25 de junio de 2015 15:37

La colombiana Doris Salcedo llena de dolor el museo Guggenheim

La obra de Doris Salcedo se centra en la historia moderna de Colombia y los legados del sufrimiento ocasionado por el colonialismo, el racismo, la ingusticia social y la violencia del país. Foto: Wikicommons.

La obra de Doris Salcedo se centra en la historia moderna de Colombia y los legados del sufrimiento ocasionado por el colonialismo, el racismo, la ingusticia social y la violencia del país. Foto: Wikicommons.

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Agencia EFE
Nueva York

La artista colombiana Doris Salcedo hace un recorrido de tres décadas de dolor y violencia política en la primera retrospectiva que le dedica el museo Guggenheim de Nueva York y que estará abierta desde mañana 26 de junio hasta el 12 de octubre.

"Es la primera vez que dedicamos tanto espacio a una artista, pero lo merece", dijo el director del museo, Richard Armstrong, sobre Salcedo, quien resume su carrera como "treinta años en duelo".

"La violencia es el 'ethos', lo que define la sociedad contemporánea. Para mí nada puede ser más importante. Entonces, toda la obra está centrada en violencia política. En cómo la vida de la víctima no debería terminar allí, bestializada por los asesinos, sino que nosotros podemos sublimar, elevar y darle al ser humano el lugar que se merece", asegura la artista en una entrevista con EFE.

Salcedo (Bogotá, 1958) pasea al espectador "generoso en su silencio" por obras como Plegaria muda, una suerte de cementerio de mesas invertidas sobre las que crece hierba, y A flor de piel, una gigantesca manta tejida de manera delicadísima con pétalos de rosa.

Recorre tragedias locales, pues en ese A flor de piel rinde homenaje a una enfermera que fue torturada y asesinada en Colombia, mientras en Plegaria muda  habla de los muertos por las pandillas de delincuentes en Los Ángeles (EE.UU.).

"Lo único que yo he visto a través de mi vida es que la violencia política ha empeorado. En algún momento cuando era joven podía pensar que era un problema colombiano, pero vemos violencia política en cualquier lado. La masacre que ocurrió aquí la semana pasada es abiertamente violencia política", dice refiriéndose a la matanza sucedida en una iglesia de Carolina del Sur.

"Desafortunadamente, aquello en lo que yo me enfoqué adquiere cada vez mayor y mayor importancia y relevancia. Por eso me mantengo ahí", añade sobre su obra, que la comisaria de la muestra, Katherine Brinson, describe como "intransigente, urgente e infinitamente lírica".

En las tres décadas representadas, el discurso no varía, aunque sí la forma. "Las ideas que están presentes en la obra son obsesivas. no hay un sentido de evolución o de desarrollo. es simplemente tratar de ver de manera más fina, más aguda, más específica", dice.

Así, una de sus primeras obras, sin título y de 1989, atraviesa varias camisas con un hierro, como si fuera la trayectoria de un balazo colectivo, mientras que la última de ellas Disremembered, de 2014, recurre a una prenda, esta vez una túnica, pero el metal hiriente no atraviesa, sino que se integra en el tejido, que solo al verlo de cerca se revela como una suma de punzantes alfileres.

De igual manera, otro de los hilos conductores de su obra son los muebles, que en esta exposición se hacen inamovibles al estar llenos de hormigón o cobran una extraña vida al crecerles pelo sobre la madera.

"El mueble es lo cotidiano de los seres humanos. De pronto una persona desaparece por muerte violenta y la silla de aquella persona empieza a gritar su ausencia. Un mueble disfuncional nos está contando algo humano. Me interesan los muebles que marcan el vacío", dice.

Salcedo es considerada la gran madre del arte contemporáneo colombiano y, por ello, agradece que su apuesta por lo incómodo, a veces atravesada literalmente por puntos de sutura, haya tenido cabida en un gran museo.

"Para una mujer del tercer mundo tener opción de presentar y decir lo que yo quiero decir en este museo es un privilegio. No es lo mismo que para un europeo. Si vienes del tercer mundo el recorrido es largo. Para mí es muy importante que me permitan salir del gueto", asegura.

Con todo, Salcedo no entiende el arte como herramienta para cambiar ese mundo virulento. "No creo que el arte tenga ninguna capacidad redentora. Y en ello radica su capacidad poética, en que no redime, no arregla, está centrado en la impotencia. Ni siquiera tiene capacidad de representar la muerte violenta, porque es obscena, insimbolizable", concluye.

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