3 de enero de 2017 00:00

Con la pareja de línea arranca la partida de la Diablada Pillareña

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Fabián Maisanche
Redactor 
(F - Contenido Intercultural)

Al ritmo de banda de pueblo bailan las 12 parejas de línea de las comparsas –conocidas como partidas– de la comunidad de Tungipamba y Marcos Espinel, en Píllaro.

Los hombres y mujeres, que lucen cintas multicolores en los pantalones y faldas con pliegues, son parte de las delegaciones de guarichas, capariches, payasos y diablos que recorren las calles de la urbe.

Según Néstor Bonilla, promotor cultural de Píllaro, este año se dará realce a las parejas de línea por considerarlas parte importante de la Diablada. El investigador, de 26 años, asegura que el baile sincronizado de los danzantes representa “el remedo que hacían los campesinos hacia el baile de la aristocracia en la época de la Colonia”.

Por eso, adoptaron parte de la vestimenta. Así las mujeres lucen un vestido de colores amarillo, fucsia, rojo y lila y una coronilla. Mientras los hombres visten un pantalón negro, camisa blanca, un pañuelo rojo que cubre su cuello y un sombrero de ala corta decorada con cintas multicolores.

Además, las parejas deben cubrir su cabellera con un pañolón; su rostro, con una máscara de mallas, y las manos, con guantes de tela blancos. “En la última década los cabecillas de cada grupo pensaban que solo en las partidas había personas que se vestían de diablos y que bailaban. Esto no es así, porque los diablos son los encargados de cuidar a las parejas de línea e impedir que los espectadores interrumpan las coreografías”, indica Bonilla.

Alejandra Calero participa en la partida de la comunidad de Tungipamba desde el 2015. Junto con sus amigos empezó a ensayar desde noviembre.

El domingo 1 de enero de 2017 fue la primera partida de baile en el centro de Píllaro. Al ritmo de sanjuanito y tonadas bailaron por las angostas calles. Sus estéticos y rápidos movimientos con los pies les hicieron merecedores de aplausos de los visitantes.

Mientras, un grupo de guarichas, hombres vestidos como mujer que coquetean con el público, y los capariches, que abren paso con escobas, se desenvolvieron con facilidad en las angostas calles de la ciudad.

“Cuando se prepara y se pone todo el cariño en lo que haces te va bien”, indica Calero.

La Diablada fue declarada en el 2009 Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador. A la celebración arriban turistas de Guayaquil, Quito, Cuenca, Riobamba, Manta y de otras ciudades. El departamento de Cultura del Municipio de Píllaro informó que las partidas danzarán por las calles del cantón, en sus comunidades y en las casas de los cabecillas hasta el viernes 6 de enero, entre las 13:00 y las 18:00.

Los organizadores indicaron que participan grupos de: Tungipamba, Marcos Espinel, Guanguibana, Cochaló y San Vicente de Quilimbulo. Además, de Robalinopamba, Nuevo Rumihuayco, La Elevación, Guanguibana La Paz, Chacata El Carmen y La Florida.

Uno de los participantes fue Ángel Aroca, oriundo del sector de Marcos Espinel. El hombre, de contextura delgada, elaboró su máscara con papel y en la parte de la frente ubicó cachos de chivo y de toro. Aroca explica que este es su primer año como diablo.

“He bailado como guaricha, capariche y pareja de línea. Los bailes son distintos, porque como pareja tienes que seguir al líder y hacer las vueltas que te solicita con el pañuelo. El baile del diablo es libre y uno tiene la potestad de hacer otros movimientos”, dice Aroca.

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