19 de febrero de 2017 00:00

El patrimonio es móvil, va cambiando

Claudio Malo, en una de las salas de su casa de Cuenca. Desde que se jubiló de la dirección del CIDAP (en el 2012) y de la cátedra universitaria ha escrito dos libros. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

Claudio Malo, en una de las salas de su casa de Cuenca. Desde que se jubiló de la dirección del CIDAP (en el 2012) y de la cátedra universitaria ha escrito dos libros. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

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Ivonne Guzmán. Editora (O)

Claudio Malo ha dedicado buena parte de su vida al estudio y la promoción de la cultura, desde el servicio público y la academia. Y su trayectoria lo avala como una de las personas que más entiende de patrimonio en este país, porque ha trabajado de cerca con él.

En su origen, el patrimonio tiene que ver con los bienes materiales y está bajo la figura de la propiedad privada más que nada, ¿qué actitud frente al patrimonio nos da esta idea?

El patrimonio, dentro de esta visión, incluso el económico, tiene que ver con cuanto se ha ido acumulando a lo largo del tiempo. Mi patrimonio económico no es el que tengo este rato, sino el que he venido acumulando a lo largo del tiempo. Incluye, obviamente, bienes materiales y no materiales. El patrimonio, partiendo de esta visión, es algo que se ha venido formando, se mantiene en el presente y tiene miras al futuro.

¿Por eso nos identificamos tanto con nuestro patrimonio, ya sea personal o colectivo; porque tiene que ver con nuestra historia como personas o sociedad?

Así es. Además el patrimonio no es solamente el disfrute del presente. Tiene un compromiso con las nuevas generaciones; de ahí la necesidad de preservarlo.

Los distintos tipos de patrimonio: material, intangible, económico, colectivo, personal… casi siempre tienen origen en el pasado, ya sea lejano o inmediato. ¿Cómo hacemos para que tenga valor y sentido en el presente y se pueda proyectar al futuro?

Los seres humanos somos temporalizados. Lo que somos hoy ha sido conformado a lo largo del tiempo por lo que nosotros mismos hicimos y por lo que otros hicieron; lo esencial a la condición humana es la visión de futuro. Buena parte de lo que hacemos en el presente tiene sentido en función de lo que esperamos resulte o tenga efectos más adelante.

Para usted, ¿patrimonio conjuga más con pasado, presente o futuro?

No me atrevería a decir que se conjuga más con algo… depende del punto de vista con el que cada cual enfoque el caso. Patrimonio es presente, sí. Pero por supuesto algo que existe en el presente tiene categoría de patrimonio porque de alguna manera se construyó, se mantuvo e influyó en el pasado y respondió a una serie de ideas, creencias y realizaciones de la gente en el pasado.

Además queremos que permanezca en el futuro.

Dada la condición humana que tiene un compromiso permanente con el futuro, queremos que esto que se ha mantenido y tiene valor siga en el futuro, para que las nuevas generaciones tengan acceso a aquello que valoramos hoy.

¿Cuál diría que es el patrimonio que menos valoramos los ecuatorianos?

Habría que comenzar haciendo una diferenciación de qué es el patrimonio ecuatoriano. En el caso del Ecuador, el patrimonio está integrado por componentes que fueron elaborados antes de la llegada de los europeos. Forma parte también toda una serie de elaboraciones de distinta índole que se hicieron luego de la llegada de los europeos, en virtud de un proceso de mestizaje, no solo biológico sino cultural. Y por supuesto también forma parte del patrimonio lo que se ha elaborado desde que el Ecuador se convirtió en república. Yo distingo entre cultura popular y cultura elitista y considero que la identidad de los pueblos y un porcentaje muy importante del patrimonio están en la cultura popular.

¿Pero cuál sería un aspecto o manifestación que los ecuatorianos no hemos aprendido a valorar pese a que sea fundamental en la construcción de nuestra identidad?

¿Cuáles ecuatorianos?

Somos muy diversos.


Están los esmeraldeños, por ejemplo, para quienes la marimba es algo fundamental; algo que nosotros valoramos mucho menos. Pero para ellos es parte de su vida.

Tiene toda la razón.

Si hablamos de grupos indígenas, para los shuar o para los achuar, la visión de la realidad es diferente; o la de los huaoranis. Entonces es bien difícil hablar de una cultura nacional, porque el concepto nacional responde a una concepción política.

