22 de marzo de 2015 16:50

El rey malvado Ricardo III recibirá al fin digna sepultura

El féretro en el cual reposan los restos del rey Ricardo III fue construido en madera por el carpintero Michael Ibsen. Foto: AFP

El féretro en el cual reposan los restos del rey Ricardo III fue construido en madera por el carpintero Michael Ibsen. Foto: AFP

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Agencia AFP
Reino Unido

Los ganadores escriben la historia y la mala reputación que Ricardo III debe a Shakespeare es un ejemplo, pero la restauración de su honor dará un paso el jueves (26 de marzo) cuando reciba sepultura en la catedral de Leicester.

Los arqueólogos hallaron sus restos bajo un párking de esta ciudad del centro de Inglaterra en 2012 y éstos serán enterrados en la modesta pero hermosa catedral, en un féretro de madera construido por uno de sus descendientes, el carpintero Michael Ibsen.

El 'rey del párking', que ha sido encarnado en el cine por el actor estadounidense Al Pacino y los británicos Laurence Olivier e Ian McKellen, murió el 22 de agosto de 1485 en la batalla de Bosworth después de reinar un par de años.

Fue enterrado discretamente en un monasterio franciscano que fue demolido en 1530 y el rastro de su sepultura acabó perdiéndose hasta que fue hallada hace tres años.

El féretro abandonó este domingo (22 de marzo) la Universidad de Leicester y recorrió los lugares de la batalla de Bosworth para acabar entrando en la catedral de Leicester por la noche.

La gente lanzó flores al rey en su camino a la catedral, en un carruaje tirado por cuatro caballos negros. La capilla ardiente se abrirá al público hasta el miércoles y el jueves será enterrado. El entierro, dentro de la catedral, del último rey de la dinastía Plantagenet será retransmitido en televisión y culminará una semana dedicada a este rey que varias asociaciones pugnan por rehabilitar, sin contar lo que puede aportar al turismo de Leicester.

La muerte a los 32 años de Ricardo III (monarca entre 1483 y 1485) puso fin a la Guerra de las Dos Rosas, entre la casa de York y los Plantagenet. Tras su muerte, la corona pasó a Enrique VII y los reyes de la dinastía Tudor que, con ayuda de William Shakespeare y otros cronistas, describieron a Ricardo III como un villano brutal y jorobado que no se detenía ante nada, llegando a asesinar a sus dos jóvenes sobrinos para asegurarse el trono.

Hoy sus supuestas maldades son relativizadas: "como rey, Ricardo llevó una vida humana. Fue un hombre valiente y de visión. En su vida hubo dolor y traición. Su vida es un espejo de la nuestra, el bien y el mal", la catedral de Leicester.

¿Católico o anglicano?

La Alta Corte de Londres decidió en mayo que el rey tenía que ser enterrado en la catedral de Leicester, desestimando así la demanda de sus descendientes, que pretendían enterrarlo en York.

Ricardo III era católico y vivió antes de la ruptura de la Iglesia de Inglaterra con el Vaticano en 1534, por lo que el sermón será pronunciado por el líder de los católicos ingleses pero el funeral transcurrirá según la tradición anglicana.

Reconstruir la historia gracias a los forenses

El hallazgo de los restos de Ricardo III dio mucho juego a los historiadores. Gracias a análisis forenses y genéticos se descubrieron infidelidades en la línea de sucesión al trono que culmina en Isabel II y también como murió en la batalla de Bosworth.

El estudio de ADN, que confirmó que los restos hallados bajo el parking eran los del rey, reveló igualmente que al menos el padre de uno de sus descendientes no era quien se cree. La línea masculina se rompe en algún momento entre Juan de Gante (1362-1399), hermano del bisabuelo de Ricardo III, y Henry Somerset, duque de Beaufort (1744-1803).

El hallazgo tiene implicaciones, porque abre la posibilidad de que alguno de los reyes y reinas, y las dinastías que actuaron de eslabones hasta la actual Isabel II lo fueran ilegítimamente, aunque es imposible saber en qué momento se produjo la ruptura.

El estudio dice que la ruptura afecta a la legitimidad de Enrique IV, Enrique V, Enrique VI y de "toda la dinastía Tudor", empezando por Enrique VII y siguiendo por Enrique VIII, Eduardo VI, María I e Isabel I.

También se supo que Ricardo III sucumbió a las heridas causadas en la cabeza por sus enemigos -nueve en total, provocadas por armas cortantes-, quienes pudieron haberle perforado el cráneo cuando estaba en el suelo y sin casco, sugiere un estudio científico.

Las heridas que sufrió en la cabeza dan la razón a los relatos de la época que señalan que Ricardo III, preso en un lodazal, pudo haber abandonado su caballo antes de que sus enemigos lo mataran, según este estudio. En la obra 'Ricardo III' (1592) de Shakespeare, el soberano arrinconado en el campo de batalla, grita: "¡Un caballo, mi reino por un caballo!".

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