5 de mayo de 2017 00:00

El tejido del carrizo perdura en Paute

María Carmelina Suquinagua, de 63 años, teje con el carrizo desde que tenía ocho años. Sus padres le enseñaron.

María Carmelina Suquinagua, de 63 años, teje con el carrizo desde que tenía ocho años. Sus padres le enseñaron. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

La elaboración de canastos con carrizo es una tradición que perdura en las comunidades Zhushún, Verdellano y Marcoloma, del cantón azuayo de Paute. Pese a que el oficio no es rentable, los hábiles artesanos tejen la fibra para mantener la tradición familiar.

José Cáceres recuerda a sus padres sentados en el umbral de la casa en la comunidad de Zhushún. Ellos tejían a diario los canastos con carrizos y sus hijos se ubicaban alrededor para ayudar y cumplir con los pedidos a tiempo. “Había demanda”, señala Cáceres.

En la actualidad, los hijos y los nietos de Cáceres ayudan en la preparación del carrizo, porque es filoso y durante su manipulación puede ocasionar cortaduras. El primer paso es cortar la materia prima de los carrizales de la zona.

En Paute esta fibra crece en los alrededores de los sectores de Las Escalinatas, Virgenpamba y Pirincay Alto. Luego se retiran las impurezas externas con un cuchillo y luego es cortado en tiras delgadas que deben quedar lisas, para que resulte fácil el trenzado.

Por lo general, esta tarea es realizada por hombres porque se necesita mayor fuerza, pero algunas mujeres como María Carmelina Suquinagua, esposa de Cáceres, también lo efectúan. Para ello, emplean herramientas como sierras, cuchillos, oz, entre otras.

Este trabajo se cumple en los más de 10 talleres artesanales que funcionan en las comunidades de Zhushún, Verdellano y Marcoloma, ubicadas en un mirador desde donde se aprecia la ciudad de Paute. “Es nuestra inspiración diaria”, dice Suquinagua.

En la mayoría de viviendas de estos poblados hay mujeres, hombres, niños, adolescentes, quienes con extraordinaria habilidad tuercen el carrizo para el tejido. La tarea finaliza con el trenzado del arco, que es reforzado con una vara larga y gruesa para que soporte el peso de los objetos a cargarse.

Los esposos Cáceres Suquinagua trabajan con cinco miembros de su familia y producen 60 canastos semanales. La concentración y la paciencia son dos componentes importantes en esta actividad. “Cada minuto cuenta porque si nos descuidamos no alcanzamos a terminar las obras”, señala María Suquinagua.

El artesano Amable Fernández no conoce con precisión cómo empezó este oficio en la zona. “Mis padres decían que el uso del carrizo se remonta a los cañaris e incas, que utilizaban este material para elaborar instrumentos musicales”.

Inés Suqinagua tiene 44 años y a los ocho años aprendió a ubicar las ocho tiras de esta fibra natural para formar una especie de estrella, con las cuales inicia el tejido de un canasto. En la actualidad, solo ella produce 50 canastillas pequeñas por semana y, en ocasiones, recibe la ayuda de sus tres hijos.

“Es un oficio que decayó con la migración y que nunca más se levantó”, cuenta la artesana azuaya. Para ella y el resto de familias, no ha sido fácil mantenerse en esta actividad, porque no cuentan con un mercado fijo para vender sus productos. “Los intermediarios llegan a los talleres e imponen precios bajos”.

Por ejemplo, en la actualidad, los artesanos de estas comunidades venden la docena de canastos medianos a
USD 8 y del ciento de tiras de carrizo obtienen 18 canastos. Cada ciento vale USD 5.

En los mercados de la capital azuaya, donde llega el producto final, se comercializa a más de USD 5 cada canasto. José Cáceres agrega que los intermediarios llegan una vez al mes, “por eso nos quedamos con el producto acumulado y necesitamos dinero para seguir produciendo. Seguimos tejiendo porque crecimos con esto y porque no tenemos otro oficio para estar activos”.

Por tradición, las tres comunidades de Paute producen canastas de diferentes tamaños, pero hay otros artesanos que diversificaron la producción con otros objetos utilitarios como adornos y muebles. Pero este negocio depende también de la temporada.

Por ejemplo, en diciembre por la elaboración de las canastas navideñas tienen demanda y el precio de la docena sube hasta USD 12, aseguran los artesanos. Pero el resto del año las ventas son bajas porque también menos personas utilizan los canastos para llevar las compras del mercado.

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