16 de febrero de 2017 00:05

Un reimplante salvó la mano de un carpintero de San Miguel de Cuyes

Juan Pablo Cáceres  en uno de los chequeos  a su paciente, Segundo Suqui, en el Hospital  Vicente Corral Moscoso.

Juan Pablo Cáceres en uno de los chequeos a su paciente, Segundo Suqui, en el Hospital Vicente Corral Moscoso. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora (I)

La recuperación es lenta pero con resultados alentadores. Segundo Suqui, de 56 años, está contento porque recuperó su mano izquierda con una cirugía de amputación y reimplante total. Es la primera intervención de este tipo que se realiza en la capital azuaya.

Eran casi las 10:00 del 26 de enero cuando Suqui se cercenó la mano izquierda con una sierra eléctrica mientras cortaba un tablón en su taller, en San Miguel de Cuyes, cantón Gualaquiza, Morona Santiago, en el límite con Azuay.

El carpintero usaba por primera vez esa máquina, que había pedido a un vecino. Colocó la madera en la sierra y cuando la presionó, la herramienta se llevó también su mano. “No vi donde cayó, solo pedí auxilio”.

Pese a todo, ese día el hombre tuvo algo de suerte. Se encontraba solo, pero sus vecinos se alarmaron y lo socorrieron. Una enfermera del pueblo le hizo un torniquete en la muñeca. Así detuvieron el flujo de sangre en la herida.

La Junta Parroquial de San Miguel de Cuyes solicitó una ambulancia y cerca de las 14:00 ingresó al Hospital Vicente Corral Moscoso de Cuenca. Allí fue valorado por el médico Juan Pablo Cáceres, jefe de la Unidad de Microcirugía.

Este cuencano se especializó en España y trabajó más de 10 años en el Hospital Clinic de Barcelona, en este tipo de cirugías. Hace casi tres años retornó al país y labora más de uno en esa casa de salud pública y en la Clínica Monte Sinaí.

Con frecuencia -dice- las manos están expuestas a riesgos laborales. Tienen 27 huesos revestidos por venas, arterias, nervios y tendones. Sirven para agarrar objetos, saludar... Unas 20 microcirugías por amputaciones y reimplantes parciales se hicieron en ese hospital de Cuenca, calcula el doctor. Pero el caso de Suqui es especial pues se cortó toda la mano.

La cirugía duró nueve horas. La primera parte, a cargo de un traumatólogo, consistió en la reconstrucción de la estructura ósea. Por fuera se fijaron los huesos del carpo con un metal llamado tutor y por dentro con unas agujas. Eso se soldará con la formación de un callo.

En la segunda parte se hizo la microcirugía de unión -con hilos delgadísimos (como cabellos)- de las arterias, venas, tendones y nervios; con ayuda de lupas y microscopios.

La recomendación médica es operar antes de las seis horas del accidente porque después de ese tiempo las venas y las arterias se taponan. Con Suqui, la intervención inició nueve horas después.

Primero se suturó la arteria cubital para conseguir la irrigación de la sangre y luego las venas para permitir el flujo sanguíneo. Como tercero y cuarto pasos se repararon los tendones y nervios. Hubo incluso un injerto, ya que se extrajeron nervios de la pierna.

En la mano están las arterias cubital (que es la principal) y la radial. También, 20 tendones y 10 venas, pero lo recomendable –dice Cáceres- es unir por lo menos dos venas para cada arteria, para conseguir un buen flujo sanguíneo.

Una hora después de iniciada la microcirugía, la mano empezó a tomar su color natural. Eso alentó a los especialistas. Sin embargo, el éxito de la intervención se confirmó varias horas después cuando el paciente movió sus dedos.

Los ocho días posteriores fueron decisivos. Cada dos horas lo visitan, para identificar alteraciones: pulso, color de la piel, irrigación, retorno sanguíneo y posibles infecciones. Lleva 20 días con antibióticos y su recuperación va bien.

Hasta el pasado miércoles 15 de febrero de 2017 se encontraba bien y por eso se prefirió mantenerlo una semana más hospitalizado. Desde el segundo día de la cirugía, también recibe rehabilitación progresiva.

“Pensé que perdería mi mano y es increíble volver a sentirla en mi cuerpo”, dijo el carpintero, al tiempo de agradecer a los médicos.En las clínicas particulares una microcirugía de este nivel podría superar los USD 40 000.

Según Cáceres, para la recuperación total y para retomar cualquier actividad deberá esperar unos seis meses. Antes de eso se someterá a una cirugía menor para retirarle el tutor y corregir una fractura del dedo pulgar. El médico se siente contento de haber ayudado a Suqui. Su logro fue publicado en el International Microsurgeons Club y se ubica como la tercera intervención más llamativa de este mes. Es una organización de microcirujanos de todo el mundo.

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