21 de agosto de 2016 00:00

Los otros actores de la Independencia

El proceso independentista de Quito era una continuidad de las rebeliones del siglo XVIII.  Poco se ha dicho sobre la participación popular.

Calle y habitantes de Quito. El Arco de la Reina y calle García Moreno. Dibujo de Fuchs

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Hugo González* (O)

El análisis de la historia debe ser crítico, y la celebración de un acontecimiento histórico no debe ser solamente un momento de diversión sino de reflexión. Hay dos hechos importantes en nuestra América, que marcan el inicio de la etapa de Independencia y que precedieron a la Revolución de Quito de 1809.

La rebelión de Túpac Amaru (1740-1781), con su utopía del ‘Reino de América’, y cuya insurrección tuvo resonancias continentales, puede ser considerada como la primera etapa de nuestras ‘Guerras de Independencia’, junto a la Revolución Haitiana, primer proceso revolucionario antiesclavista y anticolonialista, que proclamó al primer Estado soberano en el continente (1804). Pese a las diferentes revueltas permanentes en la época colonial, nunca hubo un movimiento tan exitoso como el de los haitianos. Su espíritu libertario logró aterrorizar a la clase propietaria de todo el continente. El miedo a que esta revolución se expandiera al resto de colonias, hizo que esta sea bloqueada y difamada por las principales fuerzas colonialistas: Francia, Gran Bretaña, ­España y, posteriormente, Estados Unidos.

No hay duda de que el proceso independentista de Quito era una continuidad de las rebeliones que estallaron durante el siglo XVIII. En ese marco, Arturo A. Roig dice, “se inicia la segunda etapa de nuestras ‘Guerras de Independencia’ (1808-1824), llevada adelante ahora, no por la población indígena ni por los esclavos africanos, sino por otro sujeto social, la clase criolla sudamericana. Estas generaron, asimismo, formas de ‘utopía para sí’, sumándose a las ‘utopías magnas’ de nuestra historia”.

Procesión del Corpus en Quito. Dibujo de Tofani, según los croquis de André.

Procesión del Corpus en Quito. Dibujo de Tofani, según los croquis de André.

Actores del movimiento independentista (1809)
Varios fueron los protagonistas de este hecho histórico. Las mujeres quiteñas jugaron un papel importante en este proceso. Una de ellas fue Manuela Espejo, más que la hermana de Eugenio Espejo y la esposa de José Mejía Lequerica, surgió como una de las pocas mujeres ilustradas en el Quito de finales del siglo XVIII.

Poco a poco fue cultivando sus ideas de emancipación política, contribuyendo en la escritura de los discursos de Mejía, y de libertad mental a través de su interés por la literatura, las artes, la filosofía y las ciencias. Manuela rompió normas para no ser sometida. Otra de las mujeres que puso, no solo su casa sino sus ideas y convicciones al servicio del proceso independentista fue Manuela Cañizares, participando activamente, alentando y presionando a los patriotas para dar el golpe final. Rosa Zárate fue otra de las heroínas de este proceso. Fue una mujer de acción, de lucha, estuvo presente en la defensa de los barrios de Quito, especialmente en San Roque, tras la matanza del 2 de Agosto de 1810.

Otro de los actores del proceso independentista, de cuya actuación sabemos poco, son los sectores indígenas. Las fuentes documentales nos han revelado que en la Audiencia de Quito, entre 1809 y 1814, existieron indios a favor e indios en contra de la revolución. Indios y caciques, como los de Otavalo y Cotacachi, se declararon amigos de los revolucionarios quiteños. En contraste, los caciques de la Sierra Centro se alzaron tanto contra los criollos como contra el Estado colonial. La historiadora Rosario Coronel, quien ha estudiado este proceso, a través del seguimiento que hace de la actuación de Julián Quito, líder del levantamiento indígena de 1803, plantea que “no es suficiente hablar de si los indios se movilizaron o no en la revolución, hay que acercarse a una comprensión de por qué lo hicieron”.

Así mismo, la documentación revela que los indígenas de la zona central del país fueron reclutados a la fuerza, tanto por las facciones realistas como por los adeptos a los rebeldes de Quito. Curiosamente, lo aclara Coronel, “la élite de Quito que dirigió la revolución estuvo comprometida directa o indirectamente en la represión a los indígenas sublevados en el levantamiento de 1803”.
Es el caso de Francisco Xavier de Montúfar y Larrea, hijo del Marqués de Selva Alegre. Los indígenas, como el resto de sectores subordinados de la sociedad colonial, no siempre tuvieron la posibilidad de expresar libremente sus simpatías políticas.

Los héroes anónimos del proceso de Independencia
Poco se ha dicho de la participación de la población de los barrios quiteños en el proceso independentista. La historiografía tradicional no le ha dado la importancia al tema. Lo que ha predominado es el discurso blanco-mestizo alrededor de esas versiones de héroes patrios, sobre quienes se hicieron todas las lecturas de nuestros procesos independentistas. La investigación histórica nos habla que fueron alrededor de 300 anónimos personajes los que cayeron abatidos en las calles de Quito, lo cual -para ese entonces- significaba el 1% de su población. La historiadora Guadalupe Soasti rescata esa participación de los barrios rebeldes, sobre todo entre 1809 y 1810. “Varios de los barrios de Quito estaban alineados con una u otra tendencia y aparecen los ancianos, los religiosos, la clase media de la ciudad interviniendo a favor o en contra de estos postulados políticos”.

Hay mucho que investigar y decir sobre estos hechos, los héroes anónimos de San Sebastián, San Roque, San Blas, no pueden seguir siendo invisibilizados por la historia, ellos dejaron sembrada esa tradición de un pueblo rebelde que lucha políticamente por sus derechos. La investigación histórica debe recordar y rescatar esos procesos sociales y a ciertos personajes, para ­explicar desde dónde vienen los legados.

Finalmente, el impacto del 10 de Agosto de 1809 en América no fue la revuelta contra el colonialismo, como antes ocurrió en otros territorios de la actual Bolivia, sino la instalación de la Primera Junta Soberana. En Chuquisaca y La Paz ya se habían generado los primeros levantamientos criollos y populares contra las autoridades puestas por España. Allí se proclamó fidelidad al rey Fernando VII e incluso se habló de libertad. Pero esos movimientos nunca crearon un gobierno propio ni una junta soberana, que durase y concluyera en una verdadera Constitución, como se lo hizo en Quito en febrero de 1812.

*Historiador e investigador sociopolítico.

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