29 de enero de 2017 17:27

Llegó la hora de hablar: ¡No más acoso!

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Paula Merchan

"Necesito llegar a casa”, pensó cuando despertó en una cama desconocida. Sin zapatos y con el pantalón suelto, bajó corriendo los cuatro pisos que la separaban de la calle. Tomó el primer taxi que vio y, algo desorientada, lo guió hasta la casa de su hermano.

Esto sucedió luego de la peor noche de su vida, hace siete meses. Karla Maldonado (nombre ficticio), de 22 años, es una profesora quiteña que, luego de haber sido violentada por tres desconocidos, ahora decidió contar su historia.

Como ella, más de 22 mil mujeres alzaron su voz en redes sociales en el grupo cerrado de Facebook ‘#Primer Acoso’. La creación de esta agrupación estuvo a cargo de Verónica Vera y de Francisca Frisone, dos activistas ecuatorianas que luchan porque la violencia contra las mujeres tenga un punto final.

La iniciativa
La idea nació al ver que en otros países de América Latina (México, Argentina y Perú), las iniciativas ‘Mi Primer Acoso’ invitaban a las mujeres a contar sus historias de acoso y violencia. Las fundadoras de Ecuador decidieron que lo mejor era crear un grupo secreto para cuidar la seguridad de quienes compartan sus experiencias y luego mudar a una ‘fan page’ pública para llegar a más gente.

“En Ecuador, seis de cada diez mujeres han sufrido algún tipo de violencia”, dice Verónica Vera. El problema –añade– es que todas esas estadísticas se quedan en datos, en números y no hay un rostro ni una historia personal.

Los propósitos de esta iniciativa se encauzan en tres sentidos: visibilizar esta problemática, romper el silencio de las mujeres y generar espacios de encuentro en los que las mujeres se apoyen entre sí.

Para ingresar al grupo, las invitadas debían ser añadidas por sus amigas. Ahí podían leer las historias que ellas compartían y también estaban convocadas a contar las suyas.

Muchas mujeres sintieron el impacto al ver que ‘eso que les pasa a las otras’ le había ocurrido a su mejor amiga, prima o compañera de colegio. Eso que ‘solo sucede en los estratos sociales bajos’ estaba ocurriendo en su mismo círculo social, mucho más cerca de lo que se imaginaban.

En pocos días, el grupo llegó a tener más de 22 000 miembros, quienes además de brindar apoyo a las víctimas, proponían estrategias. Incluso, se organizaron para aprender defensa personal y estar mejor protegidas.

El impacto no fue solo en mujeres. “Muchos varones nos han escrito diciendo que no sabían que este tema era tan fuerte”, señala Vera. Se creó la iniciativa ‘Las Apoyamos’, en que los hombres se comprometían a nunca más ser ‘cómplices’ de sus amigos cuando fueran testigos de algún acto de violencia en contra de las mujeres.
Se trata de sacar a la violencia del espacio privado y hacerlo público, para evidenciar que las mujeres están siendo maltratadas en su familia, escuelas, trabajo y en la calle.

Violencia psicológica
“¡Ándate! ¿Te vas a ir adonde tu mamá, que no te quiere?”
Diana Chiriboga escuchó esa frase infinitas veces antes de tomar la decisión de dejar a su pareja. Durante 16 años recibió golpes, tantos que en dos ocasiones tuvo que ir al hospital porque no se podía mover. Pero lo peor no fueron los golpes, sino el silencio.

En los mismos 16 años nunca soltó una queja. “Porque pensaba que nadie me iba a creer”, cuenta Chiriboga. “Él siempre mantuvo una imagen de persona impecable, buen trabajador, buen padre”.

La Ley Contra la Violencia de la Mujer y la Familia define a este tipo de violencia como “toda acción u omisión que cause daño, dolor, perturbación emocional, alteración psicológica o disminución de la autoestima de la mujer o familiar agredido”.

En Ecuador, este tipo de violencia es el más común. El 53,9% de todas las mujeres la ha sufrido, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Relaciones Familiares y violencia de género en contra de las mujeres.

Según Alejandra Guerrón, responsable del área de violencia y del programa Ciudades Seguras en ONU Mujeres Ecuador, la violencia es un tema muy cotidiano en la sociedad. “Las mujeres no hablamos quizá porque es una temática tan normalizada y como sientes que te pasa solo a ti, piensas: qué hice yo de malo para que me suceda esto”, explica Guerrón.

Cuando llegaron los detectives para constatar el estado de Karla Maldonado, ella pensó que todo había acabado. Sin embargo, cuenta que sus preguntas despertaron culpa y la sensación de que ella había provocado todo.

Hablar para sobrevivir
El 20 de enero el polémico empresario Donald Trump se posicionó como Presidente de Estados Unidos. Los ojos del mundo lo siguieron, pero al día siguiente otro evento le quitó protagonismo: la Marcha de las Mujeres.

Según expertos en multitudes, al revisar fotografías y videos, la asistencia a la marcha fue tres veces mayor a la de la inauguración de la presidencia de Trump. Ellas -y ellos- tenían un objetivo claro: mostrar su desacuerdo con los lineamientos del flamante Presidente, acusado de machista y misógino. Ellas y ellos hablaron, porque han aprendido que solamente así se puede evidenciar la disconformidad.

Hablar es fundamental para sobrevivir y también para ‘revivir’ luego de una experiencia de violencia. Según Mónica Jurado, psicóloga experta en abuso sexual, este es el primer paso para superar el trauma. “Es muy importante porque al decirlo se desata un efecto de sanación”, explica Jurado.

Decirlo en grupo es aún más efectivo. Cuando uno sufre -señala- se siente solo, único en ese sufrimiento. Cuando se lo comparte en grupo aparece la identificación al darse cuenta de que no son las únicas pasaron por esas experiencias.

La mujer que tuvo una experiencia de violencia crece con la sensación de haber sido la culpable. Mientras más tarde una mujer logra hablar, más tiempo tomará su sanación. “(Ellas) no consiguen procesar ese hecho de violencia, no le dan un sentido adecuado y se quedan fijadas en la culpa”.

Los efectos psicológicos trascienden casi siempre a consecuencias de la salud física. Para Jurado, la más común es el trastorno de la imagen corporal. Algunas llegan a tener bulimia y anorexia y problemas en su sexualidad, como frigidez, promiscuidad, anorgasmia (falta de orgasmo) y vaginismo (la vagina se cierra).

“Él me hizo olvidar de quién soy yo como mujer y persona”. Ese es el dolor más grande de Diana Arteaga, una joven que por seis años estuvo en una relación de abuso. Luego de recibir mucha psicoterapia, dice que por fin ya no es víctima.

Sí, el primer y más importante paso es hablar. Pero a ello, le debe seguir un acompañamiento profesional, en que se pueda apreciar el grado de afectación que dejó la violencia para recuperar una vida sin culpa y valentía y confianza.

Karla Maldonado no sabe quiénes fueron sus agresores porque no tiene mayor recuerdo de esa noche. Pero sí es consciente de que puede salir adelante. “Lo que hizo alguien sin escrúpulos, no tiene por qué definirte a ti como persona”, concluye Maldonado.

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