30 de noviembre de 2016 09:13

París celebra al inclasificable Cy Twombly con su mayor retrospectiva

En París se inaugura hoy (30 de noviembre de 2016) la primera retrospectiva póstuma dedicada al pintor Cy Twombly. Foto: Wikicommons.

En París se inaugura hoy (30 de noviembre de 2016) la primera retrospectiva póstuma dedicada al pintor Cy Twombly. Foto: Wikicommons.

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Agencia EFE

París estrena hoy (30 de noviembre de 2016) la primera retrospectiva póstuma dedicada al pintor estadounidense Cy Twombly, gigante del arte del siglo XX cuya trayectoria deletrea el Centro Pompidou con 140 obras maestras.

"Evento excepcional", según el presidente de la institución, Serge Lasvignes, esta cita brindará hasta el próximo 24 abril una ocasión única para contemplar juntos los 200 elementos reunidos gracias a préstamos no menos excepcionales.

Entre otras piezas emblemáticas, Francia contempla por primera vez los nueve óleos del ciclo Nine Discourses on Commodus, que Twombly (1928-2011) construía en torno a la vida y muerte del sanguinario emperador romano Cómodo (161-192), hijo de Marco Aurelio, cuando en 1963 John Fitzgerlad Kennedy fue asesinado.

Junto con esta obra del Guggenheim de Bilbao (España), otros dos ciclos estructuran en París la evolución vital del artista: los diez óleos de Fifty Days at Iliam (1978) inspirados en 'la Iliada', visibles por primera vez en Europa, y los diez acrílicos de Coronation of Sesostris (2000) sobre el antiguo Egipto.

Con ellos en el centro, sin olvidar la fotografía ni la escultura pero centrada expresamente en la pintura, la muestra resume 60 años de poderío creativo a partir de 1951. Desde los cuadros de fondo blanco o beige de las primeras décadas, garabateados, escritos, con trazos y manchas sutiles de colores vivos, negros o pastel.

Revela, asimismo, algunas de las referencias múltiples que nutrieron la obra de Twombly, desde grutas prehistóricas como las de Lascaux, a primeras caligrafías como la sumeria o la egipcia; pintores como Rafael y Poussin; y poetas como Ovidio, Mallarmé, Goethe o los del haiku japonés.

Tienen sala propia los famosos cuadros negros con aire de pizarra infantil con garabatos de aparente tiza blanca, que empezó a pintar en 1954 -dos años después de su primer viaje por Europa y el norte de África- y que expuso por primera vez en Nueva York, en 1967.

El historiador del arte Jonas Storsve, gran especialista en este pintor nacido en el sur de EE.UU. que en 1959 se casó con una aristócrata italiana y se instaló en Roma, construyó un recorrido cronológico que culmina con una inesperada explosión de color.

Para plasmar el inclasificable universo abstracto de ese hombre erudito, viajero, secreto y a menudo desconcertante, el comisario contó durante tres años y medio de trabajo con la aportación de Nicola del Roscio, miembro histórico del círculo más íntimo del pintor y presidente de la Fundación Cy Twombly.

De su obra, "que no la hay tan sensible", el director del Museo de Arte Moderno del Pompidou, Bernard Blistne, comisario en 1998 de la primera retrospectiva de Twombly en el centro, subraya cómo "se ve bien que trata de sangre, de lágrimas, de esperma, de deseo, de alucinación..."

De su personalidad igualmente única, Blistne le recuerda "dejándonos hacer, no pidiendo estrictamente nada más que se vieran sus obras, venir a la inauguración y decirme: Vámonos juntos al mercado de las pulgas".

La exposición es en cualquier caso un indudable viaje por la vida de Twombly hacia el color, que estalla en sus últimas creaciones y despide al visitante con una explosión de energía, flanqueado por cuatro de las cinco telas de Camino Real, tres de 2011, y por sus exultantes espirales verdes, amarillas, rojas y naranjas. Un ciclo inspirado en la pieza que Tennessee Williams escribió en 1953, recuerda Del Roscio.

Aunque con menor intensidad, el color -incluido un "interludio Celadon" verde-azul grisáceo- se apodera también de las salas precedentes, protagonizadas por Baco, Sesostris o las Quattro Stagioni.

Gracias a sus cartas "se sabe que ya en 1951 Twombly quería hacer cuadros blancos. Creo que el color que le rodeaba de joven -porque el arte contemporáneo de la época, como el expresionismo abstracto, era mas bien coloreado- hizo que quisiese buscar un grado cero de la pintura para poder recomenzar", precisa el comisario.

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