sobre la cama para poder pujar con más fuerza y toma infusiones de hierbas medicinales para reducir el dolor y acelerar la dilatación del útero. “Es antinatural dar a luz recostada, el bebé sale boca abajo y el médico tiene que darle la vuelta para atenderlo. Un ‘parto andino’ representa menos dolor”, cuenta Carmen.

Además, el esposo o un familiar cercano puede estar presente y abrazar a la madre durante el alumbramiento. Así, ella puede sentirse respaldada y eso también lo sentirá el bebé.

El consultorio funciona en el Hospital Andino Alternativo, ubicado en el barrio 24 de Mayo, en el norte de Riobamba. Su oficina siempre huele a hierbas. La atención empieza a los tres meses de gestación, que es cuando se puede hacer el ‘manteo’, una técnica que consiste en acomodar al bebé en el vientre, moviendo a la madre con mantas y dándole masajes.

Carmen revisa la colocación del feto en la matriz con el tacto y verificando la alineación de los pies de la madre, así puede saber de qué lado está el niño.

La semana pasada Fabiola Yuquilema acudió al consultorio para efectuarse el control mensual. La comadrona supo que su hijo estaba recostado en lado derecho y con masajes lo acomodó en el centro del vientre. “Este es mi segundo parto. Prefiero que sea en la casa con la ayuda de la ‘mama partera’, porque es más íntimo, más espiritual y menos doloroso”, cuenta Yuquilema.

En promedio, cerca de 20 mujeres a la semana, entre indígenas y mestizas, visitan el consultorio de Carmen para los ‘manteos’ antes del parto, o incluso solicitan sus servicios a domicilio para el ‘encaderado’, que se hace cuatro días después. Esta técnica consiste en fajar a la mujer con la ‘mama chumbis’, que es una cinta gruesa que las indígenas usan en la cintura. También se dan masajes para que las caderas retornen a su sitio.

“Esta es la forma más natural de parir, así lo hacían nuestras abuelas”, cuenta Carmen, que cumplió 45 años. Ella aprendió los preceptos básicos de los ‘partos andinos’ con su madre y con la partera de su comunidad, Calerita Shobolpamba, en las faldas del Chimborazo.

La atención de mujeres embarazadas le apasionó tanto, que se capacitó en el Ministerio de Salud para obtener una certificación de partera indígena.

Así, combina sus conocimientos sobre plantas medicinales con las técnicas médicas que le enseñaron en el curso, como los primeros auxilios y la asepsia. “Está comprobado que los conocimientos andinos también son válidos, pero hay que tomar precauciones médicas formales. Hacerse ecografías y monitorear el desarrollo del feto”, recomienda la ginecóloga Jacqueline Méndez.

En contexto

Unicef reconoce a los partos interculturales humanizados como una opción válida para traer al niño al mundo. Pero recomienda que cada país aplique políticas concretas para capacitar a las parteras y darles los insumos para no poner en riesgo a los bebés.

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