22 de septiembre de 2015 00:00

Óscar Vela presenta su nueva novela, en Quito

Oscar Vela

Óscar Vela, escritor ecuatoriano, presentará en Quito su nueva obra 'Todo ese ayer', el próximo jueves 24 de septiembre en la Creperola del Teatro. Foto: Archivo/EL COMERCIO

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Gabriel Flores
Quito

Óscar Vela es un escritor y lector incansable. Todavía no presenta su nueva novela en Quito y ya está sumergido en la investigación de una nueva obra de corte histórico. En esa vorágine en la que a veces se convierte su vida, Vela se dio una pausa para conversar con EL COMERCIO sobre ‘Todo ese ayer’, el libro que presentará en la capital el próximo jueves 24 de septiembre, a las 18:30 en la Creperola del Teatro (18 de Septiembre y 9 de Octubre).

‘Todo ese ayer’ es una novela que recurre mucho a los acontecimientos del pasado. ¿Hurgar en la memoria se ha convertido en un eje de su creación narrativa?

De algún modo sí. Esto de buscar en el desván se ha vuelto una obsesión. Para mí el tema de la memoria es esencial. Sobre todo me interesa rescatar historias del pasado. En el caso de ‘Todo ese ayer’ una historia real que un amigo compartió conmigo. La historia de un hombre que desaparece durante la dictadura argentina de Videla y que reaparece luego de 34 años.

Esta historia de la dictadura argentina la conecta con los acontecimientos del 30S. ¿Cuál es vínculo entre estas dos historias?

La historia de las dictaduras en Latinoamérica es algo que se ha contado muchísimo a través del cine y la literatura. La historia de Sebastián Barberán (uno de los protagonistas de la novela) necesitaba una contrapartida con una historia de acá. El 30S siempre me ha parecido una historia nebulosa, misteriosa e inconclusa. Quise ponerla de soporte del presente cuando Federico (el otro protagonista) descubre que su amigo no ha muerto y que ha regresado en algún modo del pasado.

De trasfondo de estos acontecimientos está el tema del totalitarismo

En el caso de la dictadura argentina está muy claro. Esa fue la dictadura más horrenda de toda Latinoamérica. Acá, Federico de algún modo siente que está pasando eso. Siente que se le está rompiendo la vida, claro, además él pasa por circunstancias particulares duras como la ruptura de la relación con su mujer.

Federico luego de sufrir esta caída estrepitosa empieza una crítica fuerte a las clases altas de la sociedad quiteña. ¿Su intención como escritor también fue realizar esta crítica?

Federico siempre fue un tipo que tuvo acceso a la cultura. Yo creo que en este país la cultura está en la clase media y media baja. En las clases altas no hay cultura o hay lo que Vargas Llosa llama la cultura del espectáculo. Al crear a Federico quería criticar eso. Aquí todavía hay personas que se creen parte de una seudo aristocracia. Necesitaba expresar lo que somos como sociedad, lo hipócrita de esta ciudad monja y puta.

En medio de este mundo de rompimientos aparece la poesía de Borges. ¿Qué sentido le quiso dar a esta presencia?

Para mí, Borges es un maestro. Un extraordinario escritor y uno de los grandes genios que tuvo el siglo XX. Cuando estaba escribiendo la historia me encontré nuevamente con ‘Límites’ este poema maravilloso que trata sobre la muerte. Cuando leía esa parte que dice ‘¿Y el incesante Ródano y el lago, todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino? Descubrí el título de la novela.

En la literatura los personajes secundarios no son muy tomados en cuenta. ‘En todo ese ayer’ son claves para la trama de la historia.

Sí. Rocío, la mujer de Federico se le quiebra su mundo cuando empieza a saber cuál es el perfil real de su padre. Ella encarna esa sociedad piadosa y franciscana a la cual quise retratar. El mendigo es un personaje con el que juego siempre en mis novelas. Para mí son personajes fascinantes, un reflejo de la ciudad en la que vivimos. Anselmo es el personaje secundario que más trasciende. Un tipo perverso de actividades oscuras vinculadas al poder. Anselmo lleva la carga al final de la historia. Todos estos personajes son parte de la caída de Federico.

En la novela hay un narrador que solo se conoce con claridad al final de la novela. ¿Por qué decidió contar esta historia en tercera persona?

No podía ser yo el narrador porque había temas políticos y sociales en los que no quería intervenir. El narrador (Jerónimo) fue el personaje con el que más cómodo me sentí al final de la novela. Al principio comenzó sin rostro. Un tipo remordido, con complejos, un escritor más o menos exitoso que fue compañero de colegio de Federico.

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