2 de septiembre de 2016 00:00

La cantante Petita Palma entrega la posta cultural en Esmeraldas

Alberto Castillo y su madre, Petita Palma, enseñan la tradición esmeraldeña. Foto: Marcel Bonilla/EL COMERCIO

Alberto Castillo y su madre, Petita Palma, enseñan la tradición esmeraldeña. Foto: Marcel Bonilla/EL COMERCIO

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Marcel Bonilla
Redactor
marcel.bonilla@elcomercio.com
(F - Contenido Intercultural)

Alberto Castillo se ha convertido en uno de los maestros de marimba más destacados de Esmeraldas, por su dedicación a ese instrumento musical desde hace 40 años. Enseña a 50 niños que acuden en dos horarios al Conservatorio de Música y Danza del Municipio, de lunes a viernes.

Su pasión por la marimba es un legado de su madre, Petita Palma, una de las grandes del pueblo afroesmeraldeño. Asus 90 años, esta norteña cantante de arrullos, albazos y chigualos tiene toda la fuerza para poner alegría y voz a sus composiciones musicales.

La cantora de antaño motivó a sus siete hijos a que se enamorasen de la danza tradicional y de su música. Solo Alberto, el antepenúltimo de sus hijos, logró identificarse plenamente con el folclor desde los 14 años.

Palma compartió su legado ancestral con él cuando ensayaba marimba en los portales de las casas, patios de las escuelas y hasta en las calles de Esmeraldas, en los años 70.

Su talento para el canto la llevó a internacionalizar el folclor esmeraldeño hasta posicionarlo. Castillo fue testigo de esos acontecimientos, que lo llevaron a formarse como músico ancestral y formador de los nuevos marimberos.

Las señoronas de Esmeraldas no querían que se escuchara el sonido de la marimba, porque eso era música de los negros del campo”, comenta Palma, que se muestra lúcida.

Una parte de cómo era Esmeraldas y la gente del centro de la urbe en los años 60 y 70 lo recoge el poeta afroesmeraldeño Antonio Preciado, en su libro titulado ‘De lo demás al barrio’, o en el libro de relatos de Carlos Ojeda, titulado ‘La ciudad y yo’.

La casa donde creció Alberto Castillo, que soñaba con ser futbolista, guarda las enseñanzas de sus mentores en la marimba como José Castillo, Elena Ortiz, Segundo Mina y Ecolástico Solís.

En la parte posterior del inmueble de madera, ubicado en El Potosí, ingreso de la ciudad de Esmeraldas, está su viejo taller donde elabora sus marimbas, que vende hasta en USD 1 000.

La antropóloga Cruz María Perea dice que Castillo ahí empezó a construir sus primeros instrumentos. Eran rudimentarios inicialmente, hasta que fue perfeccionando su estilo.

Siempre recibió la guía de su madre, que goza de un buen oído para afinar la chonta, madera cosechada en la selva, que aporta el sonido característico del instrumento. Dentrodel taller huele a caña guadúa, pambil y cedro, usados para la construcción el llamado piano de la selva (marimba).

En las paredes hay pequeños cuadros con figuras de la cultura afro que evocan la tradición.La casa está llena de historia, pues la madre de Alberto concentró a los mejores marimberos de la época, como Ecolástico Solís y Remberto Escobar para enseñar a más de 100 niños que se formaron con marimberos en la provincia.

Desde entonces, ese trabajo no ha cesado para seguir impartiendo los secretos de la marimba, desde su construcción hasta su forma de danzar.

En este segundo año del decenio del pueblo afrodescendiente, el maestro Castillo ha impartido talleres de instrumentos ancestrales organizados por los colegios de la provincia esmeraldeña, para difundir el folclor.

Mi sueño es que en Esmeraldas haya una gran casa en la que podamos estar los amantes del folclor esmeraldeño”, señala el artista.

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