31 de julio de 2015 17:54

Cuenca recobra una edificación neoclásica para las artesanías

El icónico Pasaje León se rehabilitó en 11 meses de trabajo. Dará cabida a 28 locales comerciales. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO

El icónico Pasaje León se rehabilitó en 11 meses de trabajo. Dará cabida a 28 locales comerciales. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO

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Giovany Astudillo
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El pasaje León, que fue edificado en 1930 en el Centro Histórico de Cuenca, puede ser considerado como el primer centro comercial de la ciudad. La casona patrimonial, que estuvo abandonada durante ocho años, fue recuperada en una intervención que duró 11 meses y finalizó en junio pasado.

La intención del Municipio, su actual dueño, es reactivar su uso comercial y destinar los 28 locales para los artesanos otavaleños que laboran en la aledaña plaza de San Francisco.

El inmueble de 1 400 m² de construcción tiene un pasillo central y a los lados están los locales comerciales. La idea de su propietario inicial, Víctor León, fue unir con esos espacios las plazas de San Francisco y una calle interior que existía en esa época. El latón es uno de los elementos más atractivos de su decoración. Son más de 600 m² que adornan el cielo raso y las cornisas del patio central.

Según el director de la intervención, Gustavo Lloret, el 80% del latón original fue recuperado durante 10 meses y fue tratado por 12 restauradores de bienes muebles.

El 20% restante fue reemplazado con piezas similares que fueron elaboradas en fibra de vidrio. Lloret dice que primero se retiró el latón y, después, se hizo una limpieza física y una recuperación mecánica.

Con químicos se retiró el óxido que había en la parte superior, debido a la humedad generada por las malas condiciones en las que estaba el techo. También, se impermeabilizaron las piezas para evitar que se oxiden otra vez. Finalmente, se recuperaron los colores originales. Las tonalidades verdes en el tercer piso y las pasteles en el segundo y en las cornisas.

El diseño de la casona de estilo neoclásico es único en la capital azuaya. Tiene un puente interno para unir las galerías laterales y un portón de casi ocho metros de altura.

En la intervención también se destaca la labor efectuada con la carpintería. Allí, otros 10 restauradores de bienes muebles recuperaron las puertas que tienen más de 70 años y estaban apolilladas.

Ahora están cubiertas con sustancias químicas que las protegerán durante algunas décadas, dice Lloret.
Los expertos también mejoraron de la puerta principal, los pasamanos de hierro forjado y las baldosas blancas del patio.

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