13 de diciembre de 2014 19:22

La pareja detrás del Desembarco Poético

El poeta guayaquileño Ernesto Carrión y la gestora cultural Isabel Mármol organizan el festival poético que este año trajo a Guayaquil a un Premio Cervantes. Foto: EL COMERCIO

El poeta guayaquileño Ernesto Carrión y la gestora cultural Isabel Mármol organizan el festival poético que este año trajo a Guayaquil a un Premio Cervantes. Foto: EL COMERCIO

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Alexander García

El primer festival duró una noche. El segundo, en el 2013, se extendió por tres jornadas en dos locaciones. El tercer festival Desembarco Poético duró siete días el pasado mes de noviembre, en más de una docena de lugares en Guayaquil, incluidos espacios públicos, y con un Premio Internacional de Poesía, el Medardo Ángel Silva, dotado de USD 10.000.

El director y mentalizador de la cita es el poeta guayaquileño Ernesto Carrión y la coordinadora general es su esposa: Isabel Mármol, diseñadora gráfica y gestora cultural. Entre los dos lograron traer este año a Guayaquil al poeta español Antonio Gamoneda, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y Premio Cervantes.

La idea nació hace tres años desde la vinculación de Carrión con encuentros internacionales de poetas. El escritor recuerda haber asistido a una decena de estos encuentros, desde Estados Unidos a Chile, hasta que literalmente se cansó de asistir.

“Un encuentro entre poestas es una locura, nunca se sabe cómo va a terminar. Cada poeta es un loco, imagínate a tantos poetas reunidos: hay unos que terminan presos, perdidos, otros durmiendo en parques”, cuenta entre risas.

Pero sí hay algo más agotador que asistir como escritor a un festival de poesía, es organizarlo. Carrión obtuvo experiencia trabajando siete años como gestor del Ministerio de Cultura y fue artífice de la visita del poeta español Leopoldo María Panero a Guayaquil, en el año 2010.

Aunque valora la experiencia adquirida en esos años, sintió que con tanta gente con poder de decisión metiendo manos en los proyectos, la gestión terminaba alterada, desvirtuada.

“Organizar el festival a través de la Corporación Cultural Casa de las Iguanas, nos permite tener justamente el control sobre el contenido”, complementa Mármol. “Porque de lo contrario terminas haciendo algo que realmente no quisiste”.

Y así fue como decidieron arriesgarse con la organización de un evento propio, aunque con la certeza de que iban en contra de la corriente: Guayaquil cuenta con un grupo reducido de personas que asisten a eventos culturales, dicen. “Y por otro lado la visión que tiene la ciudad sobre sí misma no es cultural”.

El premio internacional y el festival, cuyo nombre está relacionado a la idea de ciudad portuaria, pretenden “darle una identidad más fuerte a Guayaquil como un espacio que genera contenido cultural”, según el poeta, ganador del Premio Jorge Carrera Andrade 2013.

Pero nada garantiza la permanencia del evento, en una cita que comienza a tomar forma con seis meses de anticipación, pero que resulta agotadora para la pareja organizadora y que por las dinámicas del financiamiento parece estar condenada a “la locura” del último momento. “Hay una punto en el que tienes la idea y la planificación pero hasta cierto punto estás estancado porque necesitas que salga el apoyo, y sin el dinero no puedes prometer nada”, explica la diseñadora gráfica, que junto a su esposo también dirige la editorial de poesía Fondo Animal Editores.

Este año la empresa privada, siete firmas en total, aportaron los cerca de USD 40.000 que costó el festival, el escritor Ernesto Noboa, de la firma Innövering, fue el vínculo del Desembarco con las empresas. El Municipio de Guayaquil desembolsó USD 10.000, montó del Premio Medardo Ángel Silva, que contó con un jurado internacional.

“Hasta cierto punto las cosas a veces tienen su propia vida y Desembarco es la prueba de eso”, comenta Isabel Mármol. “El año pasado pensamos en no hacer el festival, en no desgastarnos, pero apareció el apoyo económico y el impulso anímico de los amigos. Y este año también fue igual”, cuenta Carrión.

Uno de los retos en esta tercera edición fue sostener el festival por una semana y lo más duro fue “dejar colgados” por siete días a los cinco hijos de la pareja: Ezequiel, de 3 años; Santiago (12), Emilia (13), Luciana (14) e Isabela (17).

Los esposos apuntan a consolidar un festival de poesía que algún día llegue a compararse con el de Medellín, el más grande de la región.

¿Por qué poesía?, se pregunta Carrión y el mismo responde. “Porque escuchar poesía es apreciar otros modos de vida, otros modos de ver y experimentar el mundo. Es una forma de promover libertad y tolerancia. La poesía se puede compartir, y por supuesto se puede articular con artes escénicas o música”.

La tercera edición de la cita llevó a poetas a colegios y universidades, pero los organizadores sienten que es un trabajo en el que hay que profundizar con el objeto de generar público lector de poesía. Con respecto al encuentro del próximo año, es Mármol la que contesta: “Vamos a ver qué hace Desembarco con nosotros, porque siempre resulta que hace cosas que ni siquiera hemos planificado y cobra vida”.

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