1 de agosto de 2014 16:16

Una conversación blusera el primer día del Quito Blues

El grupo ecuatoriano Blues Project Rolling. Foto: GDA/ EL COMERCIO

El grupo ecuatoriano Blues Project Rolling. Foto: GDA/ EL COMERCIO

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Redacción Cultura

1920 es el año en que, por primera vez, el blues tendría su registro sonoro grabado para toda la historia. Casi 100 años después en esta ciudad tiene lugar la séptima edición del festival Quito Blues, que trae a colación la pregunta por la renovación en el blues.

Ayer, jueves 31 de julio, durante el primer día de conciertos del festival, este Diario conversó con con David Tanganelli, armonicista brasileño que pisa los escenarios del festival por segunda ocasión; Ricardo García-Huidobro, poeta y músico panameño que ahora forma parte de la banda chilena Magnolia Blues Band, que también ha participado en anteriores ediciones; un aficionado que prefirió no dar su nombre y con Laura Montilla, fanática venezolana.

Ellos están convencidos de que el blues que suena ahora, dentro y fuera del festival, trae aires nuevos. David Tanganelli, que ha participado junto a otras agrupaciones como Armónico Simple (Quito), con la que tocó el año pasado una versión de ‘Vasija de Barro’, cuenta que en Brasil los músicos del género están incorporando “elementos culturales brasileros”. En su nuevo disco, que aún está produciéndose, suma influencias del R’n’B y de músicos como Michael Jackson y Stevie Wonder.

En el 2007 Magnolia Blues Band, con su disco ‘Cien Años Después’ destacó en la región por sus propuestas tanto en la lírica como en la música, pues no muchas bandas del género gustaban de tratar temas como la memoria histórica. Ricardo García, integrante de la banda, cuenta que en la última producción (‘El pulsar de la tierra’, 2012) se han volcado más hacia un discurso “enfocado en la integración de los pueblos de este continente”.

Reconoce, además, que la banda tiene mucha influencia del blues africano de Ali Farka Touré (1939-2006), músico y cantante maliense considerado como uno de los padres del blues, de ese blues que habla de whisky y cerveza, tan característico de John Lee Hoker –del cual tampoco se distancian-. El cantante y armonicista dice con énfasis que los músicos también deben “cantar con contenidos…, sagrados, poéticos, porque la vida no es superficial… ni el arte tampoco”.

En su presentación la banda llamó la atención de muchos transeúntes descuidados cuando García, con su chaleco de motivos indígenas panameños, y los otros miembros de Magnolia (Coke Araya, Sebastián Pardo y Claudio Araya) tocaban enérgicos canciones que mencionan a la Pachamama y al Pueblo indígena Kuna, creadores del término que designa a todo el continente como Abya Yala.

Los covers de clásicos suelen ser una constante en el género, unos son muy distintos de las versiones originales mientras otros incorporan cambios en los timbres de voz o aumentan palabras propias del lugar donde se ejecutan las canciones. Por ejemplo Blues Project Rolling recordó al músico Norberto Aníbal Napolitano, más conocido como Pappo, al tocar dos canciones del repertorio clásico del ícono argentino del blues.

Laura Montilla, fanática venezolana, recalca que “no hay género que no tenga padre, entonces las influencias son inevitables”, para ella lo que importa en las creaciones es la originalidad y la calidad de las propuestas porque después de todo “es blues y tiene que sonar a blues”.

Hasta el sábado, de 14:00 a 20:00, Quito todavía podrá disfrutar de los sonidos melancólicos, innovadores y sugestivos de este género que ya bordea los cien años de vida y que sigue sumando adeptos de muchas generaciones.


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