24 de March de 2015 20:48

El estudio del Puñay, con nuevos resultados

El cerro Puñay es un punto arqueológico referencial, que se creía que tenía forma de guacamaya; nuevos estudios revelan que es antropomorfo. Foto: Cortesía.

El cerro Puñay es un punto arqueológico referencial, que se creía que tenía forma de guacamaya; nuevos estudios revelan que es antropomorfo. Foto: Cortesía.

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Dalia Montalvo
Redactora
(F- Contenido intercultural)

La Expedición Puñay, como se llama el proyecto generado por la Escuela Politécnica de Chimborazo y el Municipio de Chunchi, incluyó la tecnología dentro de sus estudios. Después de la última valoración que se hizo en la montaña se determinó que el cerro es antropomorfo.

El sitio arqueológico patrimonial corresponde a un conjunto de estructuras de tipo piramidal, explica Cristiam Aguirre, uno de sus descubridores y jefe del grupo de estudios del cerro sagrado.

“Este complejo se forma con dos plataformas elípticas, unidas a través de una terraza de tipo trapezoidal, a unos 4 metros de diferencia en altura, respecto de las dos plataformas”.

Según el arqueólogo, en los alrededores de la montaña se encuentran ciertas características piramidales a manera de terrazas escalonadas con una orientación predominante noreste, las de mayor extensión, y con orientación noroeste la continuación de terrazas escalonadas de menor dimensión.

Incluso, agrega Aguirre, de acuerdo con los detalles arquitectónicos que tiene el denominado pukara (monumento del mundo andino) se puede determinar que la pirámide escalonada termina en dos plataformas circulares, tiene pisos semicirculares y dos rampas de acceso, por lo que se la podría vincular con el cerro del diluvio de la Cultura Cañari.

Desde el aire, la montaña tiene la forma de un ave. En el primer estudio se creía que era como una especie de guacamayo. Sin embargo, cuenta César Ortega, del Municipio de Chunchi, ahora se la ve como un ave, pero acostada. “Se la puede relacionar con el culto que el pueblo Cañari tuvo”.

Según la leyenda, hace 4 657 años, la cima del Puñay habría sido un centro religioso ceremonial para los cañaris, quienes descienden de la mítica guacamaya. “Primero se estableció una base desde donde partieron las demás terrazas, que luego formaron el cuerpo del ave”, añade Ortega.

El Puñay, además, y al igual que el resto de pirámides de Sudamérica, termina en dos plataformas elípticas; una de ellas cuenta con dos rampas que tienen la alineación astronómica, la una relacionada con el equinoccio (21 de marzo y 23 de septiembre) y la otra con el solsticio (21 de junio).

Para el antropólogo Patricio Carrillo, el trabajo tiene una sustentación técnica e histórica: “No responde al imaginario, sino que existe un fundamento científico por la labor arquitectónica e interpretativa. Tucumera (Señor de Sipán), que se encuentra en el Perú, es la pirámide considerada la más larga del planeta, y el Puñay la supera con 120 metros”.

Precisamente dos de los integrantes de la Expedición Puñay estuvieron en Perú, la semana pasada. Ahí se analizaron las similitudes de las pirámides que existen en ese país con el cerro ubicado en Chunchi.

Aguirre dice que se trata de una pirámide de siete pisos, que tiene forma en alto relieve. Tiene 540 metros en construcción y 55 metros de altura. “Quienes hicieron el trabajo debieron tener conocimientos en diseño, ser arquitectos o ingenieros, para darle esa forma tan peculiar”. La pirámide, además, estaría construida en sus taludes con piedra, arcilla y cal, “esto le permitió soportar la erosión hídrica y eólica”.

Diego Andrade, de Drone & Gis, explica que el trabajo que se realizó en el lugar fue levantar fotografías aéreas georreferenciadas del sitio, así como de los alrededores del sector (cerca de 20 hectáreas).

Para esto, añade Andrade, se utilizó un sistema aéreo no tripulado con equipo fotográfico incorporado de alta resolución. “La fotogrametría digital nos permitió tener tomas satelitales que ayuden a identificar la forma real de la montaña”.

La idea de los estudios es generar un parque arqueológico en el que se incluyan tres espacios. El primero es una ruta precolombina que cruza toda la montaña; en el sendero que tiene caminerías empedradas se pueden realizar actividades deportivas de aventura.

Otro es, justamente, en la pirámide en donde se pueden desarrollar ceremonias ancestrales. El tercer punto del proyecto es crear un centro de interpretación intercultural.

El pasado mes de diciembre, el proyecto formó parte de las exposiciones del Congreso Iberoamericano de Patrimonio Cultural. El encuentro se desarrolló en Zacatecas, México.

El siguiente paso- y previsto para mediados de este año- es iniciar el proyecto de estudio de la ocupación precolombina en la zona. A partir de esta investigación se podrá conocer la dinámica cultural de la montaña, desde cada una de sus estructuras: pisos, plataformas y rampas. Esto será a escala de la excavación arqueológica.

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