6 de marzo de 2017 11:06

Pablo Corral Vega: ‘Hubo maltrato sistemático a curadores y artistas’

Entrevista a Pablo Corral Vega, secretario de cultura del Municipio de Quito sobre el Centro de Arte Contemporáneo. Foto: Archivo.

Entrevista a Pablo Corral Vega, secretario de cultura del Municipio de Quito sobre el Centro de Arte Contemporáneo. Foto: Archivo.

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Gabriel Flores

¿Cuáles fueron las causas de la salida de María Elena Machuca de la dirección de la Fundación Museos de la Ciudad?

Había una falta de articulación con el resto de sectores de la cultura. Es muy importante decir que la Fundación no puede actuar como una isla porque está sujeta a la autoridad de la Secretaría de Cultura. Se estaban tomando decisiones que no eran consultadas con el resto del sector.

¿Qué cambios de fondo se espera con una nueva dirección en la Fundación?

El cambio principal es que todas las decisiones van a ser tomadas a través de comités curatoriales. Ya no se van a tomar decisiones individuales. Un coordinador o un director no van a poder hacer solos toda la programación.

¿Cómo evalúa la gestión de María Elena Machuca al frente de la Fundación?

Creo que María Elena hizo un buen trabajo en algunas áreas, pero no tendió puentes con ciertos sectores de la ciudad. El sector más conflictivo fue el del arte contemporáneo. Con ellos hubo una relación bastante incómoda que comenzó con una serie de comunicados de un comité de actores culturales que se creó cuando subió a la dirección.

¿El comité de selección se equivocó al recomendar a León Sierra como coordinador del CAC?

El comité de selección expresó grandes preocupaciones de que se escoja para el CAC a una persona que no venía del arte contemporáneo sino de las artes escénicas. María Elena Machuca insistió porque iba a trabajar con Sierra y el comité aceptó su pedido. María Elena acababa de entrar a la dirección de la fundación y yo le ofrecí un voto de confianza.

¿Se debilitaron las relaciones del CAC con los actores y gestores del arte contemporáneo?

Creo que la relación se volvió extremadamente tensa y difícil. El mayor problema fue un maltrato sistemático a los curadores, artistas y al ganador del Premio Trayectoria del Mariano Aguilera. Ese fue un problema que ocupó gran parte de nuestro trabajo durante este año.

¿Qué tipo de maltrato y quién lo ejercía?

El maltrato lo puede explicar la gente que lo sufrió; entre ellos, Pablo Barriga (ganador del Premio Trayectoria). Lo que recibí fue una serie de quejas sistemáticas durante todo el año: había problemas y no había apertura. Con la idea de incluir a nuevos actores se estaba limitando y entorpeciendo la participación de los artistas contemporáneos. Uno de los ejemplos más claros es que no se aceptó un video sobre la obra de Barriga porque había una declaración de María Fernanda Cartagena (exdirectora de la Fundación); la coordinación del CAC pidió que se quitara ese video.

¿Por qué la revisión de la programación de los espacios que conforman la Fundación Museos de la Ciudad no se realizó a finales del 2016?

Porque hubo un cambio de la dirección ejecutiva y había que revisar las decisiones que se tomaron durante el 2016. Hay decisiones que no fueron técnicas. Se decidió que en el CAC se realice una exposición de Jesús Cobo que es un artista moderno que no tiene que ver con el arte contemporáneo. Ese fue un error técnico.

El 31 de marzo se conocerá al nuevo coordinador del CAC. ¿Este no es un año perdido para la institución?

No. En absoluto. Hay muchísimas actividades que continuarán. Creo que es muy importante decir que la intención es sumar. León Sierra hizo cosas positivas en el campo de las artes escénicas y de las artes musicales pero el mayor problema era la falta de diálogo con los artistas contemporáneos. La intención no es desmantelar lo que ya se hizo sino asegurarnos de que haya una relación fluida con los actores naturales de ese espacio.

¿En una carta abierta, León Sierra dice que se ha procedido de una manera ilegítima al sacarlo de la coordinación del CAC?

El hecho de que Sierra haya llegado a través de la recomendación de un comité no significa que su gestión no estaba sujeta a una evaluación. Se han seguido todos los procedimientos de ley para dar por terminada su relación laboral.

¿El problema de fondo no es lo que las autoridades están entendiendo por arte contemporáneo?

Si pensamos únicamente en la bidimensionalidad o en las esculturas no estamos hablando de arte contemporáneo. El arte contemporáneo incluye manifestaciones que están más cerca de la idea que de la plástica. El CAC es el espacio más importante dedicado al arte contemporáneo en el país y no se estaba trabajando con los artistas contemporáneos.

**En Contexto:

El jueves, 21 de febrero de 2017, León Sierra Páez publicó en su página de Facebook una carta abierta a la Secretaría de Cultura y a la Fundación Museos de la Ciudad. En el texto se refirió a su salida y la de su equipo de la coordinación del Centro de Arte Contemporáneo. 

A continuación, el texto publicado en la red socialy en el blog del artista.

