11 de diciembre de 2017 00:00

Juguetes autoconstructivos se abren espacio en Navidad

Agustina y Olivia Borja se divierten con las creaciones en la juguetería So Handmade, en Quito. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

Agustina y Olivia Borja se divierten con las creaciones en la juguetería So Handmade, en Quito. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

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Paola Gavilanes
Redactora (I)

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Una fusión de entretenimiento y conocimiento es la propuesta de la Comunidad de Jugueteros para esta Navidad. Convencidos de que los niños pueden desarrollar su imaginación por cuenta propia, 14 emprendedores ecuatorianos presentaron un abanico de productos elaborados a base de madera, tela y otros materiales, aptos para niños desde 1 año de edad.

Uno de esos es Mi Primer Huerto, un kit de siembra. Está en las perchas de las jugueterías desde el 2015.

La respuesta de un niño durante una feria agrónoma motivó a Judith Romero a materializarlo: contiene semillas, pala, tierra, un miniinvernadero .El producto les permite a los infantes conectarse con la naturaleza y así eliminar la idea de que frutas y vegetales crecen en perchas de las tiendas. Esa respuesta, precisamente, se la dio un niño a Romero tras preguntar: “¿saben de dónde vienen los tomates?”.

Romero, microbióloga de 37 años, escuchó sorprendida la respuesta y junto con un compañero de trabajo, un diseñador y una licenciada en Pedagogía comprobaron que los infantes se desconectaron de la naturaleza. Visitaron varias instituciones educativas y recibieron similares respuestas.

El proyecto vio la luz en el 2015 y tras ganar concursos de emprendimientos está en los percheros de las grandes jugueterías y en tiendas temáticas, como So Handmade.

Esta última acoge desde hace un año, aproximadamente, a Mi Primer Huerto y a otras creaciones de 13 emprendedores más, miembros de la Comunidad de Jugueteros. Sus propuestas, al igual que la de Romero, son lúdicas, sociales, ecológicas y aptas para niños de diversas edades.

Para infantes de 1 a 10 años, la marca Ku, de Stefany Sevilla, ofrece juguetes autoconstructivos, elaborados con madera y pintura libre de tóxicos. Además de divertir, las creaciones mejoran la concentración, ­coordinación y la motricidad fina, y despiertan la curiosidad e imaginación.

Con las piezas de madera los niños arman castillos, naves y representan la flora y fauna, pero desde su perspectiva. Eso, precisamente, buscan los jugueteros con sus creaciones.

Su producto está en las perchas de cuatro jugueterías desde el 2016. Giro didáctico y So Handmade son dos de esas.

Yuju es la marca de otro emprendimiento. Es liderado por Aurelia León, diseñadora. Desarrolló el proyecto tras mirar a niños divertirse con un prototipo que reposa sobre el escritorio de su oficina. Se trata de piezas de madera imantadas, que unidas toman la forma de oso, de sapo, etc. Se inspiró en la fauna ecuatoriana al escuchar a un niño confundir a un oso de anteojos con un panda.

Sofía Silva, en cambio, tiene a Colorín: muñecos de tela que pueden pintarse y lavarse las veces que el niño desee. Los diseñó para desarrollar la creatividad y para demostrar que no todos los caballos o cebras se ven iguales, aunque se trate del mismo ejemplar. Se inspiró en su hija mayor, con disca­pacidad intelectual.

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