6 de diciembre de 2017 00:00

Quito es la ciudad de los afectos de cuatro artistas

A propósito de las fiestas estos creadores cuentan su decisión de vivir en la ciudad. Fotos: cortesía y archivo/ EL COMERCIO.

A propósito de las fiestas estos creadores cuentan su decisión de vivir en la ciudad. Fotos: cortesía y archivo/ EL COMERCIO.

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Gabriel Flores
Redactor (I)
gflores@elcomercio.com

La cantidad de luz que se puede desplegar en una mañana soleada fue una de las cosas que más atrajo a Carlos Echeverría Kossak cuando regresó a vivir Quito, después de su estancia de 11 años en Polonia.

De la ciudad también le atrajo el ambiente de sus calles y el verde de sus valles. Al igual que a otros artistas contemporáneos que conversaron con este Diario lo que más peso tuvo al momento de decidir quedarse en esta ciudad, para desarrollar su trabajo, es que Quito es el lugar de sus afectos.

Aunque en su obra Echeverría Kossak prefiere crear arquitecturas globales, en ‘Huracán’, una de sus últimas piezas, incluyó al edificio del Consejo Nacional del Ecuador, un guiño a la situación política que se vivió en la ciudad y en el país durante la última década.

La escritora y crítica literaria Daniela Alcívar Bellolio regresó a Quito hace dos meses después de vivir durante 13 años en Buenos Aires. Volvió en busca de ese afecto que solo se puede encontrar en la familia y para emprender nuevos proyectos literarios.

En estos 60 días ha participado en la edición de las últimas publicaciones de la editorial independiente Turbina y como invitada en la última Feria del Libro de Quito y en Narrar el Presente, el encuentro literario que se desarrolló en el Centro Cultural Benjamín Carrión.

“Una de las cosas que me han sorprendido -dice- es que hay un gran interés de la gente que vive en la ciudad por participar en actividades literarias. En Narrar el Presente la gente se quedó hasta muy tarde conversando con los invitados”.

Para el artista guayaquileño Fidel Eljuri, el caos de las zonas céntricas de la capital se convirtió en una molestia al momento de realizar su trabajo. Por eso decidió mudarse a una quinta, rodeada de verdor, cerca de la antigua vía a Conocoto, en el valle de Los Chillos.

Uno de los trabajos que creó en su nuevo hábitat fue ‘Estratos’, la obra con la que participó, junto a Nicola Cruz, en la última edición de la Fiesta de la Luz. En esta pieza que se instaló en la iglesia de La Merced exploró la geografía y biodiversidad del Cotopaxi , un volcán que forma parte del paisaje de su vida cotidiana.

A la dramaturga Gabriela Ponce lo que la convenció para quedarse en la ciudad -luego de vivir 4 años en EE.UU.- fue la existencia de una comunidad afectiva con la que se relaciona y trabaja a diario.

Ella es una de las fundadoras de Casa Mitómana, un espacio para el desarrollo de proyectos artísticos que está ubicado en el norte de la ciudad. “Durante mi estancia en el exterior me di cuenta de que esa comunidad no solo estaba compuesta de personas, sino de unos paisajes, lugares y objetos que me constituían y que están acá”.

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