5 de diciembre de 2014 19:48

Unas piscinas que se ‘meten’ en el océano

El agua azul de esta moderna piscina de una vivienda particular parece que se introduce en el verde turquesa que pinta el océano Pacífico a la altura del acantilado mantense.Foto: El Comercio

El agua azul de esta moderna piscina de una vivienda particular parece que se introduce en el verde turquesa que pinta el océano Pacífico a la altura del acantilado mantense.Foto: Patricio Ramos/ EL COMERCIO.

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Patricio Ramos
Redacción Construir

El perfil costero de Manabí no solo es aprovechado por los constructores para incluir la vista panorámica del océano desde sus proyectos inmobiliarios. También incorpora las piscinas, que son elementos fundamentales en estas edificaciones de alta gama.

La tendencia prevalente en este momento son las de corte infinito o sin fin. Desde San Clemente, por el norte, hasta Puerto López, en el sur, estas albercas parecen fusionarse con el mar en un solo elemento.

¿Cómo es posible? Las infinitas son piscinas en las cuales uno de los lados está bajo nivel del agua. Eso produce el desbordamiento del líquido y da la impresión -desde el interior- que la línea del horizonte se une con la lámina de agua por lo que parece que la piscina no acaba nunca, comenta Carlos Garcés, arquitecto del grupo GEM Constructores.

Garcés, junto con Jaime Miranda y Óscar Reyes, han diseñado y construido en Manta cuatro edificios de apartamentos. En estos proyectos de alta gama, estos equipamientos forman parte de los valores agregados de mayor relevancia.

Una de las ventajas de esta tipología es que se asegura una limpieza eficaz, debido a la constante renovación del agua que evita la acumulación de cualquier tipo de basura sobre la superficie del fondo.

En el complejo de apartamentos Myconos -recientemente inaugurado en Manta- la alberca da la apariencia de ser una extensión del océano.

El mismo concepto manejó Garcés en los proyectos Santorini, Alcántara y Oceanía. Similar sensación se observa en 10 edificios más, ubicados en la zona de los acantilados en las playas El Murciélago y Barbasquillo. Dos hoteles cinco estrellas también brindan ese tipo de comodidades: Manta Host y Oro Verde.

En San Clemente, noreste de Manabí, el espejo de agua sinfín del complejo hotelero Palmazul parece unirse con el mar.

Alejandro Arias, estudiante de arquitectura de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (Uleam), en un trabajo de investigación sobre las piscinas sin fin, concluye que “los diseños son muy populares en las construcciones de alta gama, tanto en edificios de apartamentos y residencias particulares. También son muy costosas pero, sobre todo, permiten al diseñador dejar volar su imaginación”.

En las urbanizaciones que están al pie del acantilado, las piscinas infinitas están relacionadas con el entorno arquitectónico que busca lograr el efecto visual de expansión ilimitada. Para Garcés, estas piletas invitan al descanso y al relax a cielo abierto y con el mar a la puerta.
Uno de los complementos de estas albercas es la vegetación.

Palmeras y veraneras en jardineras estratégicamente ubicadas juntan al paisaje marino con el proyecto inmobiliario. Los pasamanos y balcones de acero inoxidable son una norma, especialmente para garantizar la seguridad de niños y adultos mayores. Las palmeras de botella que poseen raíces superficiales son idóneas para este tipo de emprendimientos: ponen el toque verde, necesitan de poco mantenimiento y no causan daños en la estructura de la piscina.

El mobiliario debe estar acorde. Se privilegian los muebles de exterior de ratán o fibras sintéticas similares. Las chaises longues y las sillas largas que permiten el descanso total son las preferidas. Claro, con sus respectivos parasoles.

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