23 de mayo de 2017 00:00

En Pedernales aún se elaboran las redes tradicionales de pesca

El pescador Livington Palacios aprendió a elaborar y reparar las redes de pesca desde que tenía 14 años.

El pescador Livington Palacios aprendió a elaborar y reparar las redes de pesca desde que tenía 14 años. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

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María Victoria Espinosa
Redactora
(F - Contenido Intercultural)

Los pescadores cholos y montuvios de Manabí aún conservan la tradición de fabricar en familia las redes que utilizan para las largas faenas de pesca.

En la comuna rural La Cabuya, en Pedernales, cada miembro del hogar colabora en la elaboración de las redes. Las mujeres se encargan de ‘consentir’ a los hombres de la casa con platos típicos manabitas.

Rosa Zambrano prepara cada mañana bolones o pescado asado para sus dos hijos y su esposo Benito Loor, quienes desde las 07:00 empiezan a armar la red de nailon e hilo. Lo hacen con una agujeta especial, elaborada con caña guadúa.

Loor aprendió ese oficio de su padre Juan, quien desde los 6 años le enseñó a reparar las redes. “Mientras tejíamos él me contaba historias sobre la navegación en el mar”.

A los 14 ya empezó a pescar y también a elaborar la aguja con la que enhebran el hilo. Hasta hace 50 años, la tradición manabita era que cada pescador hiciera su propia aguja con madera y caña guadúa. Esta debía pulirse con vidrio y la elaboración tardaba más de una semana, pero podían durarles hasta 10 años.

En la actualidad, los artesanos manabitas aún las elaboran e incluso les tallan el nombre del pescador. Loor señala que la tradición se ha perdido porque todas las herramientas ya se encuentran hechas como la red que ya viene tejida. “Con esa red solo debemos armarla y reforzar los empates”, afirmó.

Sin embargo, él aún se encarga de enseñarle a sus hijos Juan y Pedro, de 12 y 16 años, respectivamente, sobre el oficio. En vacaciones de la escuela, la reparación de redes empieza a las 07:00. Pero en temporada de clases se dividen la tarea. Juan lo hace en la mañana hasta las 12:00 cuando ingresa a la escuela.

Mientras que Pedro empieza a las 15:00 hasta las 19:00. “Es muy entretenido. Lo hacemos cerca de la playa con un grupo de amigos”, señaló Pedro Loor. Los pescadores señalan que la labor más difícil es reparar las redes. A veces, estas se desgastan por el uso; aunque hay ocasiones en las que se rompen o son dañadas por alguna especie marina.

En esa temporada, por ejemplo, aparecieron las jaibas mora que son un cangrejo morado que hace orificios en las redes. Además, las ensucia con una sustancia café, que causa daño a la piel de los hombres de mar.

Hay redes que se dañan por completo y los pescadores prefieren enterrarlas o dejarlas en el mar. Otras aún se pueden recuperar. Para eso, se deben lavar con cuidado y esperar a que se sequen. Luego empiezan a remendarlas.

Ese trabajo puede tardar hasta un mes. “Hay veces que hay tantos huecos que nos confundimos y debemos desarmarla nuevamente”, señaló Livington Palacios, de 40 años. Él aprendió desde los 14 años junto a su amigo Paco Quezada. Ellos son los únicos en La Cabuya, que no tejen en la playa. Lo hacen en la casa de Quezada. Ellos son santodomingueños y desde hace 30 años viven en el poblado rural. “Nos enamoramos de manabitas y aprendimos el oficio de la pesca de nuestros cuñados y suegros”, contó Quezada, mientras reparaba una red.

En la comuna La Cabuya, ubicada en la vía Pedernales - Jama, viven 300 familias. De ellas, 100 se dedican a la pesca artesanal y la elaboración de herramientas pesqueras.

Según el presidente de La Cabuya, Walber Bravo, el oficio es la principal fuente de ingresos desde hace 100 años. Señaló que la integración de los comuneros gira en torno a esa actividad. Hasta antes del terremoto aún se conservaban las ramadas que los pescadores hicieron hace más de un siglo para reunirse en un solo lugar y entre todos ayudarse a reparar las redes.

Con el terremoto del 16 de abril del año anterior ese lugar desapareció al igual que las redes de muchos pescadores. El pescador Alejandro Santos recordó que las faenas las realizaban en la noche y el día del sismo la mayoría de hombres se encontraba pescando. “Solo sentimos una vibración, pero quisimos regresar a la orilla y el mar no nos dejaba. Debimos soltar las redes y la pesca para alivianar peso”.

Recordó que al llegar a la orilla solo vieron escombros de lo que una vez construyeron las familias montuvias y cholas de la comuna. Desde entonces están tratando de recuperarse.

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