3 de diciembre de 2017 00:00

La pareja es un movimiento constante

Iñaki Azpillaga, de fondo con el gran ventanal del departamento de Guápulo en el que vivió durante más de un mes mientras preparaba la obra ‘Miedo a volar’ con la CND. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Iñaki Azpillaga, de fondo con el gran ventanal del departamento de Guápulo en el que vivió durante más de un mes mientras preparaba la obra ‘Miedo a volar’ con la CND. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Ivonne Guzmán
Editora (O)
iguzman@elcomercio.com

Iñaki Azpillaga pasó alrededor de cinco semanas agitadas en Quito. Cuando no estaba en la Compañía Nacional de Danza, trabajando con el elenco en la obra ‘Miedo a volar’, estaba en su departamento temporal de Guápulo, asomado al ventanal con vista al valle de Tumbaco observando, pensando, imaginando. No es descabellado aventurar que la ‘pareja’, esa entidad bicéfala que ha trabajado tanto en su obra, ocupara algunos de sus pensamientos en esos momentos de contemplación.

Una mañana de inexplicable belleza brumosa, junto a ese mismo ventanal, con una luz lechosa banándolo todo, conversamos sobre ese concepto paradójicamente onmipresente e inasible a la vez. Porque quién no sabe qué es, o no ha vivido de cerca a una pareja (propia o cercana); pero quién se atreve a explicarla, a tener certezas sobre ella. ¿Alguien?

¿Con qué idea asocias el concepto ‘pareja’?

Gusto, reto.

¿Reto?

Es totalmente un reto.

¿Por qué?

Pues le estoy empezando a tomar gusto al hecho de poder dialogar sobre la pareja. Antes le tenía más miedo, porque no sabía qué hacer con ella.

¿De qué tenías miedo?

Creo que de no tener un lenguaje desarrollado, una comprensión de mí mismo, de cómo se escucha, de cómo sucede el intercambio. Creo que siempre he estado más en mi pequeño mundo, entonces el hecho de contrastarlo con otra persona me ha tomado mucho tiempo entenderlo.

¿Y qué hizo que ya puedas y quieras hablar sobre la pareja y entenderla?

Pues el hecho de entender lo que está pasando entre dos. Yo no estoy hablando de géneros, ¡eh! (se refiere a que su reflexión no se limita a la pareja heterosexual). Uno tiene la tendencia de ver el mundo solo desde la propia óptica y le coloca a la otra persona el sentimiento de lo que uno está sintiendo.

Proyecta en ella.

Ajá, uno proyecta en el otro. Entonces sabiendo que eso existe, se trata de hacer el ejercicio de decir: “¿Qué es lo que esta persona me quiere decir?”. Y colocarse en ese lugar es difícil. Hay que intentar encontrar distancia y al mismo tiempo cercanía con la otra persona.

¿Crees que la pareja es una unidad?

(piensa un rato) Sí, sí que es una unidad la pareja, pero no es ‘la’ unidad.

¿Cuál es la diferencia entre ser una unidad y ser la unidad?

Que suceden muchas más cosas; existe la pareja, pero existe su relación con el entorno también. Y no es una finalidad en sí misma la pareja, creo. Es un mecanismo que nos enriquece; me siento como reflejado en la otra persona. Y en ese sentido funcionamos como una unidad que nos ayuda a vernos a nosotros mismos; es difícil verse a sí mismo estando solo, es la pareja la que nos ayuda a hacer ese espejo.

Pero necesariamente tiene que ser una unidad escindida, ¿no? Si no, no funciona, porque se vuelve una simbiosis dañina.

Sí. Me interesa que tenga distancia y cercanía, ver cómo puede ser elástica, cómo puede moverse adelante y atrás. En la relación que yo tengo, tenemos la fortuna de poder separarnos para sentirnos y vernos desde la lejanía para volver a ello. En mi lugar funciona así; y hay otras personas que son capaces de estar juntas siempre y de regenerarse, porque, bueno, no es un lugar estático, una pareja es un movimiento constante, porque cada persona evoluciona. Las premisas como pareja evolucionan también. Entonces para ver en qué lugar estamos ahora, yo pienso que la distancia ayuda.

