28 de agosto de 2016 10:47

Un pronóstico científico pone fecha de extinción del cóndor

Otavalo  Ecuador 21/05/2014,  Con rastreador satelital y bandas alares Liberaron al cóndor "Polito" en el Parque Cóndor. Foto: Paul Rivas Bravo / El Comercio

Otavalo Ecuador 21/05/2014, Con rastreador satelital y bandas alares Liberaron al cóndor "Polito" en el Parque Cóndor. Foto: Paul Rivas Bravo / EL COMERCIO

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Valeria Sorgato

En 63 años es probable que nuestros nietos vean la muerte del último cóndor del Ecuador. En el colegio les contarán sobre esa ave que está en el Escudo Nacional y que, por negligencia de quienes pudieron hacer algo para salvarlo, será solo eso: una imagen.

Un estudio de Wildlife Conservation Society (WCS) pronostica que si el lugar donde viven los cóndores cambia el doble de rápido que al ritmo actual, la especie se extinguirá en poco más de seis décadas. En esta investigación se utilizaron datos del último censo poblacional del ave en Ecuador, realizado en septiembre del 2015.

Los resultados del censo demostraron que en el país existen entre 94 y 102 individuos libres. Es una cifra alentadora comparada con los menos de 70 individuos que se estimaba antes de ese año. Sin embargo, para científicos como Adrián Naveda, de WCS, la situación es más compleja.

En Ecuador, el cóndor ocupa aproximadamente una extensión de 49 725 km2, entre los 1 300 y 4 500 metros sobre el nivel del mar. Dentro de esta área, el paisaje es un mosaico compuesto por cultivos, pastizales, páramo, pueblos, infraestructuras y plantaciones forestales, entre otros. Esta extensión provee de suficientes recursos para la población de cóndores que existe actualmente.

La cobertura de la tierra no es estática: el páramo se convierte en pastizales o los cultivos en páramos. Cuando esto ocurre, el hábitat actual del cóndor se modifica y los recursos para la población actual de la especie también varían.

Con este escenario claro, los científicos de la WCS predijeron el futuro del cóndor ecuatoriano con un modelo matemático y los datos del Ministerio del Ambiente (MAE). “Si la situación actual de amenazas al ave en Ecuador se mantiene, es decir, la pérdida de hábitat sigue en 0,8% anual y sigue la cacería de un ejemplar al año, la especie no se va a extinguir, pero su tamaño poblacional comenzará a disminuir dentro de 15 años”, dijo Naveda. Si la pérdida fuera del 1,6% anual, el cóndor estaría condenado a la extinción en Ecuador.

La diversidad genética es una razón por la cual la población de esta ave disminuirá, a pesar de que no haya alteraciones en su hábitat. Cuando en una población pequeña la genética entre individuos es similar, lo más probable es que cualquier cambio brusco -una epidemia, altas temperaturas o incendios- afecte a todos.

Una población pequeña y un hábitat reducido es lo que hace que el cóndor ecuatoriano aún esté en peligro crítico, dijo Francisco Prieto, subsecretario de Patrimonio Natural del MAE. La cuestión por resolver es si pueden los páramos ecuatorianos albergar mayor número de cóndores.

No existe evidencia de que el hábitat del cóndor en el país haya sido capaz de brindar suficientes recursos para una población más grande. Si es así, la conservación del cóndor, según Prieto, no debe estar enfocada solo en proteger el hábitat, sino también en evitar la cacería o el envenenamiento. De hecho, en el último censo, de los 87 dormideros registrados, 58 estaban fuera de las áreas protegidas, tales como zonas de ganadería. Puede que el cóndor se haya adaptado a comer la carroña de ganado, según el subsecretario.

Con esta observación coincide Sebastián Kohn, biólogo del Grupo Nacional del Cóndor Andino, quien advierte que un plan de retiro del ganado puede ser peligroso para el ave. En todo caso, alega que se deben preservar los páramos, bosques secos y desiertos para salvar a la especie en Ecuador. Estas reservas sirven como refugio para los cóndores y para los animales que son alimento.

Después de compilar varios estudios, Kohn y otros científicos llegaron a la conclusión de que las zonas prioritarias para la conservación son: los páramos de los Andes Orientales (desde los Llanganates hasta el Cayambe), los Andes occidentales (desde Cotacachi–Cayapas hasta la ­Reserva El Ángel), y al sur en las provincias de Loja y Azuay alrededor del río León.

Los programas de liberación también ayudan a conservar este animal. Las poblaciones del ave en Ecuador, Venezuela y Colombia son las más amenazadas. Ecuador tiene el 0,9% de los cóndores a escala mundial, un valor por debajo de los reportados en Perú (2 500 individuos), Bolivia (253) o Chile y Argentina (3 000 cada uno).

En el caso argentino, en el 2015 se liberaron 58 cóndores nacidos en cautiverio, de los cuales 48 fueron soltados en la costa atlántica, donde se extinguieron hace 200 años. Así cuenta Max Araujo, especialista en cóndores, que trabajó como voluntario en Bioandina (Argentina).

Ecuador no se queda atrás. Gracias al Grupo Nacional del Cóndor Andino, para octubre de este año -por primera vez- está previsto liberar a tres pichones nacidos en cautiverio: Churi, Huay­ra y Killary. Los tres residen en la Hacienda Zuleta, donde se encuentran en procesos de adaptación al clima y dieta de su próxima casa.

Por eso, hay esperanzas de que nuestros nietos puedan conocer al cóndor, no solo en el Escudo sino en libertad, volando entre los peñascos andinos más empinados.

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