13 de enero de 2016 14:45

Una familia encontró a su perra luego de cinco meses

Arruga llegó a la Fundación Camino a Casa con un severo caso de desnutrición. Allí la diagnosticaron con moquillo. Foto: Cortesía Fundación Camino a Casa.

Arruga llegó a la Fundación Camino a Casa con un severo caso de desnutrición. Allí la diagnosticaron con moquillo. Foto: Cortesía Fundación Camino a Casa.

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Gabriela Castellanos

Entre tantas historias de perros abandonados que necesitan un hogar, una buena noticia les recordó a los rescatistas la razón de su trabajo voluntario, así fue para Cristina Calderón, de la Fundación Camino a Casa. Una perra que escapó de su hogar pudo volver con su familia luego de cinco meses de vivir en las calles.

Calderón recibió una llamada de una amiga que le comentaba que había una sharpei a la altura de la avenida 6 de Diciembre y Patria, en Quito. Ella la vio desde el transporte que la llevaba al trabajo por lo que no la pudo recoger.

“Se ve muy mal, va caminando muy lento, con su lengüita afuera y está sumamente desnutrida”, indica la publicación de la página de Facebook donde se pid​ió ayuda a los seguidores para trasladarla a la Clínica Veterinaria Brasil. Una hora después, Cynthia Álvarez logró recogerla.

La perra tenía un cuadro severo de desnutrición y varios problemas de salud al momento de su rescate. Foto: Cortesía Fundación Camino a Casa.

La perra tenía un cuadro severo de desnutrición y varios problemas de salud al momento de su rescate. Foto: Cortesía Fundación Camino a Casa.

"Salí de mi casa y fui a la dirección que indicaron", cuenta Álvarez. Luego de dar algunas vueltas la encontró y buscó un parqueadero. Su estado físico era terrible, cuenta. Trató de llevarla a su carro con una correa, pero no quería caminar.

"La gente me veía y decía 'pobre perrita', pero obvio nadie hacía nada", recuerda. Finalmente tres personas le ayudaron a cuidarla mientras iba por su auto. Aproximadamente 30 minutos después llegó a la clínica.

Allí la nombraron Shady y  determinaron que su edad es de aproximadamente 10 años. “La habían visto un montón de personas en un montón de lugares. Incluso una chica la vio en un aula de clases en la Universidad Central, pero nadie la rescató”, cuenta Calderón.

El cuadro clínico de Shady no era esperanzador. No tiene dientes, no ve por uno de sus ojos, tenía líquido en el abdomen, en los pulmones y luego de un examen, determinaron que tenía moquillo. Esta enfermedad infectocontagiosa produce fiebre, pérdida de apetito, decaimiento, pérdida de peso, deshidratación, tos, conjuntivitis y puede complicarse causando problemas de tipo neurológico.

Pese a tener una política de no eutanasiar animales, luego de los exámenes y de un análisis del caso, los rescatistas decidieron que lo mejor era ponerla a dormir.

Su carácter dulce y dócil enterneció los corazones de los médicos que la trataron y de los rescatistas. En redes sociales se difundió la historia y hubo muchas reacciones de preocupación por la perra. Cuando la Fundación pidió a sus seguidores que alguien la lleve a pasear, la mime, le dé comida y juegue con ella, ya se había tomado la decisión de eutanasiarla al día siguiente.

Sin embargo, ese día Shady amaneció con un nuevo ánimo, comió, caminó y tomó mucha agua. “Estuvo en la calle tanto tiempo, tuvo tantos problemas, sufrió tanto y un así sigue viva”, cuenta Calderón. “Era como si quisiera seguir viviendo”, dice. Al ver la mejora repentina decidieron esperar unos días y buscar un hogar temporal para darle una oportunidad.

Luego de pedir ayuda nuevamente a los seguidores de la página, recibieron un mensaje de una chica. Ella decía ser la dueña de Shady, que en realidad responde al nombre de Arruga. Coordinaron una cita para ver la reacción de la sharpei con la familia y ninguno pudo contener las lágrimas.

Definitivamente Shady tenía algo pendiente todavía, y eso explica toda la historia. Tomamos la decisión de ponerla a...

Posted by Fundación Camino a Casa on sábado, 9 de enero de 2016

Arruga vivía con Copo, otro sharpei, pero su dueño se cansó de tenerlos y los regaló a una familia. Ellos los cuidaron junto a sus otros dos perros. Cuando llevaba dos meses en su nuevo hogar, Aruuga se escapó de casa por el ruido de pirotecnia. Estuvo en las calles cinco meses sin recibir ayuda.

El padre de familia fue el más emocionado, recuerda Calderón. “Arruga salía a caminar con él luego de que estuvo en coma cuatro meses y despertó con el lado izquierdo de su cuerpo paralizado”, comenta en la última publicación del caso. Debido al cuadro de moquillo, Arruga permanecerá aislada del resto de perros por 18 días y si no avanza la enfermedad podrá integrarse con toda la familia.

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