24 de septiembre de 2016 00:00

Si va a Portoviejo, Hojas-Jaboncillo es un destino imperdible

El centro, ubicado en la parroquia Picoazá, es una alternativa turística y pedagógica para quienes visitan Portoviejo. Atienden todos los días.

El centro, ubicado en la parroquia Picoazá, es una alternativa turística y pedagógica para quienes visitan Portoviejo. Atienden todos los días. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

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Ronald Ladines
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

En el parque arqueológico Hojas-Jaboncillo se esconden vestigios de la cultura Manteña, que habitó entre 900 y 1520 antes de Cristo. Es el asentamiento más grande que se ha encontrado en el país, de una civilización que se extendió desde la cuenca del Río Guayas, hasta las costas de Esmeraldas.

Ubicado en la parroquia Picoazá, en el sur de Portoviejo, este parque se apunta como una de las principales atracciones turísticas de la ciudad. Tiene un museo tradicional en la parte de baja del cerro, y un museo de sitio en la parte alta.

El complejo, que se extiende por 57 hectáreas, es visitado por 30 turistas diariamente, pero el fin de semana sube hasta 120. La atención se inicia a las 08:30 y se extiende hasta las 17:00. El ingreso es gratuito.

Este parque forma parte de las 3 500 hectáreas que fueron declaradas Patrimonio Cultural y Natural de los ecuatorianos, en el 2009. La declaración comprende los cerros Bravo, La Negrita y Guayabal.

Al museo de sitio se llega tras 3 kilómetros de un camino pedregoso, cerro arriba. El turista encuentra estructuras de caña guadúa y grandes ceibos. El recorrido dura aproximadamente una hora y media. La visita se organiza por grupos de turistas, encabezados por un guía, oriundo de Picoazá, que explica el legado cultural que dejaron los Manteños.

Hay tres cabañas o centros de interpretación, donde se destacan diferentes aspectos de la cultura ancestral. Estas se asemejan a las construcciones tradicionales manteñas. Techo de paja, paredes de enquinche (barro, estiércol y hojas) y una base piramidal de piedras, con una rampa al frente, a manera de ingreso.

Fátima Palma, guía del parque, cuenta que las personas de Picoazá aún mantienen los rasgos físicos de los manteños. “Aún tenemos la nariz aguileña y los ojos achinados”, dijo entre risas la mujer.

Los visitantes también pueden disfrutar de la flora y fauna del lugar. Se registran 200 especies de animales, entre las que se destacan el tigrillo y el venado de cola blanca, además de 100 variedades de árboles, como el ceibo. En el lugar, la temperatura oscila entre los 26 y 32 grados centígrados.

Como atractivo pedagógico, en el lugar se realizan excavaciones arqueológicas, para que los visitantes observen de cerca el trabajo de descubrimiento, desentierro y limpieza de piezas de cerámica, osamentas...

Juan Jijón, arqueólogo quiteño, es uno de los encargados de las excavaciones. Él deja de lado su trabajo para conversar con los visitantes. Les cuenta el proceso científico que realiza. Uno de los puntos que más agrada al turista es el mirador. Este se encuentra en la parte más alta del cerro, a 600 metros sobre el nivel del mar.

En este punto hay dos réplicas de las sillas de poder, que usaban los caciques y chamanes manteños. Desde allí también se tiene una vista periférica de Portoviejo. Realizan vinculación con la comunidad. Además de las capacitaciones a los guías, los lugareños acuden al lugar para recibir talleres de gastronomía, serigrafía y bordado, con la finalidad de mantener el legado cultural de la localidad.

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