15 de julio de 2016 00:00

Posorja debe su nombre a la princesa Espuma de Mar

El muelle de la parroquia de Posorja es uno de los sitios de esta localidad donde más se registra movimiento. La mayoría de sus habitantes se dedica a la pesca. Foto: Mario Faustos/EL COMERCIO

El muelle de la parroquia de Posorja es uno de los sitios de esta localidad donde más se registra movimiento. La mayoría de sus habitantes se dedica a la pesca. Foto: Mario Faustos/EL COMERCIO

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Ronald Ladines
Redactor
(F- Contenido intercultural)

Posorja es el último poblado en la Ruta del Pescador, a 21 kilómetros de General Villamil Playas. Esta parroquia rural de Guayaquil, que se dedica mayoritariamente a la pesca, guarda una de las leyendas más representativas de la Costa ecuatoriana.

Según la historia, la princesa Po-sor-já, que dio nombre a la localidad, vivió en esa tierra en la época precolom­bina. Era una vidente que predijo la caída del imperio Inca por la llegada del hombre ­blanco a las costas.

En la parroquia, donde se construirá el puerto de aguas profundas, todos conocen la leyenda. Jóvenes y ancianos saben de dónde se deriva el nombre del puerto pesquero.

A Andrés Tomalá, de 50 años, le contaron esta historia cuando era niño. Su padre lo reunió con sus tres hermanos para narrarla durante un almuerzo.

Por ello recuerda que según esta leyenda, Po-sor-já significa ‘Espuma de mar’. Ese nombre se le dio a la princesa, que llegó a esas costas en una balsa.

Ella era blanca y de cabello rubio y largo. Según el libro ‘20 leyendas ecuatorianas y un fantasma’, escrito por Mario Conde en el 2012, la niña portaba unas finas mantas estampadas con jeroglíficos y llevaba en el pecho un colgante adornado con un caracolillo de oro. Y fue tratada como una deidad por los nativos gracias a sus habilidades para predecir el futuro.

En la leyenda se menciona que la última predicción de la princesa fue la muerte de Atahualpa, en la Sierra. Luego de eso se fue del poblado y tras tocar su caracola desapareció en el mar, tal y como llegó.

Gabriel Pino Roca cuenta una historia similar en su libro ‘Leyendas, tradiciones y páginas de la historia de Guayaquil’. Allí narra la vida de la princesa blanca que encantó a los indígenas de esa época.

Miguel Chuqui, vocal del Gobierno Autónomo Descentralizado (GAD) de Posorja, dice que esta parroquia guarda la leyenda como un tesoro, arraigado en cada uno de los habitantes. Por eso hay un monumento a la princesa en las calles Juan Colan y Gutiérrez Chaguay, ubicado en pleno centro del poblado.

La estatua mide aproximadamente un metro y está colocada sobre una base de cemento. Está rodeada por una cerca metálica. La parroquia, que se extiende en 73 km², cuenta aproximadamente con 25 000 habitantes.

Posorja era el principal balneario de la Costa ecuatoriana hasta la década del 40, según cuenta Chuqui. Allí tenían casas los acaudalados guayaquileños que vacacionaban por largas temporadas.

El funcionario explica que con las carreteras que empezaban a construirse, playas como Villamil y Salinas tuvieron mayor notoriedad. Los pobladores se dedicaron a la pesca y en la actualidad acoge a grandes empresas, principalmente atuneras y camaroneras.

Geovanny Quijije, administra el Hostal Posorja (en el malecón de la parroquia), cuenta que es poca la actividad turística en esta época del año. Cobra USD 12 por el hospedaje.

Pero como todos los habitantes de Posorja espera que con la construcción del Puerto de aguas profundas, el negocio prospere. El Gobierno entregó la construcción y operación a la empresa dubaití DP World.

Posorja es una parroquia de paso para el turismo, según Quijije. Desde allí salen las lanchas con paseos hacia el islote Los Farallones y a la isla Puná. Los viajes cuestan entre USD 2 y 10 por persona.

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