18 de febrero de 2018 00:57

El héroe que lucha contra el racismo

La irrupción de Black Panther triunfará en la taquilla, pero quizás no en el actual EE.UU. supremacista  de Trump

La irrupción de 'Black Panther' triunfará en la taquilla, pero quizás no en el actual EE.UU. supremacista de Trump. Fotos: Captura

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Alejandro Ribadeneira
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El estreno de ‘Black Panther’, la nueva película de ese millonario evangelio cinematográfico que están construyendo Marvel y Disney, ha desatado una inusitada euforia debido al carácter reivindicativo que significa darle todo un largometraje en solitario a un superhéroe africano. Se habla de que por fin Hollywood está siendo inclusivo y que está dando pasos certeros para que el público se olvide del famoso supremacismo blanco.

Eso es una ilusión.

Aunque estamos en una época en que los superhéroes han cobrado un especial realce en nuestra cultura de masas y que facturan millonarias cifras por boletos y mercadería, no estamos ante un hecho realmente decisivo en cuanto a la igualdad y a la inclusión de la sociedad. Como mucho, estamos presenciando el punto culminante de una tendencia políticamente correcta que aprendió a sacar réditos financieros.

Si el año anterior ‘La Mujer Maravilla’ se convirtió en la película dirigida por una mujer más taquillera de la historia y se la vendió como ‘feminista’, ahora los productores de ‘Black Panther’ esperan demostrar que es posible que una superproducción protagonizada y dirigida por afroamericanos, con un relato desarrollado en ese continente, triunfe en crítica y en taquilla.

Disney, además, ha sido el campeón de lo políticamente correcto, con sus series en que la distribución racial está cuidadosamente realizada, como si fuera una receta. En los elencos siempre hay un sajón, un afro, una asiática, un latino, una persona ‘diferente’; pero se percibe cierta artificialidad y que esto no ocurre por convicción sino por marketing.

La igualdad se logra con otras acciones, más profundas, que no se aprecian ni en la economía ni en la estructura política de un Estados Unidos más supremacista que nunca. Los sentimientos que ha despertado ‘Black Panther’ son positivos, pero apenas encajan en eso que llamamos ‘esperanza’, fe en un mundo menos injusto.

Esta sensación de cambio se refuerza porque el personaje Black Panther, alter ego del rey T’Challa, fue una propuesta abiertamente antisegregacionista del escritor Stan Lee y del dibujante Jack Kirby, que lo idearon, eso sí, para una historia, ‘Los Cuatro (blancos) Fantásticos’, publicada en 1966.

Lee y Kirby, en plena lucha por los derechos civiles de los afroamericanos (Martin Luther King murió dos años después), idearon un personaje diferente a lo que se miraba en los cómics de superhéroes, un producto marcadamente racista donde solamente dibujaban y escribían blancos.

Tarzán de los monos’, el padre de los superhéroes de los cómics, una adaptación de Harold Foster de 1929, impactó en el mundo de la historieta por su estupendo dibujo y sus relatos emocionantes, pero también por representar gráficamente la visión que tenía de sí misma la clase dominante de esos años, impulsada por el poema ‘La carga del hombre blanco’, de Rudyard Kipling.

Los que no veían en los versos de Kipling de 1899 el llamado al colonialismo, acudían a Tarzán, a su costado racista, imperialista y eurocéntrico, fiel al mandato divino del hombre blanco de conquistar al resto de razas para salvarlas.

Tarzán, un noble que se crió por accidente por monos en África, se levanta por encima de los nativos, los salva del peligro, los preserva. Sin haber acudido a ninguna escuela, Tarzán es más sabio y valiente que todas la comunidades africanas ancestrales.

Lee y Kirby le devuelven el protagonismo al hombre africano a través de T’Challa, que es rey de un país llamado Wakanda. Los autores quisieron crear un país rico en una África arrasada por el colonialismo, una nación ideal, próspera, tecnológicamente avanzada, para contrarrestar la pobreza real del continente.

Todo esto se mantiene en la película, aunque el director y guionista Ryan Coogler cambió un detalle incómodo de la historieta. T’Challa tenía numerosas esposas que al mismo tiempo conformaban su cuerpo de seguridad armado. En el filme, el rey ya no tiene harén, pero sí dispone de una fuerza femenina paramilitar.

Tampoco es una novedad que triunfen los héroes afros. El cómic ‘Blade’ (1973) causó revuelo por su ambiente vampírico y el filme de 1998, tan sanguinario como la historieta, fue un éxito que consagró al actor Wesley Snipes.

Spawn’ (1992) que relata el pacto de un soldado con el diablo en busca de venganza, es un clásico de la historieta y su adaptación a la animación y al cine cosecharon réditos.

No le fue bien a ‘Catwoman’ (2004), cinta protagonizada por Halle Berry, quien interpretó una versión alternativa de la famosa villana (blanca) de Batman, que aquí era más bien la heroína, afro y con superpoderes. Vapuleada por la crítica, técnicamente fue la primera película de un superhéroe afrodescendiente, un detalle que no llamó la atención, como ocurre ahora.

Catwoman’ también fue un caso fallido de un proceso de ‘equilibrar’ racialmente los elencos de los superhéroes. Nick Fury (Marvel) es el cambio más famoso de un personaje blanco a uno afro, y gracias al actor Samuel L. Jackson las nuevas generaciones no conocen al primero, que era sargento y no espía. También cambiaron Mr. Terrific (en el cómic), Kid Flash (en la serie de TV) y Spiderman (un afrolatino toma la posta tras la muerte de Peter Parker en el cómic).

Black Panther’ también se beneficia de la irrupción de dos héroes del cómic en series de televisión. Uno es Luke Cage, también llamado Powerman (Marvel), y otro es Black Lightning (DC). Se verá si la Pantera Negra tiene la fuerza para realmente propiciar un cambio, con Donald Trump en el trono. Es un villano temible.

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