¿Sobre qué patrimonios se ha levantado la nación ecuatoriana?

Podemos hablar de un patrimonio precolombino al que ya se valora; antes se le consideraba incivilizado y se lo destruía. Y luego de un patrimonio elaborado luego de la llegada de los europeos y que cambia todo con la llegada de la escritura. Y también de un patrimonio que ha sido hecho conformando los dos elementos anteriores y un patrimonio de cercanía que tiene una visión en la que intervienen componentes extranjeros. Ecuador en determinado ámbito fue afrancesado antes de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo; ahora es agringado. Entonces el patrimonio tiene que ver con todas esas visiones.

Es móvil, ¿no?

Evidentemente, el patrimonio no puede ser estático ni rígido. Tiene que cambiar. Pero en el caso de la visión de patrimonio que ha predominado en el Ecuador primero se dio importancia fundamental y casi única al patrimonio material: las construcciones. Y, aparte de eso, a las obras de arte y a ciertos artefactos que se usaban y que con el transcurso del tiempo se han mantenido aunque ahora no sirvan, como las planchas de carbón; cosas que cobraron importancia y valor por su permanencia en el tiempo y porque nos remiten a formas de vida del pasado.

¿Puede haber una sociedad que no tenga patrimonio de ningún tipo o eso no es posible?

Desde una visión antropológica en la que la cultura no es algo dado sino algo esencial a la condición humana es imposible. Una tribu de 30 personas en la Amazonía del Brasil tiene su patrimonio cultural.

Toda relación implica una construcción conjunta de referentes.

Esa es una construcción que sobrepasa lo individual.

¿Cómo se logra que la gente se entusiasme con su patrimonio y lo cuide?

En Ecuador hay dos ciudades patrimonio: Quito y Cuenca. Muy bien, qué lindo, somos patrimonio, qué orgullo, saco pecho… pero eso también implica que si nos reconocen como patrimonio, todos, no solo las autoridades, tenemos que tener conciencia y organizar la conducta partiendo de un respecto hacia aquello que se considera patrimonio. Lo cual tiene que darse mediante un proceso de educación global.

¿Cómo?

Que no solamente en la escuela le digan: “Niñito, esto es patrimonio, no dañes”. Se trata de la educación informal dentro de la familia también. Lo cual creo que sí avanza, aunque no sea perfecto. Yo he visto en la conciencia ciudadana de las nuevas generaciones esta responsabilidad que se debe tener para mantener el patrimonio.

Por lo menos en Cuenca.

Y también en Quito; ha mejorado mucho. Cien años antes una casa vieja se destruía. Cuando yo estaba en el colegio se cometieron barbaridades contra el patrimonio. Ahora, con esta mentalidad decimos: “qué salvajes, qué brutos”. Pero yo recuerdo que ese momento se decía: “qué maravilla, estamos progresando, por fin han destruido esas casas viejas y construido algo nuevo”. Pero ahora la gente frente a eso dice: “qué barbaridad”. Porque hay un cambio de mentalidad.

Según la visión hegemónica del momento hay cosas que se consideran patrimonio y otras que no.

Eso va cambiando y a mi manera de ver el cambio que se ha dado en los últimos tiempos va más bien hacia una valoración mayor del patrimonio. Entonces se van dando estos cambios. Qué va a pasar cuando mis bisnietos tengan mi edad; no sé. Pero creo que por lo menos en lo previsible va consolidándose lo que es patrimonio.

¿Cuál diría que es su patrimonio más preciado?

Obviamente, Cuenca. He tenido oportunidad en otras partes; enseñé un año en una universidad de Carolina del Norte y quisieron que me quedara; estudié en Chicago y quisieron que me quedara. Luego de pasar por Ministerio de Educación en Quito quisieron que me quedara también, pero yo volvía a Cuenca siempre.

Claudio Malo
Nació en Cuenca en 1936. Es doctor en Filosofía por la Universidad de Cuenca; y tiene un posgrado en Antropología Cultural, por la Universidad de Chicago. Entre otros cargos políticos ha ostentado el de Ministro de Educación, Cultura y Deportes entre 1981 y 1983. Trabajó en el Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares (CIDAP) entre 1976 y el 2012; catedrático jubilado.

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