Carta abierta a la Secretaría de Cultura y a la Fundación Museos de la Ciudad


Ante el comunicado/convocatoria emitido por la Dirección Ejecutiva de la Fundación Museos de la Ciudad en donde, escuetamente, se informa de mi salida y la de todo mi equipo de trabajo de la Coordinación del Centro de Arte Contemporáneo de Quito, me permito puntualizar que esta fue dispuesta directamente por la Secretaría de Cultura sin mediar explicación, evaluación o causal expresa.

En el comunicado de la FMC se nos agradece “el profesionalismo, la dedicación, la perspectiva técnica y el aporte de León Sierra y de su equipo en el último año” afirmación que agradecemos, pero que demuestra lo errático y contradictorio del manejo de la política de cultura en el DMQ que procede, además, de manera ilegítima ya que no se trataba de un espacio por designación, si no de un cargo para el que fui seleccionado por concurso público de méritos, entre 134 aspirantes a nivel nacional.

En el comunicado se menciona la necesidad de “alinear las perspectivas técnicas y administrativas” lo que no es más que es un eufemismo para justificar que un muy reducido grupo de actores del arte contemporáneo local controlen el CAC como espacio de operación, mercadeo y fuente de recursos propia y exclusiva.

Las diferencias que nuestra gestión marcó con este grupo son de conocimiento público y marcaron una fuerte presión desde el inicio mismo de mi gestión al frente del CAC a pesar de nuestra voluntad permanente de diálogo.

Es claro que las diferencias conceptuales fundamentales que originan este conflicto han sido, en primer lugar la reivindicación de la memoria y patrimonio artístico y cultural, tanto del edificio, como de las colecciones de arte moderno que permanecen guardadas, mientras se pretende forzar la creación de un “museo de arte contemporáneo” que es inviable por la enorme inversión, los costos de operación y, sobre todo, porque no existe aún una producción artística de nivel museable en el arte contemporáneo local.

En segundo lugar, mi gestión en el CAC procuró democratizar el espacio y redistribuir recursos a diversas artes, colectivos y gestores que no eran exclusivamente los de la corriente de arte contemporáneo VIP (video, instalación, perfomance), así como acercar a las comunidades y públicos diversos desde una perspectiva de ESPACIO PÚBLICO frente a la práctica de galería particular que se venía aplicando.

En tercer lugar, durante mi gestión se construyeron modelos y protocolos de trabajo que garantizan un manejo transparente y eficiente de recursos y que apuntaban a romper barreras de acceso a los recursos y al espacio público, que incluyen modelos de evaluación propios, de los que carece por ejemplo el Sistema Metropolitano de Cultura y que deriva en decisiones discrecionales, contradictorias, sin continuidad que provocan inestabilidad y generan altos costos para la ciudad que asiste a una gestión de cultura “eventista” de corto plazo y carente de una sólida visión de ciudad.

Finalmente, en mi convencimiento de que en la gestión de LO PÚBLICO la transparencia es fundamental, realicé denuncias sobre prácticas poco éticas de artistas que acaparan los fondos públicos burlando los procesos y burlándose de las instituciones y hasta de sus pares. Así mismo denunciamos el derroche de recursos de la ciudad en actividades sin impacto ni estrategia, originadas en visiones elitistas que desconocen las realidades cotidianas de los creadores.

Esta posición de frontalidad y transparencia, amparado en la independencia y legitimidad que me daba el ser una autoridad elegida por concurso de méritos y no designada políticamente aparentemente molestó a grupos de poder oficiales y no oficiales del DMQ, en particular a la Secretaría de Cultura, que finalmente procede a separarme intempestivamente a mí y a un equipo de cinco personas cuya competencia y trabajo son reconocidas por la misma Fundación Museos de la Ciudad y diversos interlocutores culturales en este año de gestión.

Nos queda esperar que este nuevo concurso que se convoca para el CAC encuentre personas comprometidas con la ciudad y la cultura más allá de los intereses de grupo. Que las nuevas autoridades recojan lo avanzado por nuestra gestión, fortalezcan y den soporte a los equipos humanos que construyen la cotidianidad de las instituciones. Que tengan la capacidad de pensar estratégicamente y con un profundo sentido de identidad y de pertenencia para asumir la enorme responsabilidad del cuidado y gestión del patrimonio material e inmaterial de la ciudad.

Hasta aquí lo malo.

Lo excelente, ha sido el enorme proceso de vinculación con diversos artistas y actores culturales de la ciudad. El esforzado y brillante trabajo de todo el equipo del CAC, quienes en la sombra, promueven con su ejercicio la brillantez de una apuesta artística y desde luego de la gerencia del espacio y su programática.

Amigos, artistas, gentes de esta ciudad de montañas voladoras: gracias, ánimo, a seguir poniendo amor a las cosas que nos pertenecen, estaremos acompañando, permanentemente desde nuestra práctica orgánica todo proceso ciudadano y contracultural que se geste. Hemos roto, por momentos, los muros impertinentes de la ciudad invisible, aquella que insisten en que no nos pertenece.

¡Hasta pronto!

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