17 de April de 2014 00:00

El programa Prometeo cautiva a maestros extranjeros y repatriados

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Martin Evans tiene 70 años. En mayo, su esposa, Silvia De Schiller, también cumplirá esa edad. Están jubilados de la Universidad de Buenos Aires (UBA), pero se mantienen con el cargo de profesores 'consultos', un título honorífico y ad honórem, que permite aprovechar su experiencia.

Esta pareja es parte del Programa Prometeo, de la Senescyt. Ambos llevan casi un año ligados al Instituto de Investigación y Posgrado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central.

Allí han ofrecido talleres para quienes desarrollan tesis de grado. Además, han dado cátedras a los estudiantes de maestría. Entre otras, sus clases han sido sobre morfología y ecología urbana, principalmente relacionada a rehabilitación de edificios históricos. Pero también sobre planificación local y regional. También transporte y movilidad humana.

Ella es argentina y él, inglés. Tienen dos hijos de 34 y 38 años y dos nietos, Olivia y Jim, de 5 y 3 años respectivamente. Los dos cuentan con PhD en Arquitectura y Sustentabilidad en Arquitectura y Urbanismo.

El lunes (21 de abril de 20149 terminarán su período de un año como Prometeos. Volverán a su país de residencia y a trabajar en la UBA.

En Ecuador, el reglamento de Carrera y escalafón docente, que rige desde octubre del 2012, obliga a los profesores que hayan cumplido 70 años a jubilarse. Esto causó críticas y problemas para reemplazar a los catedráticos. Por ejemplo, el director del Instituto de Investigación y Posgrado de Arquitectura, Clímaco Bastidas, acaba de retirarse.

Al cumplir 65 años, Silvia De Schiller y Martin Evans dejaron la cátedra, pues habían formado relevos en docencia e investigación, alrededor de 30.

Sus clases eran de diseño bioambiental, arquitectura solar y energía en edificios. Ella cuenta que en la UBA hay algunas tareas pendientes, no como docentes, para asesorar; dirigen el centro de investigación y una consultoría.

El programa Prometeo empezó en el 2011, con el objetivo de ligar a maestros de otros países, con PhD, a las universidades locales. Hay 312 maestros extranjeros y repatriados, que son parte de esa iniciativa. Algunos de ellos van por su segundo o tercer período. En la Universidad Central trabajan 11.

En principio el proyecto se denominaba Prometeo Viejos Sabios, pero nunca dejó de lado a docentes más jóvenes. Y era obligatorio que quien llegase de maestro a un centro de educación superior se integrara a un ente de investigación.

Por eso, la pareja de arquitectos trabajó en proyectos con el Parque Nacional Galápagos. Asesoraron en el diseño de edificios, son alrededor de 100, entre puestos de entrada, oficina y viviendas, comentan.

Ellos trabajaron el proyecto del nuevo aeropuerto de Sey­mour, en Baltra. Manejan el concepto de arquitectura que responde a las condiciones locales. Lo que llaman 'diseño bioclimático o bioambiental'.

Hoy no es requisito que los Prometeos se vinculen a una institución de investigaciones.

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