27 de abril de 2015 12:37

Los perfumes personalizados llevan la ciencia a las tiendas

Telémaco Suárez, gerente y propietario de Thelab, compara al perfume con una melodía, por las notas que lo conforman. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO.

Telémaco Suárez, gerente y propietario de Thelab, compara al perfume con una melodía, por las notas que lo conforman. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO.

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Redacción Sociedad (I)

Considerados antiguamente como un bien suntuario, hoy los perfumes están más al alcance de los consumidores. Ya no se necesita ser de la realeza para tener una fragancia agradable ya que su producción no es tan costosa como en épocas pasadas.

La fabricación de estos cosméticos se remonta a la antigua civilización egipcia y su elaboración es considerada un arte. La ciencia de la perfumería estaba reservada para unos pocos que, a su vez, transmitían sus conocimientos a aprendices. A pesar de que se han cambiado los métodos de fabricación, la composición sigue siendo la misma.

Telémaco Suárez, gerente y propietario de Thelab, explica que un perfume es como una melodía que se compone de varias notas. Las notas de salida son las que se evaporan primero, éstas son las que se perciben inmediatamente después de la aplicación.

Luego de dos o tres horas se empiezan a sentir otros aromas. A estas se les llama notas de corazón y se trata de una mezcla de “acordes” de una familia olfativa: florales, frutales, orientales...Finalmente, las notas de fondo se perciben cuando el perfume ya se está desvaneciendo. Por lo general son aromas muy fuertes como musgo y madera.

Un perfume tiene cerca de 50 a 100 ingredientes. Los aceites esenciales se extraen de plantas y frutas para luego ser replicadas en laboratorios, el resultado son esencias sintéticas. Estos aceites están inspirados en perfumes reconocidos como Calvin Klein, Lacoste, Carolina Herrera, Chanel, entre otros. “Importamos las notas de corazón y de fondo para que luego el cliente pueda personalizarlo con otras notas de salida”, indica Suárez. Disponen de alrededor de 90 esencias para mujeres y 60 para hombres.

María Fernanda Villarroel, de 24 años, colecciona perfumes. “Me gustan los olores frutales más que nada”. Llegó a la tienda por recomendación de una amiga para conocer cómo se hacen los perfumes. Ella piensa que al permitir al cliente crear su fragancia también le agrega su identidad. “Es tu personalidad y eso se refleja en los olores que eliges”, indica.

La elaboración de esencias en laboratorios es lo que hace al perfume más accesible al consumidor. Por ejemplo, para obtener 30 gramos de esencia se necesitan dos toneladas de rosas por lo que el costo sería mucho mayor. “Un perfume puede costar USD 10. Lo que se paga más que nada es la experiencia de la marca, los frascos y cajas”, asegura Suárez.

Los precios varían entre USD 20 y 40 dependiendo del frasco (francés o chino) y la concentración de perfume (del 24 al 27%). Aprovecharon que los precios de los perfumes importados subieron y encontraron en esto una oportunidad empresarial. “Las personas que ya no pueden comprarse un perfume importado que les cuesta USD 70 pueden optar por personalizar uno a un costo mucho menor”, indica Suárez.

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