31 de octubre de 2014 17:11

Un nido de acero y madera para admirar la laguna

La utilización de vidrio templado como barandas ayuda a que la vista no se vea interrumpida y se aprecie con claridad. Foto: El Comercio

La utilización de vidrio templado como barandas ayuda a que la vista no se vea interrumpida y se aprecie con claridad.Foto: El Comercio

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Redacción Construir  (I)
construir@elcomercio.com

La laguna verde turquesa emociona e hipnotiza. Y pone el clímax a un paisaje serrano indescriptible dominado por el Quilotoa: un volcán que en quichua significa ‘Diente de reina’: ‘quiru’ (diente) y ‘toa’ (reina).

La montaña tutelar está ubicada a 3 900 metros sobre el nivel del mar y a 165 km de Quito. Forma parte de la Reserva Ecológica Los Illinizas, en la provincia de Cotopaxi.

El lago, casi elíptico, tiene 3,15 km de diámetro y un desnivel de 440 metros entre el nivel del agua y el borde superior.

Justamente para quienes no están en condiciones de salvar esa diferencia de altitud y quieren admirar el paisaje se construyó la Obra Sendero y Mirador Quilotoa.

Este proyecto, de propiedad de la comunidad Shabala, que también participó en su construcción, contó con el apoyo del Ministerio de Turismo en colaboración con diseñadores, ingenieros, arquitectos, paisanos, voluntarios...

El objetivo principal fue brindar las condiciones necesarias para mejorar y fortalecer la oferta de servicios turísticos y las condiciones laborales de los prestadores de servicios de la zona. Se pensó, asimismo, en optimizar las visitas de los turistas, la preservación de los recursos naturales y mejorar la calidad de vida y del hábitat de los pobladores del sitio.

El mirador se basa en dos piezas iguales que encierran el mirador propiamente dicho. Daniel Flores, arquitecto que trabajó con Javier Andrade Benítez y Javier Mera Luna en la propuesta, comenta que su forma se asemeja a unas tijeras.

Esta volumetría cumple dos roles. Primero, acomodarse a la pendiente natural y generar un graderío de descanso; segundo, alejar a los espectadores del borde de la montaña por su seguridad y las vistas.

La sobriedad y magnificencia del paisaje exigen que la respuesta arquitectónica sea igual de austera y busque integrarse con el entorno.

Con una estructura de acero recubierta con madera de teca el diseño impacta y protege. La madera, a pesar de estar a la intemperie y demandar un enorme esfuerzo en mantenimiento, es ideal ya que es la comunidad quien la cuida.

Además, el mirador elaborado con vidrio no posee más estructura que su grosor para no interrumpir la relación entre el observador y el lago ni entorpecer la majestuosa vista. El entablado continuo recubre la estructura de acero.

Hay un puente sin anclaje. Este se amarra a la montaña en varios puntos y se apoya sobre un contrafuerte. Casi todo es removible y se puede revertir. Los elementos que limitan la edificación sirven de protección y no limitan la visibilidad. Por eso se utilizó vidrio.

El conjunto se completa con senderos ecológicos, que conducen al mirador. Son caminos marcados con bordes de piedra y relleno de grava. La intervención cuida de no alterar la armonía y la ecología.

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