5 de noviembre de 2017 00:00

Una pesadilla llamada secesión

Mujeres kurdas apoyan al presidente del Kurdistán iraquí, luego del referéndum de independencia. Foto: AFP

Mujeres kurdas apoyan al presidente del Kurdistán iraquí, luego del referéndum de independencia. Foto: AFP

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Agustín Eusse
Editor (O)

Un convulso referendo ilegal, protestas masivas, la presunta proclamación de una república y la caída de un Gobierno: España vive los momentos más tensos e imprevisibles de su historia reciente por el desafío soberanista en Cataluña.

Pero el estallido independentista no se agota en España, sino que coloca a Europa y a Occidente frente a sus propios replanteos políticos no resueltos. Y con matices en cada caso: referendo de independencia en Escocia, la aventura del Brexit, avance de las extremas derechas xenófobas, multiplicación de los soberanismos y nacionalismos. En Europa existen 36 movimientos separatistas, según el ‘think-tank’ European Free Alliance. De tener éxito, alterarían el mapa del continente y transformarían su política y su economía.

En medio de ese campo minado, existen algunos casos particularmente emblemáticos que empiezan a convertirse en una auténtica pesadilla para sus respectivos gobiernos centrales: Escocia, Irlanda del Norte (Reino Unido), Flandes (Bélgica), Groenlandia e Islas Feroe (Dinamarca), Córcega y Bretaña (Francia), Baviera (Alemania) y Cataluña y el País Vasco (España).

A solo unos días de la votación catalana, llamó particular atención el referendo de autonomía efectuado el pasado 22 de oc­tubre en Lombardía y Véneto, dos de las tres regiones más ricas e industrializadas de Italia. La mayoría de los habitantes de Venecia afirmó que acudirá a votar para poner fin a la “mala gestión” del Estado.

El éxito de los plebiscitos no vinculantes en Lombardía y Véneto, a favor de reclamar más autonomía al Gobierno, encienden el debate federalista mientras más regiones se plantean exigir una mejora de su financiación y mayores competencias. Estas zonas sufren agravios económicos por parte de Roma. Lombardía, la ventana de Italia a Europa, arrastra hoy un déficit fiscal de 54 000 millones de euros anuales y Véneto de 13 000 millones.

La inconformidad, sin embargo, no es reciente. El territorio histórico de la república independiente de Venecia, correspondiente en parte a la actual región italiana de Véneto, y una de las grandes potencias mediterráneas hasta la invasión napoleónica de 1797, fue incorporado al Reino de Italia en 1866, tras pasar por las manos primero de Francia y después de Austria. En un polémico referéndum no oficial, celebrado en el 2014, el 89% de los votantes en esta región se declaró a favor de independizarse del Gobierno de Roma.

En Cerdeña, la segunda isla más grande de Italia y del Mediterráneo, los separatistas se ven animados por lo que ocurre en Cataluña. El movimiento autonómico Unidos llevó incluso al Parlamento de Roma un borrador de ley para pedir un referéndum de independencia.

Como resultado de su historia turbulenta, sus particularidades culturales y regionales, y la obsesión de conservar intacta su identidad, sumados a la opresión de grupos étnicos minoritarios y a la influencia que ejercen los demonios nacionalistas, Europa está lejos de ser una región sosegada o estable, señala en una entrevista a diario La Nación, Vincent Laborderie, profesor en la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica.

Pero en el mundo también persisten conflictos históricos donde está en juego el principio de autodeterminación y el derecho de un pueblo de tener un territorio. El 25 de septiembre, una aplastante mayoría de los kurdos del norte de Iraq votó por la independencia del Kurdistán iraquí. Se calcula que hay entre 40 y 50 millones de kurdos repartidos entre cuatro Estados (Iraq, Turquía, Siria, Irán).

Todos comparten una lengua y una cultura comunes, y la mayoría son musulmanes (suníes, principalmente), aunque existe también una minoría de cristianos e incluso algunos judíos. Se les considera el mayor pueblo del mundo sin un Estado propio.

Por esa razón, los nacionalistas sostienen que merecen el reconocimiento del mundo. Los kurdos en Iraq basan su reclamo de independencia en el argumento de que el iraquí es un Estado opresivo en descomposición.

“Occidente no apoya la independencia kurda, por el mismo motivo por el que no apoyará la independencia catalana. Así como España no es una potencia ocupante en Cataluña, Occidente no considera a los países que buscan impedir la independencia kurda (Turquía, Iraq, Siria e Irán) como auténticas potencias coloniales”, opina Shlomo Ben-Ami, autor del libro ‘Cicatrices de guerra, heridas de paz: la tragedia árabe-israelí’. A la inversa -señala- la causa de la independencia palestina cuenta con apoyo en todo el mundo, precisamente porque se percibe a Israel como la última potencia colonial occidental en tierras árabes.

Es esencialmente imposible que un grupo de personas reclame su propio Estado, a menos que otros Estados poderosos estén dispuestos a apoyarlos, dice Milena Sterio, profesora de la Universidad Estatal de Cleveland. Los datos de la inglesa Universidad de Coventry muestran lo difícil que la tiene cualquier proyecto separatista: desde 1980 hubo 38 referendos de independencia alrededor del mundo, en 35 de ellos triunfó el sí, pero solo 13 dieron efectivamente nacimiento a un nuevo Estado. Y en esos 13 casos, el común de­no­minador ha sido que el Reino Unido, Francia y EE.UU. apo­yaron la creación del nuevo Estado en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El sueño por un Estado propio

URSS. 
El hundimiento del bloque soviético acarreó la mayor
oleada de separatismos desde 1945. Lugansk y ­Donetsk proclamaron su ­independencia de Ucrania en el año 2014.

Quebec. En esta provincia canadiense hubo dos referendos de independencia en 1980 y 1995. En el 2006, el Parlamento reconoció a Quebec como una “nación” dentro del país.

Mapuches. Este pueblo, originario de Chile y Argentina, lleva años reclamando un mayor reconocimiento legal a sus territorios milenarios en ambos países, pero el esfuerzo es vano.

Tíbet. La región autónoma del ­Tíbet se encuentra bajo ­administración de China desde el año 1951. El Gobierno, encabezado por el XIV Dalai Lama, mantiene un Ejecutivo en el exilio.

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