¿Por qué crees que la pareja se sigue manteniendo como el modo de relacionamiento sexual y afectivo más común?

Pienso que es más cómodo; es un ‘safe place’ (lugar seguro).

¿Y práctico tal vez?

Yo creo que sí, que en cierta manera es práctico. Es que las relaciones múltiples requieren mucho más trabajo. Pienso que en una poligamia, por lo poco que yo entiendo de ellas en lugares de África y de Asia, las relaciones han de mantenerse, existe una jerarquía, un darse en diferentes niveles… y pienso que es un trabajo muy grande. Y la pareja es lo que pensamos que conocemos y es más fácil quedarse ahí.

Hay todo un sistema de convivencia, de poder y de producción construido sobre la pareja, ¿crees que sigue funcionando para todos y es por eso que se mantiene tan sólida?

Sí, yo pienso que se mantiene, y pienso que tiene futuro también. Lo que sucede es que hay que ver el rol de la mujer en el caso de las parejas heterosexuales, porque la mujer está viviendo unos cambios muy grandes, adaptándose a un nuevo sistema laboral y entonces el trabajo de criar a los hijos ha de estar distribuido; no solamente parquear a los hijos en una guardería. Los roles han de estar más mezclados.

Las parejas homosexuales también tienen hijos.

Sí, y en ese sentido pienso que cada uno se adapta a su posición dentro de la pareja. Hay unos ciertos roles de liderazgo y otros que se dejan liderar. Es importane saber en qué posición estamos. A mí lo que más me interesa es que esos liderazgos van cambiando. Hay momentos en que una persona es mejor haciendo tal cosa y otra es mejor liderando en otro aspecto. Esos intercambios creo que son importantes de cara a la sociedad y de cara a la pareja en sí misma. Si uno mantiene siempre el mismo rol empobrece a la pareja.

Menciona ahora la que tú creas que es la mayor fortaleza de la pareja.

Pues realmente es la posibilidad de cambio, de poder invertir los roles de liderazgo y de cariño. Y pienso que tiene que estar todo el tiempo revisándose.

¿Y cuál crees que es su mayor debilidad?

La estática, el decir: “Ya hemos llegado”. Y esa es una cosa que yo pienso que sucede muy a menudo. Las parejas se establecen luego de los primeros dos o tres años que dura la pasión, y en cuanto esta pasión desaparece uno tiende a postrarse, a acostarse en la pareja.

¿Existe la pareja ideal?

Yo creo que no. Pero me imagino que cada uno encuentra modelos en otra gente. Yo pienso que está bien tener esos modelos siempre y cuando no sea la finalidad, sino que sea una dirección. Soy de la opinión de que uno tiene que matar sus mitos también; uno los crea pero los tiene que matar para poder ser, entonces creo que en la pareja pasa una cosa similar. Uno sigue los patrones quizá de los abuelos, a los que ha idealizado; o de una pareja de amigos, de los que dice:”¡Wow! Estos son tan libres, están tan bien, por eso me gustaría parecerme a ellos”. Es seguir esas pautas.

Pero no obsesionarse.

No obsesionarse, además porque los elementos con los que nosotros estamos haciendo nuestra pareja son distintos. Uno tiene que adaptar esos modelos a cómo está.

¿Cuándo crees que la pareja no tiene sentido?

Cuando deja de dialogar. Existe esa pareja de conveniencia, ¿no? Que vive como si estuvieran en una pensión y comparten los gastos; en ciertos casos pasa por miedo a la soledad. Entonces esa relación pierde el término de pareja como unidad que se busca la una a la otra, unidad emocional. Pero bueno, esa pareja de conveniencia existe. Siempre y cuando esté claro que están jugando a eso está bien…

Y todo es posible.

Todo es posible. Los problemas vienen cuando uno pretende una cosa que no hay. Ahí, pienso que hemos perdido.

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