17 de enero de 2017 00:00

‘La Lengua Morlaca’, los términos cuencanos recogidos en un libro

Oswaldo Encalada es catedrático e investigador de la Universidad del Azuay. Foto: Xavier Caivinagua/PARA EL COMERCIO

Oswaldo Encalada es catedrático e investigador de la Universidad del Azuay. Foto: Xavier Caivinagua/PARA EL COMERCIO

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Giovany Astudillo
Editor
(F-Contenido Intercultural)

Gara y chendo son palabras muy comunes entre los jóvenes cuencanos pero poco conocidas en otras regiones del país. Ambas están recogidas en el libroLa Lengua Morlaca’, que presentó en diciembre pasado el filólogo azuayo Oswaldo Encalada.

En ese texto hay más de un millar de palabras, que tienen raíces española y kichwa o la mezcla de ambas. Encalada, quien es catedrático de la Universidad del Azuay, explica que chendo significa mentira para los cuencanos y tiene su origen en la palabra diciendo, pero de broma. “Así que diciendo en la lengua infantil pasó a dichendo y finalmente quedó en chendo”.

En cambio, gara tiene su origen o vinculación con los cuyes o caballos garañones. Encalada explica que al mejor cuy que se encarga de la reproducción, se le conoce en el campo como gara. De allí surgió y se popularizó el término, que significa algo bueno o bonito.

Esta publicación tiene 222 páginas y está compuesta de tres partes. La primera es la más extensa y recoge las palabras, modismos y las frases del habla ordinaria en Cuenca. Encalada dice que hay términos kichwas que el cuencano se apropió como guambra, longo, cholo, entre otros.

En el texto constan otros términos como llapingacho, que tiene un origen kichwa y se refiere a una comida popular. “Sería absurdo tratar de traducirla al español y decir que es una tortilla de papa, porque no es lo mismo”.

También, consta el agua de pítimas, que no tiene ningún sentido para alguien que no vive o no conoce la ciudad. Es una bebida que se vende en el claustro de El Carmen.

“He escuchado que surge de la unión de la palabra kichwa piti (poco) con el adverbio español más. Pero están equivocados porque tiene su origen en el rancio español y surge de la palabra pitema, que era una especie de medicina que se ponía en el corazón para tranquilizar”. Por ello, el agua de pítimas es usada para tranquilizar.

La segunda parte del libro está dedicada al cantado cuencano. En la tercera parte, en cambio, constan 97 hipocorísticos, que según Encalada son meros ejercicios de acope. Entre otros ejemplos están llamar Ashico a quien se llama Alcibíades, Charo a la Rosario o Huazho a Eduardo.

Encalada inició este proyecto tras una propuesta de la periodista Nora Jarrín, quien en el 2014 presentó un pequeño folleto llamado Diccionario de la Lengua Morlaca. Según Encalada, ella le propuso que ampliara el trabajo y publicase un libro, que tiene el apoyo del Municipio de Cuenca.

Su investigación se basó en un trabajo de 30 años y bibliografía de autores de temas lingüísticos como Alfonso Cordero Palacios y Honorato Vázquez. También consultó textos de César y Jorge Dávila y Efraín Jara Idrovo, entre otros.

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