26 de diciembre de 2015 00:00

Un Picnic literario para vivir en familia

Uno de los trabajos de los voluntarios es compartir las lecturas con los niños que visitan este espacio. Foto: Archivo Picnic de palabras

Uno de los trabajos de los voluntarios es compartir las lecturas con los niños que visitan este espacio. Foto: Archivo Picnic de palabras

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Gabriel Flores

El primer domingo de junio del 2012, un grupo de amantes de la lectura acudió hasta el parque de Alcalá, en Bogotá con el objetivo de armar su primer Picnic de Palabras.

Llegaron con mantas cuadriculadas y una canasta con 25 libros infantiles; materiales que desde ese día les ayudarían a fomentar la lectura en familia en los parques de Colombia. 


Una de las personas que replicó esta iniciativa en el país -también se realiza en México y Argentina- fue Emilia Andrade. Ella se contactó con las personas del Picnic de Palabras de Bogotá para que le enviaran la información necesaria para armar uno en el país. 


En Quito, el Picnic de Palabras se inició en noviembre del 2014. Para el primer pícnic, Andrade convocó a cuatro amigas que debían hurgar en sus bibliotecas personales y compartir esos libros que las sedujeron durante su infancia.


El siguiente paso fue escoger un parque que esté dentro de la zona urbana de la ciudad. Andrade se decantó por La Carolina, justo detrás del Jardín Botánico, a la altura del parqueadero de la avenida Amazonas y República. 


Para el primer ‘menú’ literario del Picnic de Palabras, Andrade llevó un par de manteles y una docena de textos, sobre todo, de ilustración y libros álbum. “Desde el inicio pensamos que los libros que formarían parte de nuestro ‘menú’ tenían que ser atractivos para los niños y sus padres”.


Para que el Picnic de Palabras sea operativo, Andrade armó un equipo de base -todos voluntarios-. Una persona que se encarga del cuidado de los libros, otra que recorre el parque invitando a las familias y una que realiza el registro fotográfico y de video. Andrade comenta que su trabajo es el de una mediadora.

Pregunta a las familias si tienen interés en una temática específica o acompaña en la lectura cuando alguno de los niños le pide que le lea. “Les damos opciones a las personas que nos visitan pero son ellos los que tienen la decisión final de qué leer”.


Durante el primer año del Picnic de Palabras, este puñado de voluntarios ha visto como los niños son los más entusiastas al momento de recibir la invitación a leer. Entrelos momentos entrañables que Andrade guarda en su memoria están las lecturas que los niños hacen a sus padres.

A veces -dice- ellos leen una página y sus papás la siguiente, la lectura también puede ser a dos voces.
Ahora el Picnic de Palabras cuenta con 80 libros que han recolectado a través de donaciones de editoriales. Incluso hay textos en inglés que Andrade trajo de Nueva York.


El Picnic de Palabras se realiza los domingos cada 15 días, desde las 10:00 hasta las 12:00. En el 2016 se abrirá uno de estos espacios en Cuenca